jueves, 27 de julio de 2017

LAS SIETE DONCELLAS DE SANTIBÁÑEZ (de cómo ganaron la batalla de Simancas, los caballeros de Mota del Marqués).

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IMÁGENES; sobre y bajo estos párrafos: Fotografías de la preciosa iglesia prerrománica Santa Cristina de Lena -agradecemos a la institución del Principado que la regenta, nos permita divulgar nuestras imágenes-. Probablemente se fundó desde un eremitorio de época visigoda, que en tiempos de la Batalla de Covadonga pudo dar cobijo a cristianos. Siendo así, se considera que la cueva de la imagen bajo estas lineas, probablemente fue el origen de un templo previo dedicado a San Pedro y San Pablo. Un pequeño altar elevado por los visigodos, pero que sería reedificado durante el reinado Mauregato (hacia el año 785); aunque un siglo y medio más tarde lo convertirían los arquitectos de Ramiro I, en este monumento dedicado a Santa Cristina. El estilo de la iglesia recuerda ciertamente a las construcciones coetáneas de Siria y de Oriente Medio; lo que muestra una síncresis cultural en todo el periodo “ramirense”. Mestizaje arquitectónico y artístico, que también hubo de ser racial; pues como sabemos era obligado a los dirigentes cristianos, tomar por esposas a musulmanas enviadas desde los reinos del Sur. De igual manera que los reyes y mandatarios del islam andalusí, contraían matrimonio con hijas de monarcas y de nobles católicos -nacidas en los territorios peninsulares del Norte, no dominados por los musulmanes-.
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Tanto fue el mestizaje de esa época, que el rey Mauregato (séptimo monarca de la dinastía astur) se supone hijo natural de Alfonso I y de una esclava musulmana, llamada Sisalda. Otra teoría haría al propio Mauregato descediente de andalusíes y católicos, aunque nacido en las Asturias de Astorga (Astúrica Augusta); donde convivirían unos y otros de forma regular, a mediados del siglo VIII. Considerándose incluso que el nombre de Mauregato y maragato procedería de los términos latinos ““mauricos” o “mauricato”; cuyo significado según Caro Baroja es el de “aquel vive entre moros” o “a modo de los musulmanes” (1) . Siendo así, es normal que la Historia narre cómo desde el reinado de aquel famoso Mauregato (del 783 al 789); se estableció un sistema de tributos en el que los cristianos debían entregar anualmente cien doncellas a los musulmanes -para mestizar las familias nobles andalusíes y de ese modo poder gobernar los nuevos dueños de Hispania sobre todos los habitantes peninsulares-. Dicho “impuesto” fue exigido también a Ramiro II; monarca que -al parecer- logra liberar a los cristianos de ese deber, tras la batalla de Simancas. Narrando algunas leyendas que después de haberse concertado la entrega de doncellas en las inmediaciones de aquel lugar vallisoletano, decidieron no hacerlo, ni menos rendirse ante Aberramán III. Logrando vencerle, pese a la enorme superioridad del ejército del Califa cordobés; quien llegó hasta el Duero con la intención de subyugar a los cristianos, dirigiendo a centenares de miles de soldados perfectamente armados.
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AL LADO: Fotografía de la pequeña cueva existente en la montaña de Santa Cristina de Lena y sita bajo ese templo de estilo ramirese. Como hemos dicho, probablemente esta caverna fue un eremitorio o refugio de los cristianos, anterior a la batalla de Covadonga.
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A) INTRODUCCIÓN; sobre los orígenes de “El pago de las doncellas”:
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Hay varias versiones de la leyenda que hoy recogemos; historia que me fue transmitida durante la infancia y que escuché de niño en Oviedo. Ciudad originaria de mi familia paterna y donde han mantenido en el recuerdo los hechos que a continuación relatamos. Habiendo muy distintas narraciones sobre unos mismos sucesos acontecidos entre los siglos VIII y X de nuestra Era. Recogidos en diversos cronicones que describen similares narraciones, de forma paralela; en los hasta que se conservan los nombres y apellidos de quienes intervinieron. Siendo de destacar que en la diplomática medieval asturiana y en otros códices coetáneos o posteriores (como los de Tuy, Ponferrada o Mondoñedo); se mencione esa misma historia, con pasajes casi iguales. Tratando todos ellos acerca de lo sucedido cuando los cristianos, subyugados por los reyes musulmanes de la Península; se vieron obligados a pagar tributo de doncellas. Un impuesto que implicaba la entrega al monarca islámico de bellas jóvenes. “Costumbre” que en sus inicios parece consistió en un intercambio de mujeres entre uno y otro bando; con el único fin de crear un mestizaje peninsular. Enviando féminas moras a territorio cristiano y obligando a casarse con ellas a los caballeros astures. Debiendo a su vez aquellos católicos entregar un número de mujeres suyas a los sarracenos, para incorporarlas a sus harenes y así generar entre los musulmanes estirpes mestizas, que les permitieran el reconocimiento de su poder entre los cristianos.
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Los Omeyas fueron un singular ejemplo de aquellos nobles islámicos y mestizos que dominaron la Península. Reyes de Córdoba y califas independientes de Damasco, cuyas madres comúnmente fueron de origen Navarro. Tanto era así, que entre los Abderramanes existía la costumbre de teñirse el pelo; al ser normalmente rubios y de ojos azules. Por lo que debían pintar sus cabellos de negro azabache, con el fin de no extrañar a sus súbditos; quienes al verse frente a un monarca con rasgos tan “ajenos”, tenían dudas acerca de sus verdaderos orígenes Omeyas (2) . Otros casos de mestizaje los encontraremos entre los apellidos comunes de la Hispania ocupada por el islam; sobre todo en Asturias, donde existen familias y grupos étnicos marcados por aquella mezcla de culturas. Abundando los gentilicios que aluden a una ascendencia “morisca” y entre cuyas denominaciones destaca la de los Morán. Un nombre familiar procedente de Gijón y que se considera de tiempos de la Reconquista; surgido a través del mestizaje entre cristianos y mujeres árabes, al que estaban obligados muchos de los caballeros asturianos. Para conocer más acerca de aquella obligada costumbre, podemos leer cuanto se relata sobre el nacimiento del apellido Morán en la cita (3) ; donde los historiadores claramente aluden a estos matrimonios concertados entre musulmanes y católicos.
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Consecuentemente y debido a que fue ese el origen de mi familia -nos llamamos “moranes”-; desde niño escuché la “leyenda de las doncellas”, como un relato histórico ligado al comienzo de nuestra propia existencia. Más aún, cuando la otra rama de mis parientes de Oviedo presumían de no haber entregado a sus hijas, ni haberse mezclado con el invasor (tal como evidentemente habían hecho los Morán) . Aquella parte distinta de la familia era la de mi abuela paterna, que se llamaba Quirós; y al parecer fue el suyo uno de los primeros linajes asturianos que se opusieron a intercambiar féminas con los musulmanes. Por todo ello, parece que había una gran pugna entre unos y otros; sobre todo cuando los Morán afirmaban que tener sangre musulmana significaba pertenecer a los hombres más cultos de la Alta Edad Media (pues Asturias por entonces era una simple montaña ocupada por aldeanos). Mientras los de Quirós presumían de no haberse mezclado, ni menos dejarse subyugar, casándose con mora alguna o entregando sus hijas al infiel (tal como habrían hecho los Morán).
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Aquellas historias fueron despertando mi curiosidad hacia “la leyenda de las doncellas” -como vulgarmente se conoce-; de la que encontré múltiples versiones medievales, e incluso modernas. Todos esos relatos narraban -de una forma u otra-, cuanto sucedió entre los años 785 y 939 de nuestra Era; siglo y medio durante el cual hubo el obligado intercambio de mujeres entre cristianos y musulmanes. Entrega de féminas que se dice instituyó el rey Mauregato hacia el 785 y que -a mi juicio- definitivamente abolió Ramiro II, tras la batalla de Simancas. Una lucha encarnizada que libró Ramiro en el año 939, precisamente por esta causa principal; al no querer entregar más doncellas -ni subyugarse de ese modo a Abderramán III-. Acerca de ese enfrentamiento en Simancas, ya vimos en nuestra anterior leyenda el modo en que los cristianos vencieron la contienda (gracias a la Virgen de Castellanos y a la intervención de caballeros motanos). Hechos que ampliaremos en el artículo de hoy, donde recogeremos una nueva leyenda que nos han hecho llegar. En la que se narra otra versión del modo en que se logró ganar aquella famosa batalla de Simancas, al no querer entregar doncellas de Mota del Marqués.
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IMÁGENES, ARRIBA Y AL LADO: Dos fotografías tomadas en el cementerio ovetense de San Salvador. Arriba, el panteón de la familia de mi abuelo paterno (Luis Gómez-Morán); esculpido por Víctor Hevia en estilo romántico medieval -con arquetas de tipo asturiano junto a una gran Piedad en mármol-. A la izquierda, el sepulcro del padre y hermano de mi abuela paterna (Ma. José Cima y Fernández de Quirós) -a su derecha, la tumba de Manuel Campomanes-. Como ya relaté, parece que los de Quirós presumían de no haber entregado a sus hijas a los musulmanes y por que ello podían decir: “después de Dios, la casa de Quirós”. Por su parte los Gómez-Morán se jactaban de descender de los árabes, afirmando que en la Edad Media los únicos cultos y limpios eran los que tan despectivamente llamaban en Asturias “moros”. Sea como fuere, debido a esta disparidad de criterios y a la probable ascendencia musulmana de los “Morán”; desde niño escuché la “leyenda de las doncellas”. Llegando a investigar varias de sus versiones, hasta encontrar la más destacada y que es la que hoy recogemos: La sucedida en Simancas en el año 939 con las doncellas de Mota.
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B) SOBRE LAS DIFERENTES LEYENDAS DE LAS DONCELLAS:
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Para conocer las muy distintas versiones, recogeremos lo que narra acerca de ello la FUNDACIÓN IGNACIO LARRAMENDI (4) -resumiendo cuanto se ha tratado y escrito acerca de esta historia-. Sucedidos que inspiraron a Lope de Vega una de sus más importantes comedias: “Las famosas Asturianas”. Obra escrita en 1612 en un idioma que pretendía imitar la “fabla” o “bable” en tiempos de Mauregato; donde el Fénix de los Ingenios narra estos hechos, pero transportados al reinado de Alfonso II. Rey que en este caso consentía la entrega pactada de cien doncellas al año. Quienes que al verse abandonadas por sus familiares y su ejército; se desnudaban de camino hacia sus captores, para cubrirse tan solo al llegar ante sus nuevos señores andalusíes (en un acto de rebeldía). Hecho este que termina por encolerizar a los cristianos, cuando contemplan la escena; quienes no pudiendo soportar aquella humillación, atacan a los sarracenos, logrando así librarse de aquel tributo. Acerca de todo ello, la Fundación Ignacio Larramendi, recoge los siguientes datos (que resumimos):
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Las Doncellas de Simancas , como Las Famosas Asturianas, están basadas en la célebre fábula del tributo de las cien doncellas que se suponía pagado por alguno de los primitivos Reyes de Asturias a los musulmanes. Este ignominioso cuento, del cual nada supieron los autores de los cronicones de la Reconquista, apareció por primera vez en el siglo XIII en las obras de D. Lucas de Túy y del arzobispo D. Rodrigo. Si bien respecto del primero ha de advertirse que refiere el hecho en términos menos crudos, los cuales quizá admitan una interpretación histórica racional si se concuerda con lo que antes dijo, es a saber: que el Rey Aurelio había tolerado o fomentado los matrimonios mixtos de cristianas con musulmanes. La penetrante intuición crítica de Alejandro Herculano le indujo a ver en este mito tradicional un símbolo de las primeras tendencias de fusión entre las dos sociedades de la Península a fines del siglo VIII. Según el Cronicón de Sebastián, el mismo Mauregato era hijo de una sierva, probablemente mora; y por aquí hubo de comenzar la leyenda, cuando la casta guerrera recobró la supremacía en tiempo de Alfonso el Casto , y triunfó la idea de reacción violenta contra la conquista sarracena”.
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Tras mencionar lo que incluimos en cita (5) , sigue la Fundación Larramendi narrando que: “aunque generalmente se creyera que el afrentoso tributo había sido anulado en los campos de Albelda por la vencedora espada de Ramiro I, sobrenaturalmente asistido por la protección del Apóstol. No faltaron tradiciones locales y genealógicas que atribuyesen a actos de heroísmo particular el haber redimido aquella afrenta. Algunas de estas tradiciones están fundadas en juegos de palabras y en etimologías falsas, como todo lo que procede de la seudo ciencia llamada heráldica, y han sido evidentemente inventadas por los autores de libros de linajes y por los historiadores de pueblos con la mira de enaltecer ciertos apellidos o ciertos lugares. Braga enumera hasta ocho de estas formas secundarias de la leyenda, y todavía se le pasó por alto una, que encontraremos en Las Famosas Asturianas, de Lope. Las que trae son las de Simancas, la de la Vega de Carrión, la de la casa de Quirós en Asturias, la de peyto bordello o de la casa de los Figueroas en Galicia, a la cual se refiere la tan traída y llevada canción del Figueiral, figueiredo, que puede proceder del siglo XIV, aunque esté modernizada en el lenguaje; la de Figueiredo das Donas, en Viseo (...) A los hidalgos o simples burgueses de todas estas casas y poblaciones se les atribuye, casi con las mismas circunstancias, la honra y prez de haber libertado a las doncellas”.
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Observamos ya aquí como entre las más famosas versiones de la leyenda, están la de Simancas y la de los Quirós, de Asturias; junto a la de los Figueroa o Figaredo (que como veremos, está emparentada con las anteriores). Acerca de las distintas leyendas paralelas, escribe la Fundación Larramendi:
Ya Ambrosio de Morales (lib. XIII, cap. XIII) recogió tres de estas historias, que pueden dar idea de las restantes y cotejarse con las dos que más peculiarmente nos interesan:
«Yo tengo por cierto que sucedió en tiempo deste rey Don Bermudo una notable hazaña que cuentan en Galicia de unos caballeros naturales de aquel Reyno. Cerca de la ciudad de Mondoñedo llaman a un lugar pequeño Peyto Burdelo, que vale tanto como decir Pecho o tributo de burdel , y dan esta causa del nombre: Llevando los Moros parte del tributo malvado de las cien doncellas, y pasando por aquel lugar unos caballeros gallegos, movidos con zelo de verdaderos christianos y con lástima de tan gran deshonra, salieron a ellos y se las quitaron, venciéndolos, Y por haber sido la pelea en un campo donde había muchas higueras, como de hecho las hay en aquella tierra, a los caballeros, comenzaron a llamar Figueroas, y ellos después, con tan honrado sobrenombre, tomaron hojas de aquel árbol por armas”.
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Para completar el relato anterior diremos que en Asturias se narra cómo aquellos Figueroa o Figaredo no tomaron su nombre del campo de higos en que se llevó a cabo la liberación de las doncellas. Sino de haber ganado el choque contra los andalusíes al hacerles "la higa" y provocarles, gritando:
-”Si queréis buenos figos de cristianos,
tomad estos nuestros de las manos”-
Sabemos que aquella “higa” era una señal injuriosa proferida con los dedos y con la cual se significaba el sexo femenino. Así fue cómo mientras repetían aquella frase, los soldados que insultaban se quitaron los guantes y comenzaron a realizar gestos obscenos a los enemigos. Poniendo recto su “dedo impúdico”, haciendo la “figa” y el “falo de manga” -señas que hoy denominamos: “la peineta”, “la higa” y el “corte de mangas”-. Todo lo que provocó enorme rabia a los sarracenos, que se fueron hacia quienes así les insultaban, dejando libres a las doncellas. Logrando huir unos y otros, gracias a ello y por conocer el lugar o sus caminos, mucho mejor que los enemigos. Siendo por esto llamados aquellos caballeros, los de “figa dedo” (Figaredo) o de “figue ría” (Figueroa).
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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Fotografías tomadas en Tuy, donde fuimos en busca de archivos referentes a la leyenda que narramos (recogida por Lucas de Túy en el siglo XIII).Arriba, panorámica de la ciudad vista desde el fronterizo Portugal; abajo panorámica del Miño y de Tuy, desde los jardines de la catedral.
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Continúa la Fundación Larramendi recogiendo otra versión de la misma leyenda; pasando a narrar con las siguientes palabras una igual historia sucedida en Carrión de Los Condes y entre los de Quirós, del siguiente modo:
Otro hecho milagroso se cuenta en la villa de Carrión, que parece algo a éste. Iban otra vez los Moros con este malvado tributo por aquella vega, y juntándose algunos toros, con mando de quien esto puede mandar, dieron con tanta braveza en el esquadrón de los Moros, que los desbarataron y hicieron huir con terrible pavor. Así quedaron las doncellas desiertas y los toros por su guarda, hasta que los christianos las llevaron. Alabando después a Nuestro Señor por el insigne milagro y dándole las gracias por él, edificaron por memoria una Iglesia, llamada agora Nuestra Señora de la Victoria, que es harto gran testimonio de todo esto” (...) También los de la casa de Quirós, en Asturias de Oviedo, tienen por armas cinco cabezas de doncellas, por memorias de otras tantas que los de su linaje libraron de los Moros, llevándolas por parte deste tributo. «Ellos lo cuentan así», añade el buen Morales”. Posteriormente pasa a comentar los versos de Gonzalo de Berceo, que narran como el motivo de aquellas luchas entre Abderramán y Fernán González, nacieron de la situación tan humillante que les obligaba a pagar “el tributo de las doncellas” (6) .
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Finalmente describe la más conocida de todas las versiones; sucedida en Simancas. Un suceso que se ambienta en tiempos de Abderramán II y de Ramiro I; aunque aquella localización y cronología no concuerde con hechos históricos. Pues en Simancas no hubo encuentros -ni batallas- entre este rey de córdoba y el asturleonés. Cuyas fronteras se reducían a zonas de Astorga, llegando hasta La Rioja; pero nunca a Simancas (donde no se logra situar “la marca” hasta Alfonso III, hacia el año 910). De tal manera, la "versión oficial" de las doncellas de Simancas situándola en época de Ramiro I; parece que confundiría La Rioja con el Duero; pues quienes relatan así la leyenda tendrían que remitirse a tiempos de la victoria cristiana de Clavijo (o de Albelda; ocurrida hacia el 860 junto a Santo Domingo de la Calzada). Por todo ello, habríamos de considerar que los hechos pudieron producirse en tiempos de Abderramán III (llamado Almarzor en el poema de Fernán Gonzalez); del que sabemos se situó frente a Simancas, con cientos de miles de hombres armados, solicitando pagos y pleitesía a los castellanos -imposiciones entre las que pudo estar el impuesto de doncellas-.
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Sobre todo aquello, escribe textualmente la Fundación Larramendi: “El asunto de Las Doncellas de Simancas está tomado por Lope, directa o indirectamente, de una historia manuscrita que lleva por título Antigüedades y sucesos memorables sucedidos en esta muy noble y muy antigua villa de Simancas, por D. Antonio Cabezudo, cura de la parroquia de la misma villa, beneficiado de preste. Año de 1580. El original de este libro no ha parecido hasta ahora, pero sí copias de los siglos XVII y XVIII, con algunas adiciones, que se atribuyen al presbítero D. Manuel Bachiller” (7) . En este caso se narra cómo al haber obligado los musulmanes a los pueblos fronterizos o cercanos al Duero, entregar cien doncellas al año. Transmitieron a la villa de Simancas que debía pagar siete de ellas. Sortearon entre las hijas de esta población el triste destino y así eligieron a las que tocaba el infortunio de pasar a nuevos dueños. Las siete mujeres fueron encerradas en una torre, para que no se escaparan; pero en su celda decidieron automutilarse por no ser admitidas entre los musulmanes. Así desfiguraron sus caras y hasta cortaron sus manos, quedando mancas las siete; diciendo la leyenda que ello fue el origen del nuevo nombre que tomo la villa, que desde entonces pasó a llamarse "Simancas". El resto de mandatarios cristianos, ante lo sucedido y al conocer el fin que se habían dado a sí mismas las doncellas; se sublevaron contra los cordobeses logrando la gran victoria de Clavijo (que en verdad, históricamente en este caso es la de Simancas).
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Recoge la página de la Fundación Larramendi varios poemas y versiones acerca de este episodio de doncellas sucedido en Simancas. Entre las que destaca los de Luis Vives, que “en su libro `La Mujer christiana´, escribió:
«Por librarse de Paganos
Las siete Doncellas francas,
Se cortaron sendas manos,
Y las tienen los christianos
Por sus armas en Simancas.”
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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: De nuevo, fotos tomadas en Tuy, donde fuimos en busca de archivos referentes a la leyenda que narramos. En la imagen de arriba; el autor de estas lineas, en las calles de la ciudad. Abajo, el claustro de la maravillosa catedral de donde era obispo uno de los glosadores de la famosa leyenda de las Doncellas (Lucas de Túy, llamado “el Tudense”).
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Tras ello, la misma fundación nos comenta sobre estas leyendas de pago en doncellas, algunos textos antiguos; de los que dice: “La Crónica General , según su costumbre, funde ambas narraciones, y da los últimos toques a la fórmula del tributo. De Aurelio dice simplemente: «Cuenta la estoria que este Rey don Aurelio nunca huvo batalla con los moros, nin guerras, mas luego en comienzo de su reynado puso con ellos sus pazes muy fuertes e firmes, e dióles en casamiento mujeres fijasdalgo, que eran christianas.» De Mauregato: «E este Mauregato, por cuyta de aver paz e amor con los moros, fizo muchas cosas que non devie contra Dios e contra la sancta ley, ca tomó fijasdalgo, e aun de las otras, e diólas a los moros por mugeres, e esto non lo fizo él una vez, mas cada año avíe de dar él mugeres christianas a los moros para fazer con ellas sus voluntades como por renta e por tributo.» Y, finalmente, al tratar de D. Ramiro sigue al Tudense y al privilegio de los votos, y no al Toledano: «Cuenta la estoria que los moros, luego que sopieron que el rey don Ramiro reynava, enviáronle a dezir si quería haver paz e amor con ellos, que les diesse cada año cien donzellas christianas con que casassen e hoviessen su compaña, assí como el rey Mauregato fiziera en su tiempo: e que las cinquenta fuessen fijasdalgo e las otras cinquenta de cibdadanos...» (8) .
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Volviendo a las doncellas de Simancas, sabemos su relato contiene un origen histórico, procediedo de la entrega de mujeres impuesta desde que Mauregato tomó el trono de Asturias (en el 783 y gracias a la ayuda de Abderramán I). Tras ello, se considera que ese monarca pactó el famoso pago de las cien doncellas; aunque este sería el motivo por el cual dos de sus condes le asesinarían, en el 788. Posteriormente, el rey que le sucede (Bermudo) intentaría siempre sustituir aquel pago en mujeres, por una cantidad de dinero estipulada. El siguiente monarca se niega igualmente a entregar féminas, tanto que por esa razón declara la guerra a los andalusíes; logrando vencerlos en la batalla de Lutos. Pese a todo, más de un siglo después y con la llegada del gran Abderramán III -que no dejaba de aumentar las fronteras del emirato-; los cordobeses parece que vuelven a obligar al rey Ramiro II a pagar una parte de los impuestos en doncellas. Quedando principalmente sujetos a ello, los pueblos limítrofes o de frontera (situados junto a Duero). Es así como se recuerda que tocó a Simancas entregar siete de ellas, quienes para no caer en manos de los sarracenos, se automutilaron; todo lo que provocó la rebelión de los cristianos. Que finalmente se enfrentaron a Abderramán III en las lindes del Pisuerga, venciéndole en agosto de 939 -pese a la superioridad numérica y de armamento de los cordobeses- (9) .
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Por cuanto hemos visto, parece que durante las etapas de fuerte dominio andalusí, existió un impuesto -costumbre irrevocable-, que obligaba a los cristianos entregar mujeres para los harenes de Córdoba. Asimismo resulta evidente que también algunos católicos debían casarse con musulmanas; para generar mestizaje y estirpes de doble raigambre. Todo lo que suponía que en los harenes de los reyes y nobles sarracenos, proliferaban niños de origen cristiano; chicos que hablaban el bajo latín y que por ello podrían ser admitidos como gobernantes, tanto entre los adeptos y como por los ajenos al islam. Esto es lo que sucedió con muchos de los Omeyas, que descendían de madres navarras o nacidas en reinos del Norte hispano; todo lo que no solo lograba que sus hijos hablasen latín y bajo latín (como el resto de pueblo hispano). Sino, además concedía al niño una verdadera legitimidad para reinar en territorios de mozárabes. Cristianos sometidos por los musulmanes que admitirían a un monarca o a un emir de este origen. Pues no solo eran descendientes de los Omeyas, sino también de los reyes cristianos hispanos. Esta circunstancia que narramos hizo que las mejores familias de la Península se mezclasen con las dinastías y sagas más importantes árabes que la gobernaron. Unos hechos que explican por qué la Familia Real española, o los nobles de Aragón y Castilla, están entroncados con los Omeyas (en especial los de Andalucía; como la casa de Alba o la de MedinaSidonia).
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IMÁGENES, ARRIBA Y AL LADO: Escultura que rememora la leyenda de “las siete mancas que dieron nombre a Simancas”; cuyo truculento desenlace hace de este monumento una escena bastante “desagradable”. Pues aun siendo cierto que quizás algunas de las doncellas entregadas a los musulmanes, pudieran automutilase para no sufrir aquel destino. El hecho, tal como se narra, es altamente desagradable y carece de base histórica. Ya que Simancas se llamó así desde tiempos romanos (y prerromanos), al estar allí la “séptima mansión” en la Ruta desde Emerita a Cesaraugusta -una séptima mansia o posta, en la calzada de Mérida a Zaragoza-. Aquel nombre de Septimanca, semejante al de Helmántica (10) ; fue convertido con el paso de los años en Simancas. Y su proximidad fonética a las voces “siete-mancas” se aprovechó para crear esta terrible leyenda. Un suceso del que hemos encontrado otra versión ambientada en Mota del Marqués; que encaja más con posibles hechos históricos y describe mejor cuanto pudo suceder en aquellos años, en los que Abderramán III y Ramiro II se enfrentaron frente a esa ciudad de Simancas.
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C) LAS SIETE DONCELLAS DE SANTIBÁÑEZ (de cómo vencieron en Simancas los caballeros de Mota del Marqués):
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1- Recordando lo que sucedió en la batalla de Simancas:
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El texto que vamos a seguir -sobre “las doncellas de Mota”- es la continuación de la historia que recogíamos en nuestra anterior leyenda. Donde contábamos el modo en que se ganó la batalla de Simancas, gracias a la intervención de los motanos y al pendón que en esta población había depositado Fernán González. Bandera con la efigie de la Virgen María y que más tarde fue Nuestra Señora de Castellanos. Debido a ello, recomendamos a quienes lean la presente leyenda, que previamente conozcan cuanto se narra en la anterior (11) . En la que explicábamos como desde el año 930 Abderramán venía fustigando los territorios cristianos cercanos al Duero; especialmente durante los veranos y tras atacar Navarra. A la vuelta de sus luchas contra los vascones, el califa se divertía en aquellas razzias permanentes sobre lindes castellanas; por lo que el conde Fernán Gónzalez le preparó una emboscada en Osma, logrando vencerle en el 933. Tras ello, los musulmanes se vengaron, asediando esta zona cada primavera; con campañas continuas que llevaron a cabo desde el año 934, obligando retroceder a los de Fernán González.
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El poder del califa era tal que en el 937 el rey Leonés Ramiro II se ve obligado a jurar como su vasallo; llegando a atacar al emir Zaragoza con su ejército, por mandato de Abderramán. Estos acuerdos y hechos, quizás explicarían una obligada entrega de doncellas a los musulmanes. Una humillante situación que posiblemente motiva cómo poco después el rey Ramiro llega a pactar con los monarcas de Navarra; convenciendo también al zaragozano de que se una a su causa contra los de Córdoba. Aquella inteligente argucia del leonés provocará la ira de Abderramán III, y es entonces cuando el califa decide dar un escarmiento a los cristianos que le habían engañado. Debido a ello, en verano del 939 se dirige hacia el Duero con centenares de miles de hombres perfectamente armados. Su finalidad era atacar las tierras cercanas a Valladolid, para luego llegar hasta Zamora y subir alcanzando incluso Santiago de Compostela (con el fin de atemorizar a los leoneses). Acerca de lo que luego sucedió decíamos en nuestra anterior leyenda como: Terminaron por encontrase todos los sarracenos en las cercanías de unos montes próximos a Valladolid, llamados ya por entonces de Portillo (en virtud de que era ese lugar un puerto y puerta hacia tierras de los andalusíes y fronterizas). La superioridad en hombres del ejército de Abderramán era tal, que nadie tenía duda de su segura victoria. Además, la fortaleza y preparación de su ejército era tanta, que quizás pensó bastaría con situarse frente a aquellas colinas vallisoletanas para que los cristianos se rindieran y pactaran (atemorizados). Pero no fue así y muy por el contrario Ramiro logró reunir allí a sus tropas junto a las de Fernán González y las del Conde Ansur; mientras fueron llegando hasta las inmediaciones enormes contingentes de gallegos, asturianos, e incluso navarros (deseando enfrentarse y sin temor alguno)”.
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Así fue como los cordobeses se vieron obligados a avanzar y a entrar en batalla; pues los cristianos les esperaban en la margen Sur del Pisuerga, junto a Simancas y a muy pocos kilómetros de Portillo (el último lugar donde habían parado los más de cien mil hombres al mando del Cordobés). Los hechos sucedieron el primer día de agosto del 939 y se prolongaron al menos cuatro jornadas, en las que todos pelearon de forma terrible y sanguinaria. Al cuarto día parece que Abderramán se vió vencido y huyó junto a muchos de los suyos; el resto se dispersaron, aunque el califa advirtió que retrocedían porque ya habían cumplido su misión... . El éxodo del rey de Córdoba fue tan apresurado que las crónicas narran como dejó en Simancas hasta sus ropas militares (cubiertas de oro) y sus objetos más sagrados, escapando de una muerte casi segura. Por lo demás, en su retiro, los sarracenos siguieron destruyendo pequeños poblados, ante la derrota sufrida y la rabia contenida. En ello se entretuvieron al retroceder hasta la zona de Ayllón; aunque las crónicas narran como allí les alcanzaron otros bandos al mando de Fernán González, que saliendo desde Osma les rodearon y vencieron (haciendo bajas y presos por doquier entre los de Córdoba). Hechos que sitúan los medievalistas a la altura de Riaza, o en las cercanías de Sepúlveda” -idem SIC cita (11)-.
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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Dos imágenes de la llanura del Pisuerga, frente a Simancas. Explanada con decenas de hectáreas donde tuvo lugar la famosa batalla en agosto del 939. Allí también se supone que debía hacerse la entrega de mujeres, al ser un lugar abierto y con amplias vistas; lo que permitiría realizar tratos e intercambios, evitando toda emboscada.
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IMÁGENES, JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Dos vistas del Duero. Arriba, el río a su paso por Tordesillas, y abajo en Toro. En estos barrancos parece que se produjo la derrota final del ejército de Abderramán, que tuvo que replegarse como pudo para intentar regresar a Córdoba, buscando abrirse camino hacia Medinaceli (donde se marcaba la frontera definitiva entre los reinos). De hecho, las crónicas nos hablan de que tras huir de Simancas y Portillo (como pudieron) intentaron dirigirse a su lugar de origen, escapando de tierras cercanas al Duero. Aunque durante aquella retirada, cayeron en una enorme emboscada de los cristianos, en un lugar llamado “el barranco” (en árabe Al-Hóndega). Muchos sitúan esos barrancos en tierras cercanas a Sepúlveda y Riaza, aunque a mi parecer debiera considerarse Calatañazor como opción más plausible. Ya que en un intento por llegar hasta Gormaz -la gran fortaleza califal-, quizás pudieron ser atacados desde Osma y empujados al barranco del “Castillo del Azor” (donde se dice que “Almanzor perdió el tambor” -recordemos que Amanzor en el poema de Fernán González, es Abderramán III). Pese a todo, parece que no hubo más derrota que la de Simancas, por lo que aquellos barrancos que refieren las crónicas se corresponderían con los del Duero y el Pisuerga; en sus orillas desde Toro a Tordesillas y hasta Valladolid.
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Consecuentemente ya decíamos que: “Lévi-Provençal cree que la derrota definitiva del ejército de Abd al-Rahman III tuvo por escenario las proximidades de Simancas, y que, por consiguiente, no se consumó en una segunda batalla, en la que los Cristianos, a muchas leguas de allí, habrían diezmado a los musulmanes fugitivos. Punto que el cronista Sampiro sitúa en la “urbe de Alisan Llega” (identificada por Dozy con un lugar de este nombre en la provincia de Salamanca). Para Lévi-Provençal, Sampiro confundió “Alhandega” (en árabe, ‘Madinat al-jandaq” = la ciudad del foso) con un foso defensivo (al-jandaq) construído por los Cristianos en las cercanías de Simancas y en el que, según lbn al-jatih, cayeron los Musulmanes perseguidos por los guerreros asturleoneses. Pero esta tesis de Lévi-Provençal no tiene en cuenta -en opinión de Sánchez Albornoz, que amablemente me expone éste en una carta-, lo extraño que resulta que el ejército de Abd al-Rahman combatiese con un foso a sus espaldas, ni tampoco el hecho de que los Anales Castellanos primeros, que son la fuente más cercana a los hechos en cuanto procede del siglo x, hablen claramente de dos batallas, separadas una de otra por el transcurso de varios días y cuando los Cordobeses proseguían su fuga; tratando de salir de tierras Cristianos” (12) .
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2- EL PAGO DE LAS SIETE DONCELLAS Y LO QUE SUCEDIÓ EN SANTIBÁÑEZ DE MOTA:
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El texto tudense que vamos a seguir es sin duda alguna apócrifo (como todos los que refieren esta leyenda). Pese a ello, cuanto narra parece que describe con una mayor fidelidad que el resto la historia del pago de las doncellas y los hechos sucedidos en esta zona de Valladolid, durante el verano de 939. Tanto es así, que incluso recoge nombres de algunos protagonistas y de muchas de las poblaciones que participaron en aquellos sucesos. Por lo demás, hemos de destacar que nos fue dado a conocer por investigadores que habían leído nuestra anterior leyenda; quienes nos advirtieron de la existencia es esta interesante versión. Siendo así, agradecemos al Sr. García Cunqueiro que nos hiciera llegar la copia del ejemplar que la contiene; manuscrito que -según nos dice- se conservaba en su familia y en su casa solariega de Tuy, al menos desde el siglo XVIII. Consecuentemente, resumiremos cuanto narra esta “crónica de las doncellas de Santibañez de Mota”; incluyendo en algunos casos partes de este original escrito a mano. Una obra de unas veinte páginas redactadas en pergamino y que comienza diciendo:
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Fue otrosí:
que el anno del Sennor novocentios trenta era.
Vino en sí
dal-Rammán el mor, invadiendo nostras terras.
Y queriendo mucho d´or e humildarnos con más guerras.
A Ramiro pidió donnas, com si fuere darle perras.
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En Portillo amenasó, do esperaba ofrecellas.
Deciendo que con aquellas, regresaría por Cuéllar,
volviendo a su patria sella, sin facernos cruellas.
Mas quería vellas, pronto com a centellas.
A todas ellas, de Castilla las más bellas.
E las cien, pidió se fueren doncellas.
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Que fue así por noso bien et el dellas,
que el rey obligó a nos, ofrecellas,
contando siete que tien debellas
todo poblo de bien, sin querella.
Puesque nadie quiso reyas
por evitar de infiel su mella.
E dijo el rey que: -Cien donçellas
habían entregarse, al Omeya-”.
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Continúa la narración exponiendo que a mediados de aquel año (hacia el mes de julio), Abderramán se situó sobre una colina a las puertas de Valladolid. Lo que explica su llegada a Portillo; donde históricamente sabemos que apareció el Califa junto a centenares de miles de hombres armados -en verano de 939-. Más tarde nos dice el cronicón que envió emisarios a los reyes y nobles cristianos, indicando que debían cumplimentar todos los impuestos requeridos, incluyendo el pago restablecido de doncellas. Teniendo la obligación de entregar siete bellas jóvenes cada una de las siguientes poblaciones:
Simancas -Septimancas-
Tordesillas -Torre de Sila-
San Román de Hornija -Gotoro e Chindasvinto-
Toro -mencionado en el cronicón como Civitas Gotoro-
Tiedra -Amallóbriga-
Wamba -Campo de Wamba e Recesvinto-
Mota del Marqués -Santibañez de Mota- (13).
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Advirtiendo el rey musulmán, que las cuarenta y nueve doncellas se pedían a esas siete poblaciones por su marcado origen y raigambre goda; todos pueblos altamente emparentados con los reyes visigodos y con las costumbres cristiano romanas. Además exigía Abderramán, otras cuarenta y nueve mujeres jóvenes nacidas en la villa de Valladolid; y dos más, emparentadas con el rey Ramiro, para desposarse él mismo con aquellas. Un total de cien “donnas bellas”, que debían entregarse en la llanura de Simancas antes del primero de agosto; so pena de ser atacados “allende el Duero” si no se cumplían esos mandatos del califa.
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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Imágenes de Simancas. Arriba, el interior de la preciosa villa que vivió la famosa batalla del año 939. Abajo, el barranco sobre el Pisuerga, visto desde sus empinadas calles (mirando hacia el Naciente). Al fondo de la fotografía se distinguen los montes al Sur de Valladolid, donde se eleva en primer lugar Portillo -que hemos marcado con una flecha-. Observando esta segunda imagen podemos entender las vistas sobre toda la llanura vallisoletana que tenía el ejército cordobés; pudiendo vigilar perfectamente desde el alto de Portillo, las cercanías de la actual ciudad de Toro. Esta enorme llanura es la que a mi juicio dio nombre a la capital castellano-leonesa; cuya etimología considero que nace del las voces romanas que significaban “Valle de la Meseta” y que en la Edad Media se diría “Valle Tolit” -del latín Vallis Toletum- (14) .
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Al lado: Casas y calles en la precisa villa de Simancas.











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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Imágenes de la llanura entre Portillo Valladolid y Tordesillas. Arriba, la vista general tomada desde el llano, antes de subir al alto de Portillo. Abajo, una vista a medio camino en la subida. Se divisan, al fondo y en el centro, Valladolid; un poco más a la izquierda Simancas y Tordesillas.
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3- SOBRE LA ELECCIÓN DE LAS DONCELLAS A ENTREGAR:
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Sigue el texto de Tuy narrando cómo quedó muy afligido Ramiro II tras aquella misiva de Abderramán; al saber que habían llegado a Portillo centenares de miles de sarracenos perfectamente armados. Mandando el rey cristiano reunirse con sus nobles y gobernantes más cercanos; les advirtió de las consecuencias finales que habían tenido las luchas que mantuvieron contra los de Córdoba -durante seis años-. Lo que motivó el enfado del Califa, que sintiéndose humillado, había llegado hasta Valladolid con la intención de aniquilarles. Tras lograr Abderramán dirigir y reunir uno de los ejércitos más poderosos nunca recordados. Por lo que dos cientos mil hombres permanecían a la espera de una sola orden, para cruzar aquel río con el fin de acabar con todo ser viviente y con cualquier edificio que encontrasen en tierras cristianas. Atemorizados, decidieron los nobles castellanos junto a su monarca, claudicar para concertar el envío de cuantas doncellas pedían los sarracenos. Admitiendo también las cantidades de dinero que les exigían, como impuestos de vasallaje al califa. Con el fin de pagar cuanto les imponían, emitieron un bando para recaudar los fondos necesarios a entregar; en el que asimismo se ordenaba sortear las doncellas nacidas en los lugares marcados por los sarracenos.
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Fue así como se pasó al sorteo de aquellas infelices, de las cuales la historia recuerda los nombres de las siete de Simancas. Asimismo el texto de Tuy que vamos resumiendo, contiene también los nombres, patronímicos y hasta las familias de las que salieron en Mota del Marqués (en ese tiempo llamado Santibáñez de Mota). Mencionando incluso el modo en el que se eligieron las muchachas. Relatando que para hacerlo, fueron repartidos trozos de cerámicas rotas en aquellas casas del pueblo donde había doncellas. Para que todos los padres con hijas en edad casadera metieran en una gran tinaja esas lozas partidas, tras haberle hecho una marca o escribir en ellas el nombre de cada “candidata”. Completado todo aquello, dice el manuscrito de Tuy, que un diácono regía ese triste acto, quien rezó un Padrenuestro antes de comenzar. Finalmente fue sacando una a una, las siete piezas; entre todas las que habían metido en la tina -con la marca o señal de cada doncella-. Produciéndose un gran algarabío y unos enormes lamentos, cada vez que mencionaban la siguiente desafortunada, cuyo destino era ser entregada. Habiendo terminado esa terrible escena, finalmente quedaron todos los habitantes del pueblo desolados; añadiendo el texto tudense (que seguimos) el nombre y las familias de estas siete doncellas elegidas. Recordando a las siguientes:
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Primero dice que salió el “ostracon” de dos hermanas que habían escrito su nombre juntas. Eran las hijas de un hombre muy justo, llamado Alonso. La mayor, mujer de gran carácter y rebeldía; por ello conocida entre los de Santibañez como “La Rebel”. Mientras la segunda era famosa por su enorme piedad y belleza, de la que sabemos quiso ser clarisa; aunque un caballero de Zamora la sedujo y finalmente salió del convento con la intención de casarse con aquel al que todos apodaban “Macho” -por su gran valor; pero que en realidad tuvo por nombre Indalecio Doménico-. Tratándose ese soldado de un infanzón nacido en tierras de Villalcampo, capaz de levantar las mejores mesnadas y de intervenir en las más peligrosas lides. Por todo lo que más tarde sería persona principal para lograr liberar a las doncellas.
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Junto a estas dos hermanas, salió también elegida la hija de un hombre de leyes y fueros, defensor de los derechos de aquellas gentes del medioevo y al que por sus continuas victorias ante jueces y alguaciles, apodábanle: “el Victórico soldadus”. Cuya primogénita, llamada Marcia, era bella y muy tímida; al haber sido cuidada con esmero por su familia materna, a los que decían “lares y dioses del cerro”. La cuarta y quinta doncellas nominadas, dice el texto de Tuy que también eran dos hermanas; hijas de un famosísimo posadero de Santibañez, mencionado como Rey Wamba, al descender su familia de aquel monarca godo. Finalmente, las dos últimas pertenecían a la casa de un famoso judío que vivía en la actual calle de Platerías y cuyo nombre y apellido hebreo sabemos era Levy Azamel; aunque fue conocido entre los cristianos como Ludovico San Joseph. Sobre este judío habla en numerosas ocasiones el manuscrito que tratamos, narrando que estaba casado con la hija de un “físico” de nombre Hernán, conocido como experto en crear pócimas curativas, por lo que el texto “tudense” se refiere curiosamente a ella como:
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la filla de Henán y Martí.
En la Gloria,
todo cura, sine fin:
La cura de alquím,
lo cura de victoria”.
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Continúa el texto hablando de aquellas dos últimas doncellas elegidas, diciendo que una de ellas era la hija de estos Azamel (ó Ludovicos); dueña de gran belleza y cuyo nombre fue Adriana -tal y como describe el manuscrito-. Finalmente narra que la última en salir para tal triste fin, fue una joven extranjera traída por el hijo de aquel Levy de allende los mares, para contraer nupcias. Pero antes de que llegaran a casarse, echaron su nombre a “esa tina que otorgaba aquel destino” y tristemente fue también una de las que se propugnaron para entregar a los sarracenos. Diciéndose además que al ser extranjera y saber de las cocinas más extrañas, conociendo tanto las artes de asar; seguramente sería alguna de las que más valorarían los andaliusíes (tan doctos en las artes culinarias de las carnes no porcinas).
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IMÁGENES, ARRIBA Y AL LADO: Narra el texto que seguimos, que los califales solicitaron doncellas de siete poblaciones muy ligadas al mundo visigodo. En la fotografía superior podemos ver un edificio en ruinas, junto a la iglesia de San Román de Hornija; cuyos capiteles son de origen visigodo -esperamos que este edificio pueda ser recuperado en breve, pues a día de hoy se encuentra aun en peor situación-. Asimismo, en las imágenes de abajo, recogemos una casa de Villalonso (muy cercana a Tiedra) que en su fachada luce una columna y dos capiteles de igual tipo.

Abajo: Detalle de la misma casa sita en Villalonso, donde podemos observar el estilo visigodo y romano de la columna que sujeta su soportal.

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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Otra vez, dos vistas tomadas desde el alto de Portillo, donde se situó Abderramán III. En ellas se observa como su arco de visión abarca decenas de kilómetros a la redonda sobre la llanura vallisoletana. Arriba vemos en el horizonte: Valladolid, Simancas y Tordesillas (llegando a observarse a nuestra izquierda más allá de Toro). Abajo,a nuestra derecha en el horizonte, el campo de Tordesillas hasta los barrancos de San Román y Toro; al final a la izquierda, zonas de Zamora capital.
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4- SOBRE LA HUIDA DE MUCHAS DONCELLAS Y DE LA CONJURA QUE EL SABIO LEVY PROMOVIÓ EN SU CASA, PARA LOGRAR SALVARLAS:
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Sigue el texto tudense narrando cómo después de aquel sorteo, muchos de los habitantes de Santibañez se negaron a entregar a sus hijas. Por lo que siendo aquel envío de doncellas, mandato real que todos debían cumplir; decidieron cambiar su destino, sin que ajenos a ellos supieran nada sobre esos planes. Fue así como de forma secreta se reunieron en la casa del judío Levy Azamel (Ludovico San Joseph) cuantos desearon conformar la conjura que tenía por fin no entregar a esas siete jóvenes de Santibañez. Así fueron uniéndose a aquel contubernio secreto quienes se propusieron no abandonar jamás a las doncellas; entre los que el manuscrito de Tuy dice que estaban:
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El matrimonio Levy y su hijo, llamado “Ludovico el Chico”; quien deseaba poner todos los medios para salvar de aquel destino a la amada que él mismo había traído de tierras tan lejanas para desposarse. A ellos se sumó un ricohombre de aquella villa, llamado Josefo Antonino, hijo de Sancho y de Fernanda; famoso por su bondad y por las caras prendas que vestía. Quien no tuvo reparo “en ofrecer todos sus dineros” para ayudar a la causa. Llegaron asimismo para unirse a tan digno fin, gentes venidas desde Helmántica; entre las que destacaba un caballero conocido como el Franco Garavís, procer de origen galo casado con la hija Esther del Conde Gonzalo. Quienes siendo extranjeros y viviendo en tierras tan lejanas, lograron que huyeran muchas de las doncellas. Subiendo en sus carros a las dos de la casa de Levy (que trasladaron hasta la Germania y a tierras francesas); llevándose también a la hija del famoso hombre de leyes, llamada Marcia -del Victorico Soldadus-. Finalmente se llegaron hasta esa conjura un matrimonio venido de zonas cercanas a San Cebrían y de origen mozárabe: Ella se hacía llamar Socobunda de Martín (alias la Mozárabe) y su esposo -que fe mandatario entre los cordobeses- era el famoso Jushuf de Alonso, fillo de Lope. Ambos hablaban el árabe; pero Socobunda llegaba a escribirlo a la perfección. Por lo que cuando pudieron hacerse con documentos del ejército califal parado en Portillo; gracias a la ayuda de ella lograron saber muchas de las intenciones y órdenes. Por tal motivo -anota el manuscrito tudense- “como Socobunda traducía aquellos textos en idioma de los cordobeses, pasaron a llamarla `nuestro socorro´” (cambiando así su verdadero nombre).
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ARRIBA Y ABAJO: Imágenes de Simancas. En la foto superior podemos ver el famoso castillo que alberga el “archivo histórico”. En la de abajo, el claustro de la iglesia, recientemente restaurado.
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JUNTO A ESTAS LINEAS: Exterior de la iglesia de Simancas (torre del campanario de estilo románico); este colosal monumento ha sido recuperado hace unos años, con gran acierto. Su parecido en dimensiones y estructura con la Iglesia de San Martín, en Mota del Marqués; nos habla del florecimiento de esa zona en tiempos de Carlos V. Por su parte, el templo de Simancas conserva aún en su interior un retablo original, junto a obras de gran valor -agradecemos a su párroco la gran amabilidad con la que nos atendió al visitarlo-.








Finalmente entraron a participar en esta conjura los padres de las dos doncellas Rey Wamba, junto a unos compadres suyos. También posaderos, cuya venta con postas estaba muy próxima a la del Wamba. Esos otros venteros se llamaban Aquilianos y procedían de Tordesillas; siendo famosos porque sus hijos trabajaban como mayorales, cazadores y guiadores de reses bravas. Una profesión que por entonces se tenía en gran estima; sobre todo en los Montes Gotoros (hoy Torozos), que estaban en aquellos siglos plenos de uros salvajes y de toros asilvestrados -a más de poblados con cebros y otras especies hoy desaparecidas-. Fueron así las dos familias de posaderos a hablar con los de Levy y con el infanzón zamorano que lideraba el movimiento -al que por su valor todos llamaban “Macho”-. Manifestando su intención de participar en el salvamento de las doncellas. Y cuando el caballero de Zamora les preguntó qué idea tenían por hacer, salieron los Auquilianos narrando lo que había sucedido en Carrión de los Condes, durante una entrega de muchachas. Momento en que algunos mozos lanzaron toros bravos contra los que venían a raptarlas; obligándoles a huir (no habiendo vuelto por esa zona más enemigos a pedir “donnas”) (15) . Así que lo mismo podrían hacer desde Tordesillas o en Simancas; bajando muchos toros contra el ejército de los “abderramanes”, con un puente hecho con barcazas que rápidamente abrieran en el Duero.
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Fue en ese momento cuando el infanzón apodado Macho comenzó a narrar una interesante historia, recordando que en su lugar de origen -un pueblo zamorano llamado Villalcampo-, había muchas esculturitas de toros en piedra. Efigies que se consideraban de la buena suerte y que aparecían en un llano próximo -llamado el llano de Santiago-. Un teso que se denominaba así porque un día por allí vinieron los sarracenos y al ver aquellas rocas con forma de bueyes, no quisieron acercarse al pueblo; pareciendo todo ello, un milagro del apóstol. Pues al observar muchos toricos de granito, salieron los cordobeses de la zona que se llama Carbajosa, diciendo que por allí podían abundar reses salvajes; de lo que preferían no adentrarse en esos bosques de carbajos. Así, que desde entonces, las gentes de Villalcampo tomaron cuantas piedras de estas encontraban, para ponerlas en sus casas; llamando al campo del que las sacaban, el llano “de Santiago” porque les protegía de los andalusíes. Colocando esas esculturas con toros en lugares preferentes, como las entradas o las murallas; con el fin de que si se acercaban enemigos, temieran que por el pueblo abundasen uros silvestres y prefirieran no entrar (pensando que era zona de peligro). Siendo así, sabía este infanzón de Zamora, que haciendo frente con toros a los sarracenos, estos se verían muy amedrentados (15b) . Al terminar ese discurso, quedaron todos asombrados de aquellas ideas y se propuso reunirse con el resto de miembros de la conjura, para explicarles este nuevo ardid pensado (con el que sino liberaban las doncellas, al menos sí podrían derrotar a muchos de los sarracenos).
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JUNTO A ESTAS LINEAS: Torito ibérico en el alféizar de una ventana en Villalcampo, Zamora (agradecemos al ayuntamiento de esta población nos permita divulgar la imagen). Estas esculturas de época prerromana, normalmente hechas en granito; fueron obra de las etnias celtibéricas que ocuparon el centro de la Península (principalmente de los vettones). En Villalcampo, tal como narra el manuscrito tudense, había un enorme castro -en el llano de Santiago-; yacimiento que tristemente se destruye a mediados del siglo XX para construir una presa y una carretera. Previamente al expolio, sacaron cuanto pudieron y a la mayor brevedad (antes que la maquinaria terminase con el castro). Se obtuvieron al menos cuatro esculturas de toritos o verracos, junto a importante material epigráfico y más de sesenta estelas prerromanas. Muchos de estos restos pasaron a colocarse en las fachadas del pueblo o en el interior de casas y en lugares preferentes (como la iglesia etc).
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Continuando con el texto que resumimos, aquí aporta un dato de suma importancia; pues históricamente sabemos que los hispanos, desde tiempos inmemoriales y hasta la Edad Moderna; cuando encontraban estas esculturas ibéricas de toros, tenían por costumbre situarlas en puntos de vital importancia para las urbes. Destacando así aquellas que todavía podemos ver en las murallas de Ávila o de Segovia y en otras tantas poblaciones donde esos mojones abundan (Coca, San Martín de Valdeiglesias, Oropesa, Cáceres, Zamora etc). Muchas fueron colocadas en las murallas o las entradas de la ciudad, pero se han cambiado de lugar posteriormente (como sucede con el verraco de Toro, el de Ciudad Rodrigo y otros tantos). Aunque en el siglo XVII, ante el avance de epidemias, el Santo Oficio decidió que esas enfermedades se mandaban por Dios porque las gentes de Castilla, Extremadura y León seguían venerando a esos toritos de granito. Decidiendo entonces tirar muchos a los ríos, convertirlos en utensilios (como bancadas) o simplemente, machacarlos.
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Muy importantes son las ideas que desde aquí podemos obtener, sabiendo que el carácter apotropáico de estos verracos en piedra procedería al servír inicialmente como elemento disuasivo o de defensa. Utilizados de un modo semejante al que los griegos usaban las “Hermas” junto a los caminos; mojones pétreos que colocaban para señalar la vía, pero también para avisar que aquellas tierras tenían dueño y que no se podía salir de la linde trazada. De estas Hermas nació Hermes, el protector de los caminos y de los comerciantes que transitaban por aquellas carreras. Siendo así, hemos de considerar que los toros ibéricos de piedra, también se colocarían en los campos para demarcar que las tierras tenían un dueño. Además, avisando de que por allí merodeaba ganado y reses bravas (uros o verracos); con el fin de que los extraños no pasaran de estos mojones a los que darían forma de animales peligrosos, para disuadir a los visitantes no deseados. Todo cuanto el manuscrito de Tuy narra, explicaría el carácter mágico que los pobladores de la Meseta otorgaron a estas esculturas, tanto como su significado inicial. Además hace patente que desde tiempos ancestrarles, los iberos -y luego los hispanos- se defendían usando toros; un hecho que nos lleva a entender por qué nunca acabaron con el uro salvaje que poblaba los montes peninsulares (descastándolos, tal como sucedió en el resto de Europa).
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ABAJO: Esculturas ibéricas prerromanas, anteriores al siglo IV a.C.. En la foto vemos los famosos “toros de guisando”, sitos en El Tiemblo -provincia de Ávila- y en los límites con la de Madrid (junto a San Martín de Valdeiglesias). Según las últimas investigaciones de profesores como Alicia Cantó (15c) ; se cree que estos “mojones” demarcaban el territoorio vettón, separándolo de la linea con los carpetanos (en una frontera Norte Sur, entre San Martín y La Puebla de Montalbán, llegando a Melque y etc -lugares donde también han aparecido toros de granito-).
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5- LA JURA Y CONJURA DE LOS TOROS:
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Continúa el cronicón de Tuy relatando este quinto episodio, del que dice textualmente como “fue una verdadera jura, más que conjura”. Al ser idea promovida por un enorme grupo de valientes motanos; que en un comienzo se mantuvo en secreto, pero que finalmente aceptarían y conocerían casi todos. De tal manera, nos describe el manuscrito lo que sucedió entre aquellos vecinos y amigos de los lugares que estaban obligados a pagar doncellas; quienes se pusieron a buscar reses salvajes. Y conociendo bien dónde abundaban los toros bravos; se dispusieron a juntar manadas de esos a los que llamaban uros. Guiando y guardando vacadas con cautela junto a ciudades del Pisuerga o del Duero; con el fin de echarlas contra el enemigo que pedía sus doncellas.
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Así fue como durante esas semanas de julio de 939, muchos motanos -al mando del zamorano “Macho”- recogieron puntas de bóvidos salvajes, preparándolos para aquel menester. Algo para lo que no hubieron de hacer gran esfuerzo, ya que los montes que les rodeaban estaban plenos de ellos. Puesto que las reses salvajes se cuidaban especialmente en las zonas que antaño habían sido villas de recreo de los reyes visigodos. Como sucedía en el campo de Wamba (16) , en las cercanías de la actual villa de Toro y San Román de Hornija, o en el cazadero real llamado hoy La Santa Espina. Tierras que habían sido fincas privadas del monarca Chindasvinto (Toro y San Román) o de su hijo Recesvinto y del sucesor de este -el rey Wamba-. Quienes habían tenido sus villas de recreo en los campos de Toro, Wamba y en los Montes Torozos; antes llamados “Gotoros” al ser esos lugares propiedad de los reyes góticos (17) .
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Siendo así, en aquellas “posesiones góticas” abundaban por doquier los uros salvajes; quizás porque los monarcas visigodos los usasen para la guerra, tal como habían hecho los primeros reyes de la Península -en tiempos romanos y prerromanos- (18) . Pues como sabemos, el mismo Amílkar Barca murió en Elche de la Sierra (Helike); en un ataque que los jefes iberos lanzaron contra el ejército cartaginés, perpetrado con una manada de reses -emboladas y atadas a carros con fuego-. Un hecho que vivió y vio de niño su hijo Aníbal. Quien decenios después -cuando asedió Italia- al verse rodeado y sin salida en el Paso de Falerno (junto a Roma), llamó a mercenarios iberos para que estos tomasen ganado de las montañas colindantes y les atasen fuego a los pitones. Echando las vacadas así emboladas contra el ejército romano; que se vio obligado a huir y a dejar escapar a Aníbal del cerco al que le habían sometido en aquel “campo falernino” (19) .
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ARRIBA Y AL LADO: Imágenes de toros ibéricos. Los últimos estudios sobre estas esculturas prerromanas indican que seguramente se usaban como “mojones”, para señalar fronteras o territorios. Demarcando -a mi juicio- zonas de las que no se debía pasar; para indicar al ajeno a ellas la posibilidad de encontrarse con ganado salvaje suelto, tras aquel toro en piedra (20). Arriba, otra escultura del mismo tipo; pero en este caso representando un verraco y sita junto a la iglesia de Torralba de Oropesa (Toledo). Al lado, la famosa escultura ibérica aparecida en la ciudad de Toro (Zamora). Actualmente se encuentra colocada en una de las rotondas de entrada a la urbe, aunque antaño estaba junto a las murallas. Algunos expertos creen que esa escultura es la que daría nombre a Toro, aunque sabemos que aquella denominación es muy moderna, no apareciendo la villa así mencionada hasta las crónicas de Alfonso VI (en época del Cid). Puesto que antes se referirán a ella comúnmente, como Campo o Civitas Gotorum -ciudad, campo de los Godos-.
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Continúa recogiendo el manuscrito tudense como pronto los de Santibañez y sus pueblos aliados, habían juntado al menos dos mil cabezas de ganado bravo. Todos ellos tomados en las cercanías de Wamba, en las de Mota y en San Román. Tras ello, quienes sabían conducirlos, fueron guiándolos y guardándolos en fincas con cercados próximos al Duero y a sus afluentes en la zona -del Pisuerga al Hornija y al Bajoz-. Más tarde aquellos caballeros de Mota decidieron ir a hablar con el conde Fernán Gónzalez, para proponerle su ardid de tirarlos contra el ejército de Abderramán. Asi fue como a fines de julio de este año 939, el conde les recibió en su cuartel a orillas del Duero; donde vigilaba de un inminente ataque sarraceno desde la margen contraria. Los aguerridos motanos y sus aliados de poblaciones obligadas a pagar doncellas, comunicaron al comandante castellano que no querían entregar a sus hijas. Pues podrían enfrentarse a los enemigos, por muchos que fueran; ya que tenían guardadas unas dos mil reses bravas y otras tantas mansas, que podrían lanzar contra aquellos ejércitos amenazantes -apostados frente a Valladolid-. Bastando montar rápidamente varias pasarelas sobre el cauce; para guiar luego a las bestias hacia ellas, con el fin de que las vacadas alcanzasen el otro lado del río (sembrando así el pánico entre las hordas sarracenas). Asombrado Fernán Gónzalez de la gran idea y del potencial bélico que le presentaban, les comunicó que presto iría a hablar con el rey Ramiro; quien junto a los nobles más ancianos, se guarecía y aguardaba sucesos en zonas próximas a Benavente (a una jornada del frente del Duero).
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Así tardó el conde castellano apenas dos días en ir y venir, llegando pronto con la respuesta del rey. Narrando el cronicón de Tuy, que el monarca al saber que las gentes de Santibáñez (de Mota) y sus compadres de otros pueblos, habían preparado millares de reses bravas -junto a otras tantas mansas- con la intención de lanzarlas contra el enemigo. Anuló el pago de impuestos acordado y mandó entrar en batalla. Afirmando que aquellos toros le aseguraban que sino lograba un triunfo, al menos sí podría evitar que los musulmanes pasaran al otro lado del Duero y del Pisuerga (al temer encontrarse allí con más manadas de bravos). Ello ocurrió en los últimos días del mes de julio del 939; y fue entonces cuando enviaron emisarios al califa, comunicando que ni se rendían a su vasallaje, ni menos les pagarían el tributo de doncellas -siquiera enviarían una parte el dinero estipulado como impuestos-. Ofreciendo los cristianos tan solo un acuerdo: El de que los cordobeses regresaran a sus tierras y que si así lo hacían, ellos respetarían la marcha (sin cortarles el camino de vuelta, ni atacarles en su retirada). Todo lo que leyó Abderramán III sin dar crédito a cuanto en la misiva se contenía; pensando que los cristianos estaban locos. Pues era evidente que con la superioridad de hombres y de armas que él tenía, aquella batalla de Simancas iba a ser una “parada militar” más que un choque entre dos ejércitos.
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ARRIBA Y AL LADO: Imágenes de toros bravos en San Román de Hornija, donde aún se crían algunas de las ganaderías más importantes de Castilla.








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ABAJO: Vista del Duero, desde Castro Nuño (con su iglesia románica y el río en la zona baja). En las inmediaciones del campo que vemos en fotografía, parece que se produjo el último choque entre los de Abderramán -que intentaban cruzar el río- y las manadas de toros que los cristianos les lanzaron. Esta población es muy aficionada a la tauromaquia, además celebra uno de los encierros más extraños de España. Bajando las reses por cuestas en las que se resbalan y caen junto a los corredores. Posiblemente aquel extraño recorrido de sus encierros quiera rememorar la gesta del año 939; cuando las gentes de la zona -mandadas por caballeros motanos- lanzaron por los barrancos y río abajo a cientos de toros contra el ejército de Abderramán III.
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6- SOBRE LO QUE EN VERDAD SUCEDIÓ EN LA BATALLA DE SIMANCAS Y DE CÓMO ESTA SE GANÓ CON UN ARDID; CAMBIANDO TOROS POR DONCELLAS:
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El manuscrito de Tuy que vamos resumiendo -“La leyenda de las doncellas de Santibáñez”- contiene este episodio como último “capítulo”; concediéndole una intitulación tan extensa como explicativa. Ya que en esta parte final se narrará ciertamente el modo en que vencieron los castellanos en Simancas; usando tan solo un “engaño” -ardid militar-, sirviéndose de toros. De tal manera comienza este “título sexto” describiendo las órdenes finales que dieron los comandantes del rey Ramiro y de Fernán Gónzalez. Al saber que los de Mota y sus gentes cercanas tenían millares de toros bravos (y otros tantos mansos); preparados para bajarlos al Duero, con la intención de echarlos sobre el ejército musulmán.
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Siendo así, narra cómo los cristianos decidieron esperar a que Abderramán atacase para hacerle frente con el ejército al menos durante tres jornadas; hasta que los cordobeses creyeran que los castellanos flaqueaban; incluso haciéndoles ver que huían de la batalla... . Todo ello con la intención de que los generales del califa se confiaran y comenzaran a bajar de Portillo; pensando que el triunfo estaba muy cerca. Acercándose así los sarracenos hasta las orillas de Simancas, con la intención de cruzar y pasar. Por todo ello, ordenó el rey Ramiro y su conde (Fernán); que no pusieran las pasarelas, ni dejasen ver los toros al enemigo, hasta que no bajaran todos los mandatarios andalusíes al valle de Simancas, confiados de su triunfo (sin hacer alarde de las reses hasta tener a los de Abderramán situados ya en la explanada, pensando en cruzar “la marca”). Siendo solo aquel, el momento de soltar las manadas bravos hacia ellos; cuando incluso el califa bajase su tienda a las cercanías del río, para contemplar la victoria. Entonces, las miles de reses salvajes guardadas en corrales junto a las ciudades de Simancas, Tordesillas y San Román; se gobernarían junto a los mansos, para hacerlas llegar al otro lado. Guiándolas hacia pasarelas construidas sobre barcazas; ayudados por caballeros y mayorales que los llevarían hasta el otro lado del cauce y donde les ayudarían a pasarlos quienes supieran correrlos o dominarlos perfectamente.
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Las órdenes mandaban así al ejército castellano, aguantar al menos tres jornadas en batalla, junto a Simancas; pero tan pronto como bajasen los andalusíes, confiados del triunfo y con la intención de cruzar el Pisuerga. Se prepararían las barcazas y el paso de los uros; moviendo asimismo pasarelas en Tordesillas y preparando otras tantas en San Román y en los barrancos de Gotoro (la actual villa de Toro). Pues estaba claro que los enemigos, al verse atacados por cientos de reses bravas en el Pisuerga; huirían hacia esas otras explanadas del lado Oeste (las de Tordesillas o Pollos). Pretendiendo incluso internarse en tierras cristianas subiendo por San Román y asaltando los barrancos toresanos.
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ARRIBA, AL LADO Y ABAJO: Imágenes del interior de la parroquia de San Román de Hornija. Junto a estas lineas, un capitel mozárabe en aquella preciosa iglesia. En la fotografía inferior, el sepulcro del rey Chindasvinto. Más abajo, los restos de este monarca y de su mujer, conservados en el mismo templo de San Román de Hornija (al que agradecemos nos permita divulgar nuestras imágenes).






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Todo fue preparado con minuciosidad y en el plazo de muy pocos días, llevando las reses bravas a escondidas y por las noches hasta corrales construidos en las afueras de esas villas fronterizas con el ejército de los cordobeses. Asimismo, dispusieron sobre tierra las pasarelas y todo cuanto se necesitase, para cruzar las vacadas; siempre actuando con cautela y sin que el enemigo se apercibiera. Por su parte, Fernán Gónzalez envió como mensajero a tierras de Segovia al joven que conocían en Santibañez como “Ludovico el Chico” (el hijo de Levy). Quien al ser de origen judío podría alcanzar Cuéllar o Íscar, sin levantar sospechas (haciéndose pasar por comerciante).
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Hasta allí logró aquel Ludovico Sant Joseph llevar las órdenes del comandante cristiano, quien mandaba a los caballeros mozárabes segovianos que también juntasen muchos toros bravos. Manteniendo en secreto que serían para defenderse y para echarlos también sobre el ejército de Abderramán, cuando aquellos intentasen retroceder. Pues era sabido que en la retirada, las mesnadas y los generales medievales cometían las mayores tropelías. Cuando al verse vencidos y de regreso con las manos vacías, actuaban con total crueldad para vengar su derrota (incluso causando estragos entre los suyos). Así fue como Ludovico el Chico contactó con algunos de los hijos de los Aquilianos y con otras gentes originarias de Tordesillas, que vivían en Cuéllar. Advirtiendo de que debían prepararse para el regreso del califa vencido y humillado; intentando evitar los daños y vejaciones que aquellos ejércitos hacían a su paso, cuando volvían en loor de una derrota. De tal manera, logró que en Santa María de Nieva y en Cuéllar le prometiesen algunos mozárabes defenderse del modo en que “Ludovico el Chico” les aconsejaba. Asegurando que guardarían toros bravos en cercados preparados junto a los caminos; para dejarlos sueltos en cuanto vieran por allí aparecer al ejército sarraceno, regresando hacia sus tierras.
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ARRIBA Y AL LADO: Imágenes de Toro y de Cuéllar. Foto superior, los barrancos toresanos por donde cubrirían el flanco bajando manadas de reses bravas; evitando que los ejércitos de Abderraman III se introdujesen en territorio cristiano (cruzando por allí el Duero). Al lado, una plaza de Cuéllar; villa en la que Ludovico el Chico encontró el apoyo de “los Aquilianos” y de gentes de Tordesillas. Quienes le prometieron reunir también reses bravas en cercados próximos a los caminos, para abrirlos y soltarlos al paso de los ejércitos cordobeses.






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ABAJO: Vista de los Montes hoy llamados Torozos, junto a Mota del Marqués. Como dijimos, antaño estas estribaciones y la ciudad de Toro de denominaban Gotoros; en memoria de los reyes visigodos que las habían habitado. Desde el siglo X, comenzaron a llamar a la villa, “Toro”; al igual que a estas colinas las “Torozas”; existiendo una teoría que afirma cómo el nuevo nombre de la ciudad y de los montes surgió tras la victoria de Simancas y después de haber lanzado desde allí las reses contra las huestes califales. Sea como fuere, parece indiscutible que el nombre de la villa toresana y el de los montes Torozos, parten desde una misma raíz. Todo lo que hace pensar que esa denominación se refiere a los uros salvajes que por allí existían en abundancia (criados en las antiguas fincas de recreo de los reyes visigodos).
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6º (I) - DEL ENFRENTAMIENTO EN LA VILLA DE SIMANCAS. DÍAS UNO AL CUATRO DE AGOSTO DE 939): (21)
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Continúa el manuscrito de Tuy con el relato de este capítulo seis, que comienza en el primero de Agosto. Cuando las hordas cristianas y las de Abderramán III entran en batalla. Narrando la gran desproporción que había entre los sarracenos (cientos de miles y bien armados) frente a las gentes de Fernando Ansúrez, las de Fernán Gónzalez y las del rey Ramiro. Quienes -al parecer- habían reunido solo decenas de miles, llegados de Asturias, León y las Castillas (incluso de Navarra). Constituyendo principalmente mesnadas particulares, sin gran organización ni menos coordinación. Por tal manera, los castellanos resistían frente a las orillas del río como bien podían, tan solo intentando que no cruzasen sus enemigos al otro lado. Así estuvieron tres días seguidos, parando el paso de los ejércitos cordobeses; quienes viendo la victoria cercana bajaron todo su contingente hasta la llanura, situándose frente a Simancas. Así desplegó Abderramán su estrategia de amedrentar al enemigo, montando miles de tiendas de campaña en las cercanías del Pisuerga. Mostrando que sus batallones estaban formados por el triple de hombres, quienes obedecían al unísono. Atacando de ese modo el punto más débil y difícil de proteger de paso hacia Castilla; pues el río en esta zona es poco profundo y aparece en agosto lleno de vados. Zonas de playa fluviales y bancadas sobre el Pisuerga que proliferan a mitad del verano; lo que facilitarían ese avance hacia Simancas.
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En esta situación, los del rey Ramiro urdieron una estratagema para llegar a colocar pasarelas sobre el cauce, con el fin de lograr cruzar las primeras vacadas bravas. El plan consistía en fingir una entrega de doncellas y que les dejaran abrir así un paso; aunque aquel puente realmente serviría para llevar al otro lado las reses enfurecidas. Para tal fin propusieron elegir siete voluntarios que se hicieran pasar por doncellas; para que vestidos como ellas, hicieran el ademán de irse hacia los caifales (aunque antes de llegar al otro lado, deberían saltar para regresar a nado o como pudieran). La intención era la simular que se rendían y que los de Simancas entregaban sus siete hijas, para evitar que el ejército cordobés cruzase y les castigase sin piedad. De tal manera, haciendo creer que a través de este les mandaban las cautivas con los siete hombres vestidos como mujeres y fingiendo “el pago”; lograrían poner las barcazas y un paso. Luego, aquellos siete valientes deberían hacerse caer al río, sin pisar la margen contraria, intentando regresar. Todo lo que harían solo cuando vieran entrar por aquel puente las primeras manadas de toros, dirigidas hacia el ejército enemigo.
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Todo ello se acordó en la noche del tercer al cuarto día de agosto y los voluntarios que se presentaron para tal menester fueron llamados “los siete de Santibáñez de Mota”. De los cuales el manuscrito tudense recuerda hasta los nombres, mencionando que iban al mando de ese infanzón llamado “Macho”. Un zamorano asentado en Santibáñez, que lideraba estas operaciones bélicas y cuya amada había sido también elegida entre las donnas a entregar -la bella novicia de las clarisas, hija del justo Alonso-.
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Recoge el escrito de Tuy que aquellos “siete de Mota” que se atrevieron a vestirse de doncellas para fingir la entrega de mujeres; fueron los siguientes:
1º-Indalecio Doménico: Apodado “Macho”; comandante de las mesnadas de Santibáñez, pero originario de Villalcampo, en Zamora.
2º-Ludovico el Chico: Hijo de Levy Azamel (apodado Ludovico Sant Joseph).
3º-Victorico Soldadus: Hombre de leyes, pero que decidió apuntarse a la expedición por gratitud y por salvar el honor; ya que su hija había salido elegida entra las doncellas a pagar.
4º-El Franco Garavís: Un caballero de origen galo -como ya vimos-, pero que vivía en tierras salmantinas y por ello era muy docto en manejar bien los toros (además recuerda el manuscrito que la mujer del Franco Garavís -llamada Esther del Conde Gonzalo- había ayudado a huir a varias doncellas, llevándolas hasta Francia y a Germania).
5º- Jushuf de Alonso, fillo de Lope y marido de Socobunda: De quienes vimos cómo decía el texto tudense que eran de origen mozárabe y que hablaban bien aquella lengua de los cordobeses. Por lo que a ella luego la llamaron “socorro”, por cuanta ayuda prestó traduciendo lo que decían los de Abderramán durante la batalla de Simancas.
6º- Jonás hijo de Aldgoberto de Martín: Un joven cuyo padre fabricaba los mejores carros y carretas de la zona; por lo que ofreció sus medios y sus dineros para tal causa (mandando a su primogenito a la expedición)
7º- Josefo Antonino, hijo de Sancho y de Fernanda: Ricohombre de Santibañez, famoso por su gran fortuna y que quiso sumarse a la causa, mostrando un enorme valor. Pues era ya persona de edad; aunque dice el manuscrito que no tuvo ni mostró temor alguno por cruzar la pasarela así vestido, para finalmente saltar y regresar a nado a Simancas.
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Estos fueron “los siete de Mota”, que se atrevieron a vestirse de doncellas para simular una entrega de mujeres al bando cordobés. Permitiendo así que pusieran un paso con barcazas en Simancas, a través del comenzaron a lanzar toros contra el enemigo. Tal como se narra en el siguiente epígrafe del manuscrito de Tuy que analizamos y resumimos a continuación.
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ARRIBA Y AL LADO: Dos imágenes de Simancas. En foto superior, vista desde la ciudad del llano y vega del Pisuerga. Al fondo de nuevo Portillo. En la fotografía se observa la perfecta estrategia militar de Abderramán III al establecerse en este puesto y solicitar a Ramiro II que le rindiera vasallaje. Al lado: LA CALLE DE LOS VALIENTES; en Simancas. Calleja que baja hasta el llano del río y donde se recuerda a quienes por allí descendieron para batirse contra los cordobeses. Hemos de considerar que fue por esta vía por la que bajarían los toros.






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ABAJO: Otra imagen de las playas fluviales de Simancas (vistas desde lo alto de la ciudad). En ellas colocarían las pasarelas para hacer llegar los toros bravos sobre los ejércitos de Abderramán. Hemos pintado una pasarela imaginada, para observar lo sencillo que sería hacerlas.
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6º (II) - DEL PASO DE LOS TOROS EN EL AMANECER DEL DÍA CUARTO:
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Continúa el texto que resumimos, explicando cómo el tres de agosto los de Abderráman estaban ya seguros de que vencerían. Tal fue la confianza del califa; que durante al tercer día de batalla, se atrevió a establecer su Cuartel General y poner su propia tienda en las cercanías del Pisuerga. Demostrando así a los castellanos que nada temían, intentando hacerles ver que el paso hacia el otro margen era inminente (con el fin de que huyeran o se rindiesen). Pero los de Ramiro no desfallecieron, ni se retiraron; en espera de lanzar los toros que tenían preparados para arrojar contra los musulmanes. Fue así como se llegó al último día de batalla y en el amanecer de ese cuatro de agosto, montaron a toda prisa una fuerte pasarela sobre barcazas en el río. Los cordobeses no daban crédito a aquello que veían hacer sus oponentes; pues colocar allí un puente flotante, suponía facilitarles el paso hacia Simancas. Asombrados y en espera de lo que sucedía, comenzaron a prepararse para el ataque, acercándose a las orillas del Pisuerga. Aunque pronto observaron cómo los castellanos, tras acabar de fijar las barcazas y el paso, iniciaban lo que parecía una entrega de doncellas. Viendo los del califa que allí solo avanzaban mujeres para cruzar y entregarse; concluyeron que los cristianos se habían rendido y comenzaban a pagarles con sus hijas. Fue así como los andalusíes empezaron a gritar y a expresar con gran felicidad que habían logrado la victoria; esperando ya solo que los castellanos les hicieran llegar las mujeres y el dinero estipulado antes de a batalla.
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Mientras, del lado de Simancas comenzaban a andar sobre el puente flotante los “siete de Mota” (vestidos de mujeres) junto a la esposa de uno de ellos. La mozárabe Socobunda, que hablaba la lengua del enemigo y había decidido sumarse algunos metros a esa fingida entrega -con el fin de escuchar y ver qué hacían los de Abderramán, para dar aviso de cuanto oía-. Así, tan pronto como les vio a lo lejos proclamar su victoria; la mozárabe se dio la vuelta y regresó para decir con sigilo a los suyos que los andalusíes -muy confiados-, esperaban tan solo la llegada de sus “falsas” doncellas. Fue entonces cuando dieron la señal para que soltasen los toros en la parte alta de la ciudad de Simancas. Pero entonces, los sarracenos que observaban la escena, se extrañaron al ver que una de las mujeres daba marcha atrás. Al desconfiar de la maniobra mandaron a cien soldados a caballo hacia el puente, con el fin de recoger a las doncellas y para evitar que nadie más avanzase sobre la pasarela. Fue así, como al ver venir sobre ellos los cien lanceros moros; aquellos “siete de Mota” decidieron provocarlos, para que todos se dirigieran hacia la entrada del puente -pues pronto bajarían por allí los toros-.
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SOBRE ESTAS LINEAS; A SU LADO Y ABAJO: Arriba, el Pisuerga frente a Simancas. En esta foto he pintado de nuevo una posible pasarela imaginada en las zonas de menos profundidad del río; dado que en algunas partes de este tramo, durante el verano, apenas guarda una distancia de cincuenta metros -de lado a lado-. Pese a ello, hemos de suponer que durante la Edad Media el cauce sería mayor, pues antaño no se tomaban tantas aguas para el riego y para uso doméstico. Pues poco antes de Simancas (en Valladolid) se unen el Pisuerga y el Esgueva; dos afluentes del Duero que confluyen en esta capital castellano-leonesa y que hasta el siglo XVII la habían convertido en una “pequeña Venecia” -plena de canales y pantanos-. Las moscas y las condiciones higiénicas necesarias para esa ciudad que se eligió capital del reino en tiempos de Cervantes; hicieron que se drenaran sus ríos y que se apartasen sus aguas, llevándolas hacia zonas de regadío. Debido a ello, creemos que el Pisuerga a su paso por Simancas en tiempos de Ramiro II (en el mes de agosto, cuando está tomada la imagen superior) era mayor de lo que actualmente se observa. Pese a ello no cabe la menor duda de que es el punto más débil de frontera. Al lado, imagen del Pisuerga en el punto que se une con el Duero, a muy pocos kilómetros y al Oeste de Simancas.
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ABAJO: Mapa de con la zona de la batalla de Simancas. A nuestra derecha hemos marcado Portillo de Valladolid, hasta donde llega Abderramán en julio de 939; situándose en ese altozano que domina todo el valle de la meseta. Los cristianos, temerosos y ante un ejército de cientos de miles de hombres, parece que tuvieron que replegarse; abandonando el llano y subiendo hacia las zonas altas (cercanas a Simancas o Tordesillas), dejando libre el paso a la altura de Boecillo. Desde allí, y con el Duero accesible, obligaría califa rendirse a los cristianos; mostrando su enorme fuerza militar desplegada en aquella llanura que comprende desde Portillo a Valladolid, y de Valladolid a Simancas y Tordesillas (una gran explanada formada por la vega de los ríos y que mide unas 60.000 hectáreas -habiendo aproximadamente 20 kilómetros de Portillo a Valladolid; otros 7 desde allí a Simancas y unos 15 más hasta Tordesillas-).
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El manuscrito de Tuy describe que “en aquella falsa entrega de doncellas hubo un momento terrible cuando los de Mota comenzaron a provocar a los lanceros de Córdoba”; no sabiéndose si los enemigos alcanzarían a los valientes vestidos de mujeres, antes de que aparecieran las reses. Pues se habían comprometido a no saltar al río hasta que entrase en la pasarela la primera vacada de bravos. Pero los toros no llegaban y los “siete de Mota” debían entretener y dilatar la maniobra. Así, con el deseo de extrañar al enemigo, estando los siete casi en el otro lado; se quitaron las ropas (tal como hacían en ocasiones las doncellas entregadas, para insultar a sus propias familias cuando las abandonaban a esa suerte). De ese modo se quedaron todos en taparrabos, no solo para extrañar al enemigo, sino porque aquello les permitiría lanzarse al río y nadar mejor. Ante aquel gesto, los de Abderramán pararon sus caballos y tuvieron un momento de duda, sin saber qué hacer, permaneciendo espectantes. Luego, se apercibieron de que aquello que veían no eran doncellas, sino hombres; todos con pelos como espinas en sus cuerpos (observando además cómo lo que parecían pechos, solo era un exceso de grasa y no condición alguna de matrona...). Así entraron en cólera los del califa, al verse engañados y ordenaron el ataque total, dirigido primero contra aquella pasarela.
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Mientras avanzaba el ejército sarraceno hacia ellos, vieron “los siete de Mota” que llegaban por detrás los toros bravos; muy bien dirigidos por los mozos de Simancas, quienes los corrían a toda prisa hacia el puente abierto. Pero observando que todavía faltaba algún tiempo para que lo cruzaran, “los siete” decidieron volver a provocar a los enemigos, intentando que fijasen todo ataque sobre ellos y para que no cruzasen los andalusíes por otra parte. Con ese fin realizaron lo que se llamaba entonces “mancas de guerra”; un gesto considerado muy infame y denominando por los griegos “esquimalizar”, al que los romanos decían “dedo impúdico” (22) . Aquello que gesticulaban “los siete de Mota” es lo que hoy llamamos “cortes de manga”; acción que al parecer se usaba en la Edad Media previamente a entrar en batalla y para incitar al enemigo atacar por una zona deseada (23) . De este modo, en ese trance y espera; todavía tuvieron valor para realizar esa provocación. Aguardando al final de la pasarela hasta el último instante -en espera de que llegara la vacada salvaje-.
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Así viendo aquella escena todos los suyos que les vigilaban, asomados en las proximidades de Simancas; comenzaron a reír y a imitar sus gestos. Gritando al unísono entre carcajadas y “mancadas”:
- “¡En Septimancas, sí “mancas”. En Septimancas; sí “mancas”, sí “mancas”...!”-.
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De esta situación vivida justo antes de que los toros llegaran a completar la pasarela y del grito popular con que todos allí vitoreaban, dice el manuscrito de Tuy que vino el nombre nuevo de Simancas. Aunque también advierte de que por ser tan “grosera” la escena, la Historia prefirió sublimarla en la leyenda que contaba cómo siete doncellas se habían cortado las manos; quedando mancas antes de entregarse a los sarracenos. Todo lo que en verdad hizo de un pasaje divertido, una triste leyenda. Pues en ciertamente aquella batalla de Simancas se ganó y no hay por qué pensar que hubieran de abandonar mujeres en aquel destino. Siendo más posible y creíble cuanto el texto tudense nos narra; contando el modo en que todos gritaban “sí mancas”, sin entregar doncella alguna; mientras hacían al enemigo aquellos “cortes de manga” -que darían origen al topónimo moderno de la villa-.
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SOBRE ESTAS LINEAS: Otro mapa de la zona, describiendo el modo en que atacó Abderramán III sobre el flanco débil de Simancas, bajando más tarde al llano (marcado en líneas y estrellas amarillas). En estrellas azules ribeteadas en negro, he marcado los lugares donde pudieron poner pasarelas sobre el Duero, para echar toros bravos sobre los andalusíes. De tal manera se comprende que ante el primer choque con las reses salvajes, el ejército de Abderramán intentaría huir hacia el Oeste y atacar por la margen de Tordesillas (a unos quince kilómetros de Simancas). Donde el Duero igualmente decrece un poco y donde en verano hay menos distancia entre orillas (pese a conservar un cauce importante). Allí y frente al actual monasterio tordesillano de Las Claras, soltarían de nuevo reses salvajes hacia los enemigos, obligándoles a ir más al Oeste -o bien a retroceder-. De tal manera, quienes no regresaran hacia Portillo y quisieran subir a Castilla cruzando el río, irían esta vez hacia Pollos; donde otras vez los castellanos echarían hacia el enemigo los todavía famosos toros de San Román de Hornija. En cuyos campos próximos al Duero aun podemos ver vacadas de morlacos de lidia. Finalmente, si decidían internarse en tierras cristianas accediendo por los encrespados barrancos de Toro; desde allí sería igualmente sencillo cortarles el ataque, soltando de nuevo uros silvestres por las márgenes del Duero.
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En el mismo mapa podemos ver la huida de Abderramán III; quien tendría que retroceder hacia Portillo, para más tarde bajar a Cuéllar, buscando salir hacia tierras de sus dominios -en Gormaz o Medinaceli-. Por ello, en el camino de avance y retroceso del ejército cordobés, vemos el modo en que le cortarían la retirada en Cuéllar (lanzándoles también toros) y en el que lo harían a la altura de Santa Ma. De Nieva; obligándoles a ir hacia el Este. Todo lo que seguramente propiciaría otra tremenda derrota, pues en las cercanías de Riaza o Sepúlveda pudo atacarles de nuevo Fernán Gónzalez (cuya base estaba en Osma) y encerrar a parte del contingente andalusí en tierras de Calatañazor. Donde, desde sus barrancos quizás lograron perpetuar aquella victoria que se recuerda con el dicho que ha quedado en la zona, y que habla de que “En Calatañazor Almanzor perdió el tambor”. Una frase que sabemos se refiere a la muerte de Almanzor, ocurrida en las cercanías de Calatañazor; pero que también surge de la batalla de Simancas, donde en “Al-hendiga” (en los barrancos) fue vencido totalmente el ejército de Abderramán III (al que el poema de Fernán González confunde con Almanzor). En la cita (24) recogemos de nuevo los versos de aquel poema que inició la lengua castellana, donde no solo vemos la identificación entre Almanzor y Abderramán III; sino el modo en que realmente menciona que “Almanzor había perdido el Azor”. Pues se sabe que al huir de Simancas, Abderramán III tuvo que dejar su tienda entera, abandonando su azor, sus pertenencias y hasta su cota de malla hecha en oro -tal como describen las crónicas medievales (25) -.
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ABAJO: De nuevo, foto del monumento a las doncellas en Simancas. Una triste historia que el manuscrito tudense que vamos resumiendo interpreta de otro modo. Situando la entrega de doncellas en tiempos de Ramiro II y de Abderramán III (hacia el 939), y no como se creía hasta ahora. Aunque quienes hoy mantienen la leyenda viva afirman que el obligado pago de mujeres se produjo en tiempos de Abderramán II y Ramiro I; a mediados del siglo IX -tal como muestra lo escrito en la escultura en imagen; donde habla de esos dos reyes-. Confundiendo esta cronología La Rioja con el Duero; pues si situamos las siete doncellas de Simancas en los años de Ramiro I, tendríamos que remitirnos a tiempos de las victorias cristianas en Clavijo (o de Albelda; ocurrida hacia el 860 junto a Santo Domingo de la Calzada). Ya que en durante el reinado de Ramiro I y Abderramán II; la frontera cristiana se reducía a zonas de Astorga , llegando hasta La Rioja, pero nunca a Simancas (donde pone “la marca” Alfonso III hacia el 910). Muy por el contrario sabemos que Ramiro II y Abderramán III, fueron quienes lucharon en Simancas en el 939 y no sus antecesores (de los que tampoco hay rastro histórico de petición de doncellas). Existiendo varios textos que mencionan cómo Abderramán III intentó cobrar terribles impuestos a los castellanos, con el fin de humillar a Ramiro II y a sus aliados -posiblemente reinstituyendo “el pago de doncellas”, olvidado desde tiempos de los astures-.
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AL LADO: Cartel de las fiestas de la batalla del Escobar (siglo X); anunciada por el ayuntamiento de Umbrías (Ávila). Se trata de otra contienda sucedida en tiempos de Abederramán III y Ramiro II; que ganaron echando reses salvajes contra el enemigo. Esta victoria se celebra también en el pueblo cacereño de Tornavacas. Municipio cuyo nombre dicen que nace precisamente del modo en que vencieron a los cordobeses: Tornándoles con vacadas. Esta forma de lucha contra invasores existió ya en tiempos de los iberos; aunque apenas hay muchas fuentes clásicas que lo refieran. Parece que se utilizó también asiduamente para repeler a las tropas sarracenas, tal como recogen numerosos textos y costumbres medievales. Sin lugar a dudas y a mi juicio, este modo de batallar lanzando reses silvestres, toros embolados o vacas atadas a carros con fuego; dieron origen al toreo -a caballo y luego a pie-. Una técnica bélica que promovió grandes victorias a los iberos y a los habitantes autóctonos de la Península, frente a hordas invasoras.
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Ello explica la permanencia y la existencia común de ganado salvaje en los campos españoles (para protegerse o para que no les robasen). Nuestra teoría asimismo nos enseña a entender el valor social y significado de la tauromaquia. Ya que quienes sabían guiar o torear morlacos, serían capaces de defender a los ciudadanos de los ataques de extraños. Todo lo que concedería un rango de militar al que manejaba los astados; algo que asimismo nos lleva a comprender por qué el arte del toreo comenzó en las maestranzas. Plazas donde se adiestraban caballos y caballistas; en cuyo entrenamiento el toro parece que jugaba una gran función. Aunque mi teoría sobre el origen de la tauromaquia también nos serviría para entender la sacralización del toro bravo; ya que aquellos uros serían los protectores de las gentes del campo. Un hecho que explicaría por qué durante las fiestas patronales hay que correlos y torearlos. Con el fin de rendir homenaje al totem; pero sobre todo para entrenar a la juventud y a los militares del pueblo, logrando así la protección y seguridad del lugar.
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6º (III) - DE CÓMO SE SUCEDIÓ LA VICTORIA, GRACIAS A LOS TOROS QUE BAJARON POR PUENTES EN SIMANCAS Y TORDESILLAS:
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Regresando al texto de Tuy, este termina narrando el modo en que esos signos obscenos enfurecieron al enemigo. Quienes oyendo los gritos de “Sí mancas” mientras todos reían realizando “cortes de mangas”, y viendo a los “siete de Mota” en taparrabos, haciendo tales gestos; se fueron hacia ellos con intención de aniquilarles. Cargados de rabia, se dirigieron todos hacia la pasarela, sin darse cuenta que del otro lado ya entraban los toros. Por lo que aquel paso hecho en madera comenzó a batirse como un barco, pese a que estaba fuertemente reforzado con talanqueras; para que las reses no pudieran darse la vuelta ni cayeran al río. Así, sobre todos ellos se venía una primera punta de doce bravos guiados por ocho mansos, que pronto llegaban hasta la margen opuesta del río. Momento en que “los siete de Mota” saltaron al agua, logrando evitar los morlacos y nadar con facilidad hasta la otra orilla -gracias al revuelo y a la confusión que las reses produjeron entre las hordas contrarias-. Pese a todo y ante tal situación, los soldados de Abderramán no llegaban a apercibirse del peligro que se les venían encima y la mayoría siguieron intentando cruzar el puente, llenos de cólera.
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Antes de que los sarracenos llegaran a pisar aquel paso de madera, los primeros toros ya lo habían superado, alcanzando el otro lado del Pisuerga y atropellando allí a todo el que le ponía frente. El primer choque entre guerreros califales y las reses, fue terrible; tanto que hizo retirarse de la entrada de la pasarela a cuantos hasta ella se habían llegado. Retrocediendo casi todos, al verse muchos malheridos. Pero aquello no había hecho más que comenzar, pues al tiempo bajaban otros doce uros salvajes, que corridos por los mozos de Simancas y guiados a toda prisa por los caballistas, volvieron a cruzar; llegando a lado de los sarracenos y volviendo a causarles tremendas bajas. La misma operación repitió al menos en veinte ocasiones seguidas; y los más de doscientos toros que habían pasado al campo contrario se vadeaban por doquier y como querían, por esa zona de los cordobeses. Siendo más feroces cuanto más les dirigían los musulmanes sus saetas y cuanto más venablo les lanzaban. Atacando bravos y mansos cuanto se moviera de forma enloquecida, en aquel llano donde se había establecido el ejército y el cuartel de Abderramán.
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El califa tomó la decisión de retirarse rápidamente hacia Portillo; para lo que tuvo que huir dejando en aquel valle cuantas pertenencias había traído. Escapando así Abderramán a toda prisa, logrando tan solo salvar la vida -ver cita (25) en la que hemos descrito el modo en que recogen las crónicas medievales este hecho-. Mientras, algunos de sus mejores generales veían atónitos cómo los castellanos colocaban otras dos pasarelas más y comenzaban a lanzar toros desde aquellos nuevos puentes que habían situado al Este de villa de Simancas (con la intención de que los cordobeses no se dirigieran hacia Valladolid). Debido a ello, los sarracenos tocaron retirada del lugar, intentando salvar al máximo sus huestes; pero ordenaron a sus mejores guerreros ir hacia Tordesillas, con la seguridad de lograr pasar por allí el Duero y atacar a los castellanos en sus tierras. Aunque los del rey Ramiro ya habían previsto que los contrarios se dirigirían en esa dirección, por lo que tenían allí preparadas más pasarelas -escondidas y que no extendieron hasta no ver acercarse al enemigo-. Fue así como al observar que llegaban los sarracenos a orillas de Tordesillas, colocaron los pasos y volvieron a tirar más toros hacia ellos. Además, como habían tenido más tiempo y menos que ocultar en esta ocasión; lograron levantar puentes de madera con tal tamaño, que los caballistas podían guiar ya las manadas de morlacos casi hasta la misma orilla contraria -regresando los jinetes de inmediato, para hacerse con más vacadas y echarlas otra vez hacia aquellos-.
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SOBRE ESTAS LINEAS Y ABAJO: Dos fotos más de Simancas. Arriba, el alto de la villa, tal como vemos cuando comenzamos a cruzar el río en la dirección que intentaron hacer los de Abderamán -desde el puente viejo-. Abajo, vista de la población desde el llano donde se situaron los cordobeses; antes de acceder a las orillas del Pisuerga.
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AL LADO Y ABAJO: El Duero a su paso por Tordesillas. Junto a estas lineas, la zona después del puente del la vega. Como podemos observar en esta parte del río se acumulan arenas y la profundidad del Duero es menor; pudiendo ponerse allí pasarelas en época medieval. En la foto inferior, el puente de bajada a la Vega del Duero, por donde corrían hasta hace pocos años el famoso Toro de la Vega (seguramente en recuerdo de estos torneos y luchas en “la marca” durante La Reconquista).

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Dice la historia que en total les soltaron más de mil doscientas cabezas de ganado en cada punto; cien docenas en Tordesillas y otras tantas en Simancas (la mayoría bravas). Todo lo que hicieron durante una mañana, pues antes de que fuera medio día los cordobeses ya habían huido de las márgenes del río. Viendo como su zona estaba poblada de bestias feroces, que a todos embestían y a nada obedecían. Allí perdían las horas para llegar a matar un solo morlaco, que se escapaba entre las zarzas y los árboles, atropellando a todo el que se pusiera en su camino. Y mientras intentaban acabar a lanzazos con aquellos invencibles enemigos, los toros derribaban o mataban a los mejores caballos y a los más fieros caballeros califales. Pues los castellanos hasta habían adiestrado a muchas reses en “su querencia y resabio”. Ya que días antes de soltarlos, habrían enseñado a las bestias a embestir; toreando previamente a los astados más grandes, para que aprendieran y desarrollasen en el instinto de atacar. Porque como es sabido, todo morlaco “resabiado” es doblemente peligroso. Y así fue como muchos de los que se prepararon para llevarlos hasta los puentes y arrojarlos contra el enemigo. Durante los días previos, se habían entretenido en rejonearlos e incitarlos al embiste; “llamando torneo” a ese toreo a caballo” que ejecutaban con enorme maestría los caballeros de las zonas cercanas a este paso del Duero. En especial los de Santibáñez de Mota, los de Wamba, Tiedra, Toro, San Román de Hornija, Tordesillas y Simancas -de ello que los sarracenos quisieran humillar a tan valerosos caballeros, pidiendo la entrega de doncellas en estas poblaciones- (26) .
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Los destrozos que iban haciendo aquellas vacadas sobre las huestes califales eran terribles y pese a ello, los valientes soldados de Abderramán no se rendían ante aquellos miles de uros soltados desde Tordesillas y Simancas. Muy al contrario, incluso decidieron pasar el Duero por la zona que ellos llamaba de los Godos (Gotoro; la actual ciudad de Toro) deseando llegar hasta el mismo León y dar un escarmiento a los reyes cristianos. Así tomaron dirección al Oeste bordeando el Duero, aunque tras haber avanzado una legua y media (unos diez kilómetros), al llegar al pueblo llamado Pollos, dijeron algunos andalusíes sentirse ya como gallinas -de allí el nombre de esta población, según dice el manuscrito de Tuy- (27) . Pues a la altura de este punto próximo a San Román de Hornija y Castronuño; no solo se encontraron pasarelas por las que les lanzaban reses bravas. Sino vieron todo aquel campo poblado de vacadas salvajes. Manadas de astados tan bravos como altos y que por allí pacían a sus anchas; habiendo centenares de morlacos también en el otro lado del río, los que iban manejando muchos mayorales castellanos, con tanto acierto como virtud.
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IMAGEN ARRIBA Y ABAJO: De nuevo, zona de los puentes del Pisuerga en Simancas (foto superior) y el Duero en Tordesillas (bajo estas lineas). En ambos casos podemos observar que existe frente a estas ciudades un “paso” fluvial, que permitiría realizar pasarelas, todo lo que sería un elemento de riesgo en los tiempos de la Reconquista; cuando la marca de frontera se pone por Alfonso III en este punto (hacia el 910). En tal situación, la defensa con toros hubo de ser la mejor forma de “vigilancia” de estas márgenes del río. Todo lo que explica la “especial afición” por la tauromaquia y los encierros en esta zona de la Ribera del Duero.
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Al LADO Y ABAJO: Otras dos fotografías del río a su paso por Tordesillas. Junto a estas lineas podemos ver cómo el Duero, antes de llegar a esta ciudad, contiene un amplio caudal (aunque luego se reduce). En la foto inferior, tenemos la subida al puente de la Vega, por donde bajaban al toro antaño. En la imagen vemos una señal que indica aquella vía como perteneciente a una Cañada Real. Caminos de la trashumancia de origen neolítico, que dieron lugar a las vías de mercado y transporte de ganado durante la Edad del Bronce y del Hierro Peninsular. Pasando a ser finalmente el trazado de la mayoría de las calzadas romanas. Esas Cañadas Reales se convirtieron en los posteriores caminos durante la Edad Media (especialmente los de La Mesta), y fueron heredados como rutas principales ya en la Edad Moderna. Llegando hasta nosotros como el trazados de muchas de las carreteras, durante el siglo XX (de ello que el eje Tordesillas, sea uno de los más importantes para las vías de España).
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Narra el manuscrito que seguimos, el modo en que los mencionados caballistas castellanos, ayudados por gentes a pie; conseguían que nunca les embistieran a ellos las reses y que avanzasen hacia el enemigo. Sabiéndolos manejar con tal acierto, que lograban mandar a esas bestias salvajes pasar al otro lado, justamente por donde los sarracenos querían hacerlo. Guiando a la perfección el ganado salvaje hacia los puentes levantados y por las zonas en donde el Duero tenía menor profundidad (28) . De tal manera, desde Pollos a San Román, los morlacos seguían cruzando el cauce, precisamente por donde intentaban los cordobeses entrar a Castilla. Por todo ello, los valientes de Abderramán III ya sentían tanto miedo de pasar al otro lado que “temblaban como pollos” (…) “allende en Pollos y de allí su nombre” -dice textualmente el manuscrito-. Pues el otro lado del río se veía poblado por los peligrosos animales que los mayorales y los caballeros manejaban a sus anchas.
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Finalmente los cordobeses se retiraron de allí, abandonando el este lugar del Duero frente a San Román y que por ello fue llamado luego Villafranca (29) . Dirigiéndose de nuevo hacia el Oeste, bordeando el río; para realizar un último intento de incursión. Pretendiendo penetrar a Castilla subiendo por los barrancos de Toro (sitos a otra legua y media más -a unos diez kilómetros-), pero antes de que llegaran a este destino fueron recibidos del mismo modo por las gentes del otro lado del Duero. Así, viéndose de nuevo rodeados de bestias feroces que no podían dominar ni superar; decidieron finalmente regresar hacia Portillo, o bien buscar la retirada si no encontraban al califa y a su ejército en aquel altozano -donde se habían establecido durante todo el mes de julio-. En ello, pronto les llegó un emisario que les ordenó no ir hacia Portillo, ya que los vallisoletanos habían avanzado hasta ese punto; advirtiendo que Abderramán iba ya marchando hacia tierras de Segovia, para intentar regresar desde allí a Córdoba (a través de Gormaz o por Medinaceli).
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SOBRE ESTAS LINEAS Y AL LADO: Arriba, mapa de las incursiones de Abderramán III, del 3 al 4 de agosto de 939 -según el manuscrito de Tuy-. En verde, el lugar donde se establece durante julio (Portillo), desafiando a los cristianos. En amarillo, los ataques durante los días 1 al 4. En azul, zonas de rechazo (con toros) y el intento de los soldados califales por internarse en tierras castellanas, tras ser reprimidos en Simancas. Habiendo procurado pasar el Duero, primero por Tordesillas y luego por zonas cercanas a Toro -según dicta el manuscrito de Tuy-. En morado, la retirada de Abderramán, junto a Portillo y la de sus ejércitos, tras la derrota de los barrancos (la victoria de Fernán Gónzalez en Al-héndiga, en los textos medievales). Junto a estas lineas, un dirham del califa de Córdoba.
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ARRIBA Y AL LADO: En la foto superior, ganado bravo suelto, tal como pace actualmente en las cercanías del Duero, junto a Castro Nuño (población que vemos al fondo). Al nuestro lado, cartel de anuncio con las próximas corridas de recortadores en Íscar (muy cerca de Portillo y de Cuéllar). La tradición de toreo a pie y a caballo debemos remontarla a estas lides y a las batallas que libraron con ese ardid los íberos (primero) y más tarde los habitantes autóctonos -durante la Edad Media-. Al parecer, la última referencia existente de una defensa hecha con “hordas de toros” manejados por población civil; se documenta en las Islas Terceras (situadas junto a las Azores). Donde los lusitanos que las habitaban se negaban a que los barcos de Felipe II desembarcasen, tras haber sido elegido aquel monarca rey de Portugal (coronado como Felipe IV, tras la muerte de su sobrino Sebastián de Avis).
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ARRIBA Y AL LADO: Sobre estas lineas, los campos de Castronuño (población que se observa en el horizonte). Al lado, el Duero desde las zonas del valle de Castronuño, camino de Pollos.








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6º (IV) – DE LA DERROTA DEL REY ANDALUSÍ QUE DEDICÓ EL RESTO DE SU VIDA A LAS ARTES:
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Termina narrando el manuscrito tudense el modo en que huyeron del Duero las huestes y el califa. Unos, retrocediendo directamente desde Simancas, para acompañar y proteger a Abderramán en su vuelta. Y los demás, tras intentar pasar el río por varios puntos, sin lograrlo. Así se separaron en dos los ejércitos los cordobeses, en el valle del Pisuerga y una parte se retiró tan pronto como pudo desde Simancas; dirigiéndose hacia Cuéllar, con la intención de llegar desde allí a Gormaz (la gran fortaleza califal sobre el Duero). Aunque en las cercanías de esta ciudad segoviana les estaban esperando los Aquilianos; mozárabes -de procedencia tordesillana- y a quienes ya había advertido Ludovico el Chico. Por lo que aquellos cristianos que vivían en territorio de condominio árabe, se habían hecho igualmente con multitud de cabezas de ganado salvaje. Encerrándolos en cercados y colocándolos en las cercanías de los caminos principales hacia Cuéllar.
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Cuenta el cronicón cómo cuando les dieron aviso de que Abderramán y los suyos volvían de regreso usando las vías próximas a su pueblo; aquellos “alquilianos” comenzaron a soltar secretamente los uros que habían preparado. De los que se dice eran al menos sesenta docenas (más de seiscientos) y que dejaron a sus anchas en las proximidades de las vías que iban a cruzar los cordobeses. Luego, corriéndolos junto a otros mozos de Cuéllar; los fueron llevando hacia los andalusíes. Quienes inesperadamente se encontraron con estas manadas gobernadas por algunos valientes mozárabes. Debiendo huir las huestes califales igualmente de la zona, cambiando su rumbo; al pensar que desde allí también les podrían soltar muchos más toros salvajes.
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ABAJO: Vista del castillo de Cuéllar, donde narra la leyenda fue cortada la retirada de los cordobeses, echando sobre ellos toros bravos. En este pueblo dice el texto de Tuy que se corren los encierros desde tiempos de la batalla de Simancas, porque se instituyeron como entrenamiento para evitar que les invadieran; sabiendo los mozos dirigir y lanzar toros contra todo aquel que intentase entrar en la población. Acerca de la antigüedad de los encierros en Cuéllar ver cita (29b) donde recogemos las palabras de Juan del Águila, que nos dice como: “En 1215, siendo obispo de Segovia Geraldo, se realizó un sínodo ya que el episcopado tenía problemas con los laicos y eclesiásticos de algunas circunscripciones de la diócesis, concretamente con la de Cuéllar, Coca, Sepúlveda y Pedraza. El sínodo dicta una serie de artículos que regulan la vida y el comportamiento del clero; en concreto el quinto artículo prohíbe a los clérigos que jueguen a los dados y asistan a juegos de toros”.
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Sobre este episodio, añade el texto de Tuy que muchos de aquellos valerosos corredores que dirigieron los morlacos contra las hordas del califa, fueron apresados y muertos por los enemigos. Quienes en su rabia de no poder acabar con los uros silvestres, arremetieron y persiguieron a los jóvenes que los habían guiado hacia ellos. Por todo cuanto escribe el texto tudense, que se instituyeron allí los encierros, en memoria de aquellos y para honrar a esos valerosos el día de su patrona. Aunque también comenta, que sobre todo se hacían aquellas corridas, para entrenar a los lugareños a llevar reses y a gobernarlas. Evitando así que nadie pudiera dañar la ciudad (fuera moro o cristiano), logrando con ello que no se atrevieran a entrar extraños en Cuéllar; temiendo siempre a los mozos de ese lugar y al arte que tenían para manejar las más peligrosas reses.
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Unos encierros de Cuéllar, de los que sabemos son los más antiguos del territorio y de los que según comenta el manuscrito que resumo, fueron instituidos en memoria de quienes ayudaron tras la batalla de Simancas. Pero sobre todo para entrenar a la población, con el fin de que supieran manejar vacadas silvestres y echarlas contra posibles enemigos. Una fórmula de defensa muy eficaz por entonces, pero que acabaría con la aparición y difusión de las armas de fuego (tras el siglo XVI y XVII); cuando los ejércitos tenían ya arcabuces y mosquetes capaces de acabar con un uro de un disparo.
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Asimismo sigue el escrito de Tuy narrando como la otra parte del ejército sarraceno, decidía volverse tan solo dos días más tarde, haciéndolo desde Toro. Intentando regresar a Córdoba también por Medinaceli o por Gormaz. Aunque al saber del ataque con hordas de toros recibido en Cuéllar por los que acompañaban a Abderramán; propusieron cambiar la ruta marcada. Así desistieron en seguir cuanto los emisarios del emir aconsejaban y directamente bajaron hacia Santa María de Nieva. Pero allí también Ludovico el Chico había puesto en guardia a los mozárabes, para que no les dejasen entrar. Pues sabiendo que los cordobeses regresarían de seguro vencidos, les advirtió de que cometerían todas las atrocidades que comúnmente realizaban mientras se retiraban, tras una derrota. Siendo así, los amigos de ese motano Ludovico Levy, prepararon también muchas docenas de toros, que guardaron en cercados y que soltaron al ver de lejos al ejército califal. Empujándolos hacia ellos con silbidos y con el manejo de los mansos; mientras algunos también corrían ante aquellos, para animar a las reses bravas que se abalanzasen sobre los enemigos. Allí, se vieron obligados los cordobeses a retroceder y a marchar hacia donde no querían, llegando hasta tierras de Osma. Donde se sabe que el conde Fernán Gónzalez tenía preparado sus ejércitos, para hacerles caer en la última trampa y cercarles en el barranco de Calatañazor.
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ARRIBA Y AL LADO: Dos escenas taurinas en el claustro románico de Santa Ma. De Nieva. En la primera (arriba) parece que vemos a un individuo cazando toros valiéndose de un perro. En la segunda, un hombre se esconde y burla un morlaco, metiéndose entre los matorrales. Podemos observar cómo tras la enorme res, se representa “el árbol de la vida”; seguramente simbolizando el poder genésico de este totem; un bóvido salvaje que significaba la fertilidad, la masculinidad y la valentía.
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ABAJO: Suelta de toros en Mota del Marques a comienzos de Septiembre (para celebrar La Patrona). Narra el texto tudense que tras la llegada de los siete de Santibáñez, instituyeron en esta población una fiesta para rememorar la victoria en Simancas, lanzando reses bravas contra los enemigos. Aún se sigue celebrando esa festividad, en fechas próximas al día de la Virgen de Castellanos (hacia el 8 de Septiembre). En la imagen vemos a varios motanos toreando las vacas, mientras al fondo un japonés que asistió a las fiestas, ensaya este arte. De ello el gesto de los dos chicos que en primer término, en la fotografía.
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Sigue el texto de Tuy mencionando cómo para los andalusíes las pérdidas de hombres y de armas fueron inimaginables; hasta el mismo Abderramán estuvo a punto de morir varias veces aquel día cuarto de batalla. Habiendo peligrado su vida en los encuentros entre hombres y toros, donde los animales provocaban tal incertidumbre a los soldados; que muchos de ellos preferían correr y desobedecer a sus mandos, antes que enfrentarse a una manada de estos uros salvajes. Finalmente, el califa logró llegar a Córdoba y cuando lo hizo vio con sorpresa que algunos de los generales que había mandado hacia Toro, para a pasar el Duero, estaban ya allí. Pues antes de caer en la trampa de Calatañazor, hubo quienes lograron zafarse de los ataques en la retaguardia, gracias a unas mujeres que encontraron en una posada -a mitad de camino; entre Santa Ma. de Nieva y Septembúlica-. Al huir por un lugar llamado Burgomillodo, donde habitaban unas meretrices que a cambio de dinero, ayudaron a pasar a esos andalusíes que escapaban de Fernán González. Por ello, la montaña por donde les liberaron se llamó “Guarradama”; aunque más tarde y por lo grosero del caso, pasaron a decirle este puerto segoviano, el de “Guadarrama” (29) .
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Así fue como Abderramán, no pudiendo soportar aquella derrota, decidió juzgar a estos mandos que regresaron a Córdoba; entre los que se encontraban sus mejores generales. Y tras ordenar su pronta ejecución; jamás volvió a ocuparse de guerras, ni quiso pisar un campo de batalla (30) . Sufriendo desde entonces etapas de melancolía y de enorme tristeza; que se sabe, suplía bebiendo vinos (todo lo que era considerado una afrenta por muchos de sus súbditos). Pese a ello, consiguió convertirse en uno de los monarcas más cultos e inteligentes que han gobernado nuestras tierras. Diciendo el manuscrito de Tuy, que habiendo visto las artes que los cristianos realizaban con los toros, instituyó en Sevilla un batallón de nobles a caballo; para que practicasen y aprendieran a guerrear con reses bravas, del mismo modo que había visto hacer en el Duero. Y que de allí nacerían las maestranzas, donde los caballeros andaluces aprendieron siempre el arte del rejoneo como forma de entrenar para la guerras. Finalmente, sabemos como cierto, que Abderramán III decidió dedicarse a las artes y a crear uno de los palacios más bellos que hubo en nuestras tierras: Medina al Zahara. Una maravilla del arte andalusí que tristemente fue destruida por los cristianos cuando ocuparon Córdoba.
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ARRIBA Y AL LADO: Montaje de varias fotos donde podemos observar lo que se divisa desde al alto de Portillo. Un altozano que permite ver centenares de miles de hectáreas y vigilar hasta más allá de cien kilómetros a la redonda. Al lado, cartel con algunos pueblos que rodean y se ven desde Portillo, tal como se exhibe en la torre el su castillo (agradecemos al ayuntamiento e institución que mantiene el castillo de Portillo, nos permita divulgar la imagen de este cartel).
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El texto tudense termina hablando acerca de los “siete de Mota”, narrando que aquel jefe de las mesnadas llamado Indalecio Doménico (apodado Macho), finalmente contrajo nupcias con su amada -la bella novicia de las clarisas-. Del mismo modo, Ludovico el Chico pudo casarse con aquella otra bella doncella, que había traído de los lejanos mares. Mencionando también que los siete fueron recibidos como héroes a su regreso de Simancas, tras haber logrando salvar a las mujeres del destino de entrega a los andalusíes. Instituyéndose así en Santibáñez de Mota una fiesta que se celebra cada primera semana de septiembre y que consiste en correr toros para rendir memoria de todos ellos.
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Narra para finalizar que aquel zamorano al que llamaban Macho (Indalecio Doménico) logró ser infanzón y que con los galones obtenidos tras la batalla de Simancas regresó a su tierra. Donde pudo invitar a establecerse en la zona de Santibáñez -bien conquistada y bien protegida- a la órden de caballeros a la que pertenecía (sin mencionar nombre alguno de institución, que por su antigüedad sería previa al Temple y a San Juan). Siendo así como llegaron desde Zamora los caballeros que fueron repoblando este área del Duero, que instituyeron uno de sus principales prioratos en Wamba (31) . Al estar allí la tumba del rey godo y por verse rodeada de tierras tan ricas como fértiles.
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Concluye por último el manuscrito tudense, narrando cómo este zamorano llamado Indalecio Domenico (Macho) realizó el camino de Santiago para agradecer al apóstol la victoria. Llegando también a Tuy y regalando al final de la peregrinación una cabeza de toro hecha en piedra, a la primera parroquia de la ruta jacobéa sita junto a su pueblo. Un presente que hizo a la iglesia de Mombuey para rememorar los milagrosos toritos del llano de Santiago; donde colgaron esa testa de uro en la entrada del templo, tal como se hacía en Villalcampo (de donde sabemos era originario Macho). Aunque al reformar esta iglesia dos siglos más tarde, los caballeros templarios quisieron ponerla en lo más alto, y por ello ese torico sigue colocado en la torre del campanario de Mombuey. Escribiendo el manuscrito tudense para terminar, que aquellos mismos caballeros del Temple, también pagaron y mandaron poner otro capitel -a su imagen y semejanza- en la catedral de Tuy. Entregando a su vez a esta Seo, una copia del cronicón que hemos leído y resumido.
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ARRIBA Y AL LADO: Sobre estas lineas, el capitel del que habla el texto tudense, en el interior de la catedral (agradecemos a la catedral de Tuy nos permita divulgar la imagen). Al lado, el campanario de Mombuey, con la cabeza de toro de la que habla el texto.











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ARRIBA Y AL LADO: Dos fotografías del interior de la iglesia de Wamba; que fue tumba de Recesvinto y lugar donde se proclamó -y quizás se enterró- el rey godo de igual nombre (agradecemos a esta parroquia nos permita divulgar nuestras imágenes). Arriba, una columna en la salida hacia el claustro (hoy destruído), de posible origen visigodo. Su desgaste y estilo nos hace pensar que pueda ser un resto de la época de los reyes godos. Al lado, lápida con una cruz de tipo asturiana, fechada en el siglo X (en la época de la batalla de Simancas). La tipología de esta cruz y su datación hace posible que se colocara en esta iglesia de Wamba para conmemorar la victoria sobre Abderramán III.
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AL LADO Y ABAJO: Otras dos fotos del interior de la iglesia de Wamba (de nuevo agradecemos a esta parroquia nos permita divulgar nuestras imágenes). 
A la izquierda, un capitel también del siglo X (igualmente en la cabecera de la iglesia); todo lo que indica que en esta época de la batalla de Simancas hubo reformas y mejoras en el templo. 
Abajo, imagen de la espectacular arcada mozárabe en el interior de la iglesia; contemporánea a la etapa de la que hablamos.



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D) CONCLUSIONES AL MANUSCRITO DE TUY:
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El “cronicón” tudense que hemos recogido y resumido, sin duda alguna es un texto apócrifo y ajeno a la época de la que nos habla -muy posterior a la datación que desea mostrar-. Aunque al mencionar hechos como el de la cabeza del toro en Mombuey, o al hablar de los templarios y del capitel de la catedral de Tuy; desea hacernos ver que el texto fuera una posible compilación de obras perdidas, escritas por el obispo Lucas (“el tudense”). Cuyos textos sobre el pago de doncellas a los sarracenos sabemos que datan del siglo XIII. Pero nada hay de coetáneo a Lucas de Tuy, en cuanto este manuscrito narra. Tanto es así, que yo me atrevería a fecharlo en época romántica, sino fuera porque a mi entender habría que considerarlo una obra ecléctica muy posterior. Pese a ello, no es un texto que carezca de interés, ni mucho menos una crónica sin documentación; pues cuanto va relatando está perfectamente descrito y documentado -cargado de datos y referencias históricas bien concordadas-. Tanto es así, que a continuación vamos a resumir y a tratar de las aportaciones que este manuscrito de Tuy pueda ofrecernos -ordenadas conforme cuanto narra- :
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a) Acerca del pago de las doncellas en Simancas:
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No cabe la menor duda de que los análisis y fechas que aporta son bien ciertos; al situar los hechos en tiempos de Abderramán III. Pues la leyenda de “Las famosas Asturianas” comúnmente se ambienta en la época de Abderramán II y Ramiro I; sin fundamento histórico. Al no haber dato alguno para considerar que estos dos reyes se enfrentasen en Simancas: ni menos, para creer que durante el mandato del asturleonés, hubo obligación de pago de doncellas. Siendo así, es mucho más lógico pensar que la historia de las siete hijas de esa villa, parte de la batalla de Simancas. Cuando Abderramán III se postró en Portillo, con más de doscientos mil hombres bien armados, para amedrentar a los castellanos. Exigiéndoles pleitesía, junto al pago de todo tipo de tributo, so pena de sufrir una de las peores razzias que su tierra había conocido. Por todo ello, la ambientación en época de Ramiro II parece mucho más cierta que la comúnmente fechada en los años de Ramiro I; un rey que ni luchó en aquella ciudad vallisoletana, ni tenía situada “la marca” más allá del río Órbigo.
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Por su parte, la inclusión de otras seis poblaciones también obligadas al pago (además de Simancas), es consecuencia directa de la leyenda; que narra cómo debían entregarse cien mujeres, cincuenta con linaje y cincuenta del pueblo. De lo hemos de suponer que siete urbes fronterizas aportaban esas cuarenta y nueve hijas, a las que se sumarían otras tantas, descendientes de caballeros. Faltando aún otras dos doncellas, que seguramente se elegirían entre las prole de altas nobles, emparentadas con la realeza y para ser casadas con mandatarios andalusíes. Con este intercambio de mujeres, se evitaban guerras y problemas entre ambos bandos; siendo el mestizaje un hecho tan cierto, que si analizásemos el ADN de cualquier español bien situado en etapa posterior a la Reconquista, no encontraríamos aquel que no tuviera ancestros cristiano-musulmanes o judíos. Aunque la Inquisición fomentará posteriormente aquella falsa categoría del “Cristiano Viejo”, para distinguir a quienes supuestamente no tenían antepasados de otras religiones. Un hecho ciertamente imposible, en una España que se mezcló más que la Sudamérica poscolombina (donde la gran mayoría llevan apellidos españoles). Resultando aquella distinción del “cristiano viejo”, similar a la que actualmente proclaman algunos en este Continente, declarándose “indígenas puros” y precoloniales. Con lo que quieren diferenciarse muchos en Iberoamérica, para afirmar que son ellos los verdaderos dueños de esa tierra; mientras todo descendiente de español o europeo, eran simples invasores.
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SOBRE Y JUNTO A ESTAS LINEAS: Arriba, dibujo mío de un capitel del siglo XV; sito en el palacio de los condes de Requena, en la ciudad de Toro. En este se recrea una corrida de toros. Como podemos observar, a nuestra derecha vemos el morlaco, sobre un hombre moribundo o corneado; frente a este, otro que lleva un estoque y un gran capote (sujetado por una mano, a modo de muleta). Tras aquel, un segundo y tercer personaje parece que invitan a un caballero sobre su montura, para que pase a luchar contra el astado -a nuestra izquierda-. Al lado, portada del interesantísimo libro de Gonzalo Santonja “Por los albores del toreo a pie”, donde vemos el mismo capitel (en foto). A continuación tratamos acerca de los comienzos del toreo y de su relación con estas batallas de iberos e hispanorromanos; que se produjeron hasta en La Reconquista. Pues al llegar la Edad Moderna y las armas de fuego, ya los astados no resultarían un “arma” eficaz para defenderse.
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b) Acerca del toreo; de su significado y sus comienzos en las batallas con “ejércitos” de uros:
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Sin duda alguna, lo más interesante que podemos leer en el texto que hemos analizado, concierne a los albores del toreo, junto al simbolismo y sentido que pudo tener el rejoneo o el manejo de reses bravas a pie. Todo lo que se explica desde un punto de vista militar y estratégico; sabiendo que aquellos que fueran capaces de dominar al toro, podrían usarlo para evitar que extraños entrasen en su territorio (lanzándolos contra el enemigo, cuando este pretendiera allanar sus tierras). Un tipo de defensa y de lucha, que personalmente llevo estudiando desde hace más de treinta años -concretamente desde 1982, cuando hice mi Servicio Militar en Sevilla, donde entretuve mi tiempo libre documentándome sobre tauromaquia-. Treinta y cinco años durante los que he defendiendo cómo ya se llevarían a cabo este tipo de batallas en la Creta de la Edad del Bronce; al menos desde el Minóico Protopalacial (después del 1900 a.C.) y sobre todo en el Palacial (tras el siglo XVI a.C.). Etapa a la que pertenecen palacios como los de Cnossos o Faistos, donde se han hallado multitud de frescos y esculturas que representan a jóvenes saltando sobre morlacos o jugando con el toro -del mismo modo que hacen hoy en día los recortadores-.
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Estas pinturas y figuras palaciales cretenses -de mediados del segundo milenio a.C.- nos recuerdan “demasiado” las artes del toreo a pie. Unas escenas de tauromaquia que asimismo podremos ver en cientos de jarros cerámicos, joyas, sellos, piezas de metal y en infinidad de obras artísticas minóicas, donde el toro es el protagonista. Siendo la forma y tipología del bos allí representado, casi igual a la del toro bravo hispano (o de lidia). Todo lo que nos habla -a mi juicio- de cómo posiblemente, aquellos minóicos que buscaban cobre y estaño en los yacimientos de la Iberia; y que sabemos, arribaron a nuestras costas durante el segundo milenio a.C.. Quizás enseñaron el arte de la defensa con toros a los habitantes autóctonos peninsulares, importando incluso su tipo de bos salvaje. Trayendo hasta nuestras tierras un toro igual al minóico: Musculado, de testa grande pero de alza corta, fuerte y asilvestrado; pero con una tipo encaste que le capacita para ser toreado y dirigido por el hombre -rasgos que apenas otros bovinos tienen-. Pudiendo haber sido importado ese bos desde Creta, para criarlo en Iberia y posteriormente en islas -como las Baleares-. Con el fin de que otros navegantes no desembarcasen en tierras tan ricas en oro, plata, estaño y cobre; como lo fueron las nuestras hace tres y cuatro mil años.
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Ya que -a mi juicio- el uso de morlacos silvestres para proteger las costas, hubo de ser el más sencillo sistema de defensa; al menos durante la Edad de Bronce y hasta que no aparecieron los grandes ejércitos armados con hierro. Un hecho que enseña la razón de los juegos minóicos con el toro; pero que sobre todo explicaría por qué las ciudades cretenses de esta época no tienen murallas, aunque están construidas con un urbanismo laberíntico. Un laberinto que -como el de Cnossos o el de Faistos-, debían recorrer y superar todos los enemigos que desearan entrar en las urbes de Creta así defendidas. Necesitando salvar y luchar contra los toros soltados por las gentes que habitaban esas urbes laberínticas; quienes asimismo tendrían mayorales y “toreros” capaces de gobernar y recoger los astados, cuando el enemigo abandonara la idea de invadir. De tal modo, quienes quisieran atacar a los cretenses, antes de lograr conquistar los baluartes minóicos; deberían cruzar las diferentes barreras de morlacos que los lugareños dispondrían (en cercados junto a las playas y costas, en los caminos y dentro de las mismas ciudades o palacios). Siendo esta mi teoría acerca del origen del toreo en el Egeo y en Iberia. Unos hechos de los que si duda nos habla el mito del Minotauro con su laberinto; del que tan solo Teseo logró salir vivo (tras matar al toro de Minos)
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SOBRE Y JUNTO A ESTAS LINEAS: Arriba y al lado, dos ejemplos de “recortes o de toreo a la cretense”. En la foto superior, anillo llamado de Teseo (micénico, del siglo XV a.C.); hallado en Palka, Atenas -propiedad del Museo Arqueológico de Atenas; al que agradecemos nos permita divulgar la imagen-. Al lado, dibujo mío con un sello de engaste minóico; donde se representa también una “Taurokathapsia” (tauromaquia en la que se atrapa y se salta sobre el morlaco -tal como aún hacen los recortadores y los foçados portugueses-). Este anillo se encuentra en las vitrinas del Museo de Heraklion, y al igual que la cabeza de toro en bronce con oro que vemos bajo estas lineas, pertenecen al periodo palacial (hacia el siglo XIV a.C.) -agradecemos al Heraklion Archeological Museum nos permita divulgar nuestra imagen-. La testa de morlaco cretense en imagen, presenta todas las características del astado español de lidia: Cornamenta larga y astifina, frente ancha y testud cuadrada, morro corto, orejas pequeñas, morrillo fuerte y graso, cuello muy musculado (como debía ser el resto de cuerpo, que por la apariencia no parece tampoco de una res muy alta).
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Pero continuando con lo expuesto y sin necesidad de retrotraernos tres o cuatro mil años; una vez visto que los reyes iberos también usaban este método de batallar (lanzando reses contra el enemigo). Nos será fácil entender cómo ese tipo de luchas y defensa había permanecido entre los hispanos. Quienes durante la etapa de paz romana tan solo jugarían con el toro en los coliseos y en los circos, de un modo semejante como hoy se hace en las plazas. Acerca de los juegos grecorromanos con el astado tiene varios estudios interesantísmos Cristina Delgado Linacero (32) . Pese a ello, es mi teoría que en Hispania el bos silvestre no se usó tan solo para la caza o en los espectáculos circenses -tal como ocurría en Grecia o en Roma-. Pues Iberia no fue del todo un lugar muy seguro (siquiera después de la conquista romana). Por lo que a mi juicio, conservaban ganado bravo en las dehesas, mezclado con el manso; para evitar robos y la llegada de cuatreros (que se sabe era una de las profesiones más apreciadas por los iberos -tanto que Viriato se dedicaba “al noble arte” de afanar toros-). Por lo que estos iberos -luego hispanos-, tan doctos en robar las vacas como en guardarlas y guiarlas; debieron desarrollar ya desde los comienzos de su civilización las artes de guiar, “quebrar” y torear las reses salvajes.
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De tal modo se comprende por qué las tierras hispanas permanecieron plenas de bos silvestres, que no fueron descastadas ni aniquilados, como se hizo en el resto del Mediterráneo. Debido a ello, siglos más tarde y tras la caída de Roma, siguieron conservándose los uros en los bosques peninsulares. Sobre todo con la llegada de los visigodos, al ser la caza de estos toros salvajes un deporte muy amado por los germanos y godos (33) . Así, los del reino visigodo de Toledo se entretendrían en ese arte cinegético, tan apreciado por sus ancestros. Todo lo que explicaría que la zona de Toro y los montes Torozos estuviera repleta de ganado asilvestrado o salvaje. Por lo que el área se llamó primero, monte y ciudad “de los Gotoros” (“góticos”, por las fincas de recreo de los monarcas visigodos); para más tarde pasar a denominase “de los toros” o “torozos”. Cuando el recuerdo de los reyes godos que aquí tuvieron sus villas, se sustituiría por el de las manadas de astados que vivían en esta zona toresana.
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Tal como exponemos, parece evidente que la afición a la caza del uro (entre los nobles de la Alta Edad Media) se iría sustituyendo por la del toreo a pie y a caballo. Algo que sucede cuando se llevarían los astados hasta cercados y cuando se comenzaron a lidiar reses capturadas, en las cercanías de las poblaciones. Unos hechos que a mi juicio iniciaron los militares, quienes sustituirían aquel ejercicio de la caza, por este con el que podían entrenar al equino para la guerra. Generando unas artes ecuestres de enorme valía, en dónde se debía engañar y matar al morlaco, frente a la mirada de todos. Un ejercicio que preparaba al caballo para la guerra y adiestraba al caballero en su montura -tal como vemos en el rejoneo-. De lo que finalmente se pasaría a aprender la tauromaquia montada en las maestranzas y en los regimientos de caballería (como en la de Valladolid, donde se amaestraba y luchaba con y contra, las bestias). Pese a todo, el toreo a pie pertenecería al pueblo; quienes como mayorales, corredores, recortadores y lidiadores ofrecerían a los jinetes un apoyo inmensurable. Pues las reses bravas solo pueden dirigirse a caballo, en campo abierto; porque al entrar en las calles, son los mozos y los valientes de a pie los que logran hacerse con ellos.
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SOBRE Y JUNTO A ESTAS LINEAS: Arriba, otro dibujo mío; en este caso representando una misericordia del coro de la catedral de Plasencia (de siglo XV), donde podemos ver un torero asestando una estocada a un morlaco, ayudado de un gran capote. Al lado, cartel del año 2013 de las Fiestas de Portillo, con una fotografía antigua. Donde se observa cómo corrían antaño los encierros, subiendo la manada casi en pleno campo, por la calle calzada que lleva al altozano. Una escena que, sin lugar a dudas, podría recordarnos las antes descritas en la leyenda que hemos recogido.



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c) Acerca de los toros en la Edad Media: Los estudios de Gonzalo Santonja y Dolores C. Morales y Muñiz:
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Todo cuanto exponemos explicaría la sacralización del toro en España; ya que hubo de ser uno de los mayores totems de ayuda para el pueblo. Quienes pudieron defenderse sin necesitar ejércitos y valiéndose tan solo de vacadas bien dirigidas. Por lo que durante el tiempo de la Reconquista, el uso de reses silvestres hubo de ser el método más sencillo y eficaz para atacar o protegerse. Lo que explica que no haya una fiesta patronal donde no se corra una vaquilla o se toree un buen morlaco.
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Sobre ello, desearíamos recoger algunas palabras e ideas de expertos sobre el toreo en el medievo. Comenzando por Gonzalo Santonja Gómez-Agüero; quien en su precioso libro POR LOS ALBORES DEL TOREO A PIE (34) refiere:
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las corridas de toros como tal se iniciaron mucho antes de lo que tradicionalmente se han venido datando, no está equivocada ya que existen evidencias tales como:
-Ya en el siglo X en el reyno de León uno de sus monarcas provoca una emboscada a uno de los enemigos al trono con un toro bravo, entonces salvaje.
-En un texto de Gonzalo de Berceo, una dueña hace un quite al toro «con la falda del manto»: primer antecedente del capote.
-Ya a mediados del siglo XII Rodrigo Pelayo deja en testamento a la iglesia de Santa María de Wamba (Valladolid) «una tercera parte de mis vacas bravas». Se convierte así en el primer ganadero de reses bravas que conocemos.
-En el Monasterio de Silos, en algunas de sus vigas, ya podemos encontrar escenas con motivos taurinos: hay hombres a pie enfrentándose a los toros, en una mano lleva un arma y en la otra una tela (s.XIV), es decir, ya se usan las telas para engañar al toro.
-A comienzos del XIII, las primeras pinturas taurómacas que hoy se conocen, en la iglesia de Pumarejo, junto a Cuéllar.
- En Silos, hay veintidos escenas de juegos taurinos, donde aparece un matatoros a pie, con capote (los luchadores romanos nunca se planteaban cambiar la embestida de las bestias).
-En la catedral de Plasencia, en la sillería del coro, se puede contemplar una imagen de un hombre matando a un toro. Y este hombre está cruzándose, como lo entendemos hoy en día. Interesante.
-En la capilla Barbazana de la catedral de Pamplona, un mancornador: quizá, un homenaje a tareas vaqueras como los herraderos
-Ya en el siglo XV se mataba de frente y por derecho, y cruzándose. Hay representaciones y evidencias de ello (también en capilla Barbazana de la catedral de Pamplona, sillería de la Universidad de Salamanca y en el capitel del Palacio de los Condes de Requena; en Toro” .
-En este escena de la sillería de la Universidad de Salamanca, vemos un encierro tradicional; en la Catedral Nueva, un puyazo, un corredor cogido, la preparación de la suerte suprema, una guardia de lanceros...
-En un capitel del Palacio de los Condes de Requena, en Toro, una secuencia completa de la corrida, entre los siglos XV-XVI (se trata de la pieza que presenta en la portada de su libro el autor).
-En el Archivo de Simancas, un Memorial de Juan López de Velasco certifica la pasión taurina, pese a las prohibiciones”. -SIC- (35)
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Entre las menciones que hemos referido las que a continuación recojo corroborarían cuanto hemos leído en esta leyenda. Atendiendo a que: “en el siglo X en el reyno de León uno de sus monarcas provoca una emboscada a uno de los enemigos al trono con un toro bravo, entonces salvaje” (...) “a mediados del siglo XII Rodrigo Pelayo deja en testamento a la iglesia de Santa María de Wamba (Valladolid) «una tercera parte de mis vacas bravas». Se convierte así en el primer ganadero de reses bravas que conocemos” (...) “A comienzos del XIII, las primeras pinturas taurómacas que hoy se conocen, en la iglesia de Pumarejo, junto a Cuéllar” (...) “En un capitel del Palacio de los Condes de Requena, en Toro, una secuencia completa de la corrida, entre los siglos XV-XVI” (...) “En el Archivo de Simancas, un Memorial de Juan López de Velasco certifica la pasión taurina, pese a las prohibiciones”.
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Todo cuanto hemos leído en el libro de Gonzalo Santonja, refiere y ratifica los ataques en el siglo X perpetrados por reyes cristianos, echando toros sobre los andalusíes. Tanto como la existencia de ganaderías bravas en Wamba -seguramente en recuerdo de los uros que poblaban los torozos-. El establecimiento en Cuéllar de los encierros más antiguos; y el hecho de que en la ciudad de Toro ya se practicase la tauromaquia a pié en la Edad Media. El autor cita finalmente a Simancas y los escritos que en sus archivos se guardan, entre los que destaca alguno que describe la “pasión taurina” hispana. Un elenco de datos sobre la España Medieval que recoge mucho de lo visto anteriormente, en la leyenda transcrita.
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IMÁGENES, ARRIBA Y AL LADO: Japoneses “toreando” en las fiestas de Nuestra Señora de Castellanos, en Mota del Marqués. Arriba un pase hecho con el pañuelo; al lado, Tomoki Ishizeki recibe el aplauso de los motanos tras hacer un recorte.











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Finalmente, también resumiremos cuanto otra experta escribe acerca del toreo en la Edad Media; aportando Dolores Carmen Morales y Muñiz los siguientes datos (36) :
Las fiestas con toros en la Edad Media hispana o ibérica – también debe incluirse Portugal- tiene dos versiones: las fiestas aristocráticas y las populares lo que se denominaba correr toros y de ambas tenemos ejemplo en el Madrid medieval (...) Los juegos con toros eran muy populares, tanto como entretenimiento de los pequeños como deporte cinegético de los grandes, y no dejaron de celebrarse durante toda la época medieval (...) Entonces, la fiesta de los toros distaba mucho de parecerse a la actual. En la época medieval se alanceaban toros a modo de espectáculo caballeresco en íntima relación con la caza o con la montería –y más tarde coincidiendo con otros juegos como los de cañas- pero también como parte del entrenamiento militar. Siempre eran las corridas la forma preferente de celebrar acontecimientos desde la recepción de embajadores, las victorias sobre enemigos, las fiestas religiosas, las bodas y bautizos reales, e incluso el festejo de la obtención del título de doctor.
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Argote de Molina en su famoso tratado de la montería del siglo XVI escribía que “correr y montear toros en coso es costumbre en España de tiempo antiquísimo” . El origen, por lo tanto, es la caza de un animal, digamos en estado semisalvaje o asilvestrado o simplemente excitado que acomete ante la agresión. Igual que se cazaban osos o jabalíes, se cazaban toros constituyendo una actividad reservada exclusivamente a los nobles y descrita, para el caso del vecino Portugal, en tratados de caza. Se producía esta caza en campo abierto a caballo y con lanza para más tarde evolucionar trasladándose la actividad a cosos cerrados. De hecho la primera corrida de la que hablan los cronistas medievales resulta ser una montería. Es el caso del primer espectáculo taurino oicial, esto es, la famosa corrida de 1144 -Alfonso VII de Castilla- en donde se mataron toros, entre otros animales, dentro de una montería. (...) Las escenas taurinas son relativamente frecuentes en el arte medieval sobre todo en las misericordias de las sillerías de los coros de las catedrales – Toledo, Plasencia, Sevilla, Barcelona, Ciudad Rodrigo o León,- pero también hay escenas taurinas en relieves, retablos, ménsulas y artesonados cuyas escenas han provocado estudios muy interesantes (Torres Martínez, 1994) especulándose sobre el origen de las suertes de una corrida actual –con capas o diferentes armas que se asocian a banderillas, varas o la suerte de mancornar-.
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El festejo taurino caballeresco medieval, por lo tanto, podría tener más similitud con una corrida de rejones que con el espectáculo actual, dado que el toreo de a pie no es medieval aun existiendo la figura de los matatoros caso de la famosa corrida de toros auspiciada por Carlos II de Navarra, en el siglo XIV, con dos matatoros, uno cristiano y otro musulmán. Unos personajes por cierto, marginados –cazadores furtivos, carniceros- cuyo oicio se consideraba infamante básicamente por cobrar, según se comprueba en algunas disposiciones como las de Alfonso X. Los lidiadores, por el contrario, son caballeros, y las personas del común actuaban como subalternos rematando el toro lidiado a caballo. Lo propio era la gratuidad caballeresca. (...) El toreo medieval, por otra parte, era un espectáculo complejo y costoso que ponía a prueba la capacidad de los organizadores y que sólo podía producirse oicialmente (...) En el espectáculo también pueden participar otros animales, caso de la leona que describe la Crónica del Condestable Lucas de Iranzo en el reinado de Enrique IV, o los perros contra bueyes– generalmente alanos- que describen los cronistas de los Reyes Católicos. Algunos autores apuntan a que, la utilización de otros animales en la lucha contra toros así como otras prácticas de la tauromaquia –como la suerte de mancornar- fueron usos introducidos por los musulmanes del reino nazarí, algo que difícilmente podría aplicarse para otros países europeos caso de Inglaterra (...) Las corridas eran el medio elegido por parte de las jerarquías sociales el ejercicio de su poder de modo que sus titulares se sirvieron de la popularidad de las fiestas taurinas para demostrar quien tenía el poder a través de la fiesta y de sus numerosos símbolos” . -SIC (37) -
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A las interesantes palabras de Dolores Carmen Morales y Muñiz querríamos añadir una idea. Como es la de que quizás los musulmanes “inventaron” aquella otra faceta del toreo, con la lucha de fieras, como método de defensa. Al no tener toros salvajes en sus tierras, pero poder traer de África leones y tigres. Pues para ellos sería difícil entrenar -o luchar- con toros, debido a que esta parte Sur de la Península había sido más romanizada; habiéndose desencastado el ganado bravo que antaño poblaba Andalucía. Siendo así, hay que reflexionar sobre en el uso que daban los cristianos a los toros salvajes; que abundaban en la meseta y en otras zonas del Norte, pero de los que en la Edad Media no habría muchos ejemplares en el área meridional (por efecto de la fuerte romanización). Debido a ello, sin toros en el Sur, el único remedio para evitar el ataque de morlacos sería lanzar leones contra las vacadas, para que así unos y otros se enfrentasen. Un método que en la práctica no es eficaz, ya que mientras los toros se pueden guiar con el uso de mansos, por mayorales o con garrochistas. Nadie es capaz de gobernar la voluntad de los felinos; que una vez soltados en el campo de batalla, atacarían por doquier (aunque sobre todo, huirían al verse ensartados y seguidos por los toros). Siendo así, podemos interpretar esa introducción de la “lucha de fieras” aportada por los nazaríes, como un intento de contrarrestar a las hordas cristianas armadas de toros, valiéndose ellos de leones y tigres. Algo que quedaría finalmente en el recuerdo, organizando aquellos combates o cazas, usando felinos.
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IMÁGENES, ARRIBA Y AL LADO: De nuevo, japoneses “toreando” en las fiestas de Nuestra Señora de Castellanos, en Mota del Marqués. Arriba, un pase de capote. Al lado, Tomoki y su “cuadrilla” celebran el éxito obtenido en las fiestas, con su “pase del pañuelico”.











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d) Acerca de las fiestas y festejos populares en la zona (El Toro de la Vega y las Dondellas de Simancas):
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Sobre el Toro de la Vega:
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Terminaremos estas conclusiones a nuestra leyenda de hoy, comentando algunos de los festejos que se celebran en la zona de Simancas; fiestas que pudieron quedar como recuerdo de esas luchas durante la Reconquista. Citando primeramente al famoso Toro de la Vega (hoy ya desaparecido) que era lanzado y lanceado tras correrlo, mozos y caballistas, desde el centro de Tordesillas hasta la vega; llegando a la margen contraria del Duero. En ese paso por el puente hasta la playa, se producía primero “la carrera” (a modo de encierro entre los mozos) para más tarde dejarlo llegar al lado opuesto del río; donde si el astado no llegaba a la vega antes que los caballistas, estos podían lancearlo. Este era en resumen el reglamento de la suelta y torneo del Toro de la Vega; un festejo que a mi juicio recuerda las dos etapas del toreo: Primero en su época más reciente, cuando se lanzaban contra el enemigo las vacadas; algo que claramente elude esta fiesta de Tordesillas, debido a que el toro sale desde la ciudad hacia el campo, cruzando el río. Siendo los demás encierros en sentido contrario; con un recorrido que suele ir desde el exterior hasta la plaza (de toros o al centro del pueblo). En segundo lugar -a mi entender-, este Toro de Vega rememoraría la caza a caballo de astados, llevándolos hacia un batán, donde antiguamente les cogían vivos. Cuando al hundirse la res entre las arenas de una laguna o río, las gentes podían capturarlos (sin peligro). De allí el nombre de “batán” que actualmente damos al lugar donde se guardan los bravos -antes de llevarlos a la plaza-. En recuerdo de las playas fluviales o de las zonas encharcadas, hasta las que hacían ir a las vacadas bravas, para que se enfangasen (quedando allí inmóviles, “batiendo” sus patas, intentando inútilmente salir de esa orilla).
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De tal manera, a mi juicio, el sentido inicial del Toro de Vega fue memorizar aquellos morlacos que se soltaban contra el enemigo; pasándolos al otro lado del Duero y que más tarde habían que capturar. Pues hemos de pensar que una vez lanzadas las reses hacia el bando enemigo y cuando se retiraban los que presentaban batalla; aquellos toros peligrosos pacían a sus anchas por el terreno. Debiendo entonces cazarlas, so pena de que atacasen a las gentes del lugar -o de que incluso volvieran a cruzar el río, habida cuenta la querencia común de los bravos-. Siendo así, el método más sencillo de hacerse con esas reses sueltas, era este de obligarlas a ir hacia “batanes” (orillas de agua) donde sus pezuñas quedaban ancladas en la tierra enfangada.
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Por todo ello, creemos que en origen el Toro de Vega consistiría en soltar el morlaco desde el centro de la villa y llevarlo hacia un batán, en la margen opuesta del Duero. De este modo, dentro de la ciudad y hasta el final del puente, quienes lo corrían eran los mozos a pie; pero al llegar a lado contrario, los caballistas se adueñaban del astado. Debiendo lancearlo tan solo si aquel no se dirigía al batán (la orilla del río), al haber peligro de que se volviera hacia la población o escapase por el campo. Así se entiende bien el festejo y hasta su reglamento, que tristemente tantas veces no se ha cumplido; pues quizá, de haberse llevado bien el toro hacia la vega, siempre habría sido indultado y capturado vivo. Con un modo diferente de celebrarlo (más acorde a lo que eran las capturas de toros antaño) y que hubiera evitado la tristísima situación por la que ha pasado esta preciosa localidad de Tordesillas. Donde a mi juicio no se recordó de todo bien el sentido primigenio de aquel Toro de Vega, cambiando el proceso de llevarlo hasta el batán; por otro, en el que casi siempre la res moría lanceada.
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IMÁGENES, ARRIBA Y AL LADO: Dos fotos de la escultura del Toro de Vega que se conserva en Tordesillas, elevada en el paso por donde se hacía bajar al morlaco. Arriba, la efigie en bronce elevada sobre la carretera desde la que corrían al toro (al fondo podemos ver el río Duero y la vega donde lo dirigían). Al lado, detalle de la misma escultura; cuya basa contiene una placa en la que se representan los lanceros que antaño mataban a la res.








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Sobre las fiestas de doncellas en Simancas y de otras celebraciones de la zona:
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El 6 de agosto y durante las fiestas del Salvador los de Simancas se siguen nombrando las siete doncellas. A mi juicio, la fecha elegida puede proceder de aquellos días 5 y 6 de agosto, en los que conmemorarían la victoria final sobre Abderramán III -quien se vió obligado a huir el 4 de agosto de 939-. Todo lo que explicaría además qué la elección de aquellas “dueñas” se lleve a cabo unos dos meses antes (en mayo); en un acto que denominan el de “jura de doncellas” y que quizás rememora el momento en que los de Simancas se planteaban tener que entregar a sus hijas. Ello -a mi entender- confirmaría que la conmemoración pueda relacionarse con los hechos ya descritos, en la batalla contra Abderramán III y no en tiempos de Abderramán II (tal como quieren recordar). Declarando la guerra Ramiro II al califa, para no pagarle más tributos -entre ellos, la obligada entrega de mujeres-. Todo cuanto narramos además se corroboraría por otra de sus festividades; como es la de petición de ganado. Celebración que se lleva a cabo unos días más tarde (el 15 de agosto) y en la cual los mozos de Simancas “piden los toros” para las fiestas. Siendo esta una costumbre poco común y que quizás nos pueda hablar de usos medievales; refiriendo momentos en que viéndose en peligro los habitantes de ciertas zonas fronterizas, solicitaban a sus pueblos vecinos que les hicieran llegar toros (para lanzarlos contra el enemigo o para colocarlos en la vega del Duero -con el fin de que no les invadieran ni cruzasen los sarracenos al otro lado-).
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Finalmente, añadiremos algunas peculiaridades más de este área, como los peligrosos encierros de Castronuño (antes ya mencionados y también celebrados a mediados de agosto). Donde se corren los toros por calles empinadas, pero cuesta abajo; quizás con el fin de rememorar esos tiempos en los que se lanzaban las vacadas bravas contra el enemigo -de la peor y más peligrosa forma-. Puesto que más lógico sería realizar un recorrido en sentido contrario (subiendo hacia el interior del pueblo); donde los morlacos además no resbalarían, ni caerían contra las gentes que observan el encierro. Por otra arte y siguiendo con las poblaciones mencionadas; en Tiedra existe una tradición curiosa que se llama “la subasta de las corderas”; consistente en que los devotos ofrecen a su patrona ovejas jóvenes, tras haber pagado por ellas una gran cantidad de dinero. Festejo que se lleva a cabo en fechas iguales (hacia el 15 de agosto) y que se denomina “el ofrecimiento” -del que no sabemos si pudiera relacionarse el con la liberación de doncellas, sistituyéndolas por “corderas”-. Para terminar recordaremos de nuevo que las fiestas de Mota del Marqués son las de Nuestra Señora de Castellanos, cuya fecha es el 8 de septiembre. Una Virgen que -como vimos- en la anterior leyenda, procede del estandarte que trajo hasta esta población Fernán Gónzalez. De allí su nombre; pues aquella veneración llegó hasta Mota cuando comenzaba a nacer Castilla -hacia el referido año 939-.
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ABAJO: Mota del Marqués en un atardecer de verano. El camino que vemos en imagen es el de Santiago, desde Jerusalén (que parte de Murcia o Alicante, para llegar a Toledo y tras ello dirigirse hacia Compostela a través de Valladolid). Los montes, al fondo, son los Torozos; antaño plenos de toros.
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CITAS Y DOCUMENTACIÓN HISTÓRICA:
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(1): Según este autor y sobre los maragatos: “hay grandes indicios de que se trata de una antigua unidad social astur con tendencias muy conservadoras” (entre ellas, la famosa “covada” -por la que el padre sufría los dolores del parto-). A pesar de todo, Caro Baroja les supone musulmanes, escribiendo: Si se tiene en cuenta que en latín "maurice" significa a la manera de los moros, y que "mauricus" significa propio de aquéllos, la base "mauricatus" para el nombre de "maragatos" es legítima, pero ésta querría decir "los que han vivido o han estado a la manera de los moros".
Julio Caro Baroja; Los pueblos de España, Madrid 1946 (pag 156).
Existe una segunda teoría acerca del etónimo “maragato”, que afirma como aquella voz nace de que esos nacidos en las proximidades de Astorga eran los que transportaban hasta Madrid el pescado (desde el Norte hasta la capital del reino). De ello, como a los habitantes de la Corte se les llamaba “Gatos”; a aquellos de la zona de Astorga que les traían los frutos del mar, se les llamó “Mar a Gatos”. Esta etimología carece de toda base folológica, por tres motivos principales: Primero, porque la voz maragato o Mauregato es muy anterior a que Madrid existiera como ciudad. En segundo lugar, porque hasta el siglo XVI no fueron llamados “Gatos” a los madrileños, ni esa ciudad fue declarada como capital del reino (recibiendo el pescado del Norte). En tercer término, porque los maragatos no se hicieron famosos como “pescateros del reino” hasta bien entrado el siglo XVII.
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(2): Como ejemplo de este mestizaje diremos que la madre de Abderramán III fue una concubina navarra; que a su vez, la abuela de Abderramán III era la hija del caudillo de Pamplona, Fortún Garcés. Debido a ello, tenía los ojos azules y el pelo rubio. Se teñía la barba de negro, para no extrañar a sus soldados; aunque su origen navarro parece que le hacía guardar gran afición al vino; siendo tachado entre los suyos de impío por su amor a la bebida. Su origen mestizo le convirtió en un rey tolerante con cristianos y judíos, a los que permitió ocupar numerosos cargos en sus gobiernos.
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(3): SOBRE LOS MORAN Y SU MESTIZAJE
Ver en Antonio Castejón.
MORÁN
Origen según Tirso de Avilés”.
Tirso de Avilés, que vivió en el siglo XVI, decía de los Morán asturianos, en su obra titulada “Armas y Linajes de Asturias”:
Los Moranes en Asturias de Oviedo son mui buenos hijosdalgo, y mui antiguos, especialmente en el Concejo de Xixón, y tienen este sobrenombre por línea recta del Caballero de Soelmonte, y quieren decir que tomaron este apellido porque el dicho Cavallero de Soelmonte desciende de un capitán greciano llamado Moranto, descendiente del fundador de la Villa de Xixón, y en la batalla que huvo en Cobadonga cautivó a una hija de un Rey moro, en la qual huvo algunos hijos y como la madre era mora, se llamaron los hijos y sus descendientes Moranes. Estos traen por armas los dichos cinco hierros de lanza color de plata corrientes, con sangre, en campo azul, que antes de la batalla de Cobadonga traía el Cavallero de Soelmonte, de donde dependen. El Blasón se dixo en las de Soelmonte.
También se dice que pintan estos dichos Moranes una águila negra en campo colorado, sobre un yelmo encima de él, sacándole por arriba: Que debió de ser, que en alguna batalla, esta águila debió quitar el yelmo a algún capitán moro por lo que se venció la batalla. De estas dos armas podían escoger los de este apellido las que quisiesen, o poner ambas juntas en un escudo como están aquí; y el blasón del águila con el yelmo es el siguiente:
Es una águila real,
Armas do viven Moranes,
Juntamente con la qual,
Yelmo de grandes hazañas;
En campo lleno de sangre,
Está figurado aquesto,
Por que el águila de presto,
Le sacó con uñas grandes.
Los Moranes de Gijón traen por armas cinco hierros de lanza en campo azul, corrientes en sangre hasta la mitad, y la boca de los hierros cardenales y dorados, el caballero que estas armas ganó fue Ruy Fernández de Solmonte, hijo de Moranto de Gorgeo, el que con el Infante don Pelayo quedó fuera, que no cupo en la cueva de Covadonga con dicho Infante y el que venció a los moros en la batalla que ahí se dio traía antes por armas estos cinco hierros de lanza que en otras batallas había ganado, matando a cinco enemigos de nuestra fe les quitó las lanzas y trajo de ellas cinco hierros como cosa notable, y en señal de gran misterio están en campo de azul y los hierros de plata, que es limpieza, señalados con sangre, que representan cómo este caballero mató estos cinco enemigos y quitó las dichas lanzas, las cuales pintan los Moranes de Gijón, así que estas armas son color sobre metal.
Es de saber que este caballero Ruy Fernández de Solmonte, por dicha batalla de Covadonga, añade a sus armas, más de los cinco hierros de lanza, un manojo de banderas una luna en cada bandera, asidas de un brazo arremangado, que es el temple de estas armas, que son las que pintan y hoy traen por armas los descendientes de este caballero, que se llaman de solar y apellido de Solmonte, y el llamarse Moranes fue que este caballero en aquella batalla gloriosa de Covadonga y en su vencimiento cautivó una hija de un rey moro de los que hay, se hallaban, en quien tuvo algunos hijos, y por varonía descienden dichos Moranes de este caballero y de esta hija de este rey, por lo que los apellidaron Moranes, lo cual sucedió todo en la casa de Labandera; mas los hijos que hubo unos se apellidaron Moranes, y otros Somontes, y otros Moran Labandera, y así los del apellido Solmonte traen por armas el manojo de banderas con las lunas en cada una y con el brazo arremangado y los Moranes los cinco hierros, como va dicho.
Otros Moranes que son de esta descendencia y se metieron a la tierra adentro pintan, más de los cinco hierros de lanza, un águila en campo colorado sobre un yelmo sacándola por arriba; este águila en una batalla quitó el yelmo a un capitán moro y se lo dio a uno del apellido de Moran, por lo cual y por misterio de Dios se venció la batalla. De estas dos armas podrán poner y pintar los de este apellido las que quisieren o ponerlas todas juntas, que aunque éstas y las de Somonte y Labandera se incorporaron todas en unas, se dividieron por haber quedado tres hermanos, y el uno de apellido Moran Labandera, otros Moran y otro Solmonte, y cada un edificó su casa en el Concejo de Gijón.
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(4): FUNDACIÓN IGNACIO LARRAMENDI
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(5): Teófilo de Braga, que ha hecho un ingenioso estudio de esta fábula en el libro que algo pomposamente llamó Epopêas da raça mosarabe (Porto, 1871, páginas 173-207), comienza por advertir muy rectamente que se trata de una leyenda de origen eclesiástico y no popular, forjada a imitación de otras análogas. Entre las condiciones de paz impuestas por Cosroes II de Persia al Emperador Heraclio, se dice que le exigió el tributo anual de mil talentos de plata, mil vestidos de seda, mil caballos y [p. 90] mil doncellas. Esta tradición oriental del siglo VI es la que fué trasplantada a España, y no de una vez, puesto que los historiadores árabes hablan de una tregua otorgada por Abderrahmán I en 759 a los cristianos de España, con obligación de pagarle diez mil onzas de oro, diez mil libras de plata, diez mil caballos y otros tantos mulos, mil lorigas, mil espadas y mil lanzas por año durante un período de cinco. En este tratado, evidentemente apócrifo e inverosímil, puesto que mal podía haber tales riquezas en tiempo de Don Fruela I en el reducidísimo reino de Asturias, ni aun en toda la parte de España no sujeta al yugo sarraceno, no se dice nada de las doncellas : éstas se añadieron posteriormente, aunque en menor número que en el cuento persa, y al fin vino a reducirse a ellas solas el supuesto tributo, cuya fórmula definitiva dió el falsario autor del diploma del voto de Santiago, infamando de paso, no sólo a Mauregato, sino a casi todos los primitivos reyes de Asturias: «Fuerunt igitur in antiquis temporibus (circa destructionem Hispaniæ à Sarracenis factam, Rege Roderico dominante), quidam nostri antecessores pigri, negligentes, desides et inertes christianorum Principes, quorum utique vita nulli fidelium extat imitanda. Hi (quod relatione non est dignum), ne Sarracenorum infestationibus inquietarentur, constituerunt eis nefandos redditus de se annuatim persolvendos, centum videlicet puellas excellentissimæ pulchritudinis, quinquaginta de nobilioribus Hispaniæ, quinquaginta vero de plebe.» . De este modo la fábula del tributo sirvió para apoyar la fábula de Clavijo, y una y otra para cimentar el generoso privilegio de que la iglesia de Santiago vino disfrutando, aunque no sin litigios y controversias, hasta nuestro propio siglo”.-SIC IDEM (4) -
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(6): ”Con esta difusión de tradiciones orales, aunque seguramente tardías, contrasta el silencio de nuestra verdadera poesía popular sobre tal tributo y tales combates. Sólo la musa erudita y eclesiástica de Berceo se ejercitó en el siglo XIII sobre este argumento, versificando el apócrifo privilegio de los votos de San Millán que transporta a Fernán González lo que el de Santiago atribuyó a D. Ramiro:
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El Rey Abderramán, senoor de los paganos,
Un mortal enemigo de todos los christianos,
Avíe pavor echado por cuestas e por planos,
Non avien nul conseio por exir de sus manos.
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[p. 93] Mandó a los christianos el que mal sieglo prenda,
Que li diesen cada anno LX duennas en renda,
Las medias del lignaie las medias chus sorrenda (?):
Mal sieglo aya preste que prende tal ofrenda.
Yacie toda Espanna en esta servidumne,
De esti tributo cadanno por costumne,
Fazie aniversarios de mui grand suziedumne;
Mas por quitarse ende non avíe firmedumne.
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Mucha denna d'alfaya de lignaie derecho
Andavan afontadas sufriendo mucho despecho:
Era muy mal exiemplo, mucho peor el fecho,
Dar christianos a Moros suas duennas por tal pecho.
(Vida de San Millán, estancias 369-374.)” -SIC IDEM (4) -
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(7): “El cap. VII se titula Historia de las siete doncellas de Simancas, y a la letra dice así:
[p. 94] «CAP. VII.— Historia de las siete doncellas de Simancas.
»Queriendo Abderramán, Rey de Córdoba, exigir el abominable tributo que de cien Doncellas había ofrecido a los Moros Mauregato, metad nobles y metad del pueblo, y haviendo enviado a ese fin su Embaxador al Rey de Leon Don Ramiro I.º, viendo éste lo apretado y exausto de su Reyno, i queriendo tomarse tiempo para una valerosa defensa, mandó que por aquel año se repartiesen las cien Doncellas entre los pueblos de sus dominios. En esta triste situación, tocó a la villa de Simancas el entregar siete Doncellas, si acaso no eran de las aldeas o pueblos inmediatos. Los Governadores o superiores de la Villa tomaron el nombre de las que estuviesen en edad de casarse, assí nobles como pleveyas, y poniendo guardas a las Puertas para que no escapase alguna de ellas, hecharon suertes; y llegada la hora de tal desventura, andava toda la gente como fuera de sí, y tan alterada como si fuera día de Juicio, temiendo cada uno que tocase la suerte a su Hermana, Hija o Parienta. Acudían a la Iglesia a hacer votos y promesas a Dios, con muchas lágrimas y sollozos, para que los librase de tal trabajo e infortunio.
»Estava la mayor parte del pueblo presente al sorteo, y quando leyeron los nombres de las que tocó tan infeliz suerte, levantaron los gritos al cielo, viendo una lástima que no podían remediar. Los Ministros de Justicia llevaron a las pobres Doncellas a quienes tocó la suerte al Castillo, donde las depositaron, siendo vanos todos los esfuerzos que hicieron sus parientes para defenderlas, siguiendo sus huellas con alaridos que traspasaban los corazones. Las Doncellas, con la priessa i fuerza que las llevaban, iban a cuerpo, esparcidos los cavellos al aire, todas desgreñadas, los rostros amarillos y los ojos sangrientos de tanto llorar, dando grandes suspiros, porque el mucho dolor las tenía anudada la garganta para dar voces, y el pavor las ocupaba los sentidos. Las Madres iban detrás de ellas, atronando el ayre con voces y lamentos, [p. 95] mostrando tan gran dolor y sentimiento, como si los enemigos entraran y saquearan la villa. Estuvieron aquella noche encerradas las siete Doncellas en una torre del Castillo, revolviendo cada una en su memoria los trabajos que tenían a la vista, sin esperanza de remedio, y destituídas de todo consuelo y alivio; pero como los ánimos generosos suelen en la tribulación estar más ingeniosos y despavilados, subcedió que, siendo una de ellas de más valiente espíritu, y de la que como tal reconocían sus compañeras, levantándose entre todas, las rogó encarecidamente que la oyesen; y reprimiendo su dolor, enjugando sus lágrimas y lanzando un suspiro de lo íntimo de su corazón, las dijo con la mayor gravedad estas palabras:
«Ya sabeis, queridas Hermanas, que nuestra desventura nos ha traído a tiempo que no volveremos a ver nuestra amada tierra. ¡Desventurados Padres, que con tanto regalo criasteis buenas hijas para zebo de los Perros Moros; mejor fuera que de Niñas nos huvierais ahogado en vuestras manos, y no fuéramos a ser despojo de su lascivia, vendidas y vituperadas de los Bárbaros! ¡O Dios misericordioso, no permitáis que estas desdichadas doncellas sean entregadas a los Hijos de perdición, que nos fuerzen a cumplir sus torpes deseos y renegar de tu santa ley! ¡No permitáis, Señor, que se pierdan nuestras Almas; volved por nosotras, y ya que no es lícito quitarnos las vidas con nuestras propias manos, mueve, Señor, la yra de quien sea tu voluntad; que mejor es padecer en breve la muerte, que no esperar tan largo dolor y tan grande infamia! Tiempo nos queda, Hermanas mías, para llorar este daño, y ahora es corto para buscar algún remedio: uno havía bueno, que era la muerte; pero ésta ni los Moros nos la darán, ni conviene tomarla por nuestras manos; y assí lo que me parece es que les quitemos el regalo que apetecen, afeando nuestros rostros, para que assí seamos de ellos desechadas, que más vale quedar con alguna mancha en nuestra tierra, que ir a las extrañas a padecer tal desventura: cortémonos las manos y cavellos, y con heridas y sangre desfiguremos nuestros rostros, y assí quedaremos inhábiles y [p. 96] horrorosas para toda lavor, y creo no será posible que de este modo quieran llevarnos a sus tierras.»
»Aquí, faltándola la voz, cayó desmayada; pero volviendo en su acuerdo, i animándola las demás, que todas aprobaron el precepto, tomaron unos cuchillos que llevaban consigo, i empezaron a cortarse el pelo, herir los rostros, y cortarse las manos por las muñecas, de suerte que quedaron mancas, y para ello unas a otras se animaban y consolaban. A los gritos y sollozos, especialmente de una, que era la más pequeña, despertó el carcelero, el qual, acudiendo a toda prisa al Aposento donde estaban encerradas las halló a todas con tantas heridas y sangre, que las unas estaban desmayadas, y las otras, penetradas del dolor y sentimiento, no sabían qué hacer, ni adonde acudir, con que, dejándolas en su lastimoso estado, fué sin detenerse a contar el subceso a los Juezes. El día siguiente, aun antes de amanecer, ya estaba divulgado por la Villa, acudiendo toda la Gente al Castillo a saber lo que había subcedido: pero llegando a noticia de los Moros que debían recoger las Doncellas, y viéndolas tan desfiguradas i mancas, no las quisieron recibir ni llevar, por estar inútiles y de ningún provecho, y digeron a los que gobernaban la Villa que eligiesen otras con toda brevedad. Esta proposición pareció muy dura a los Magistrados, y assí acordaron que se diese cuenta al Rey, para que mandara lo que debía ejecutarse: y en efecto, despacharon deputados a León, a donde se hallava el Rey Don Ramiro, al qual y a su corte informaron largamente del lastimoso lanze subcedido en Simancas.
»Al oírle, dice Luis Vives que, levantándose entre todos un Obispo, dió un suspiro y dijo al Rey y demás circunstantes: «¿Qué hacemos los Hombres tan sosegados, quando las tiernas Doncellas se ofrecen a la muerte por librarse de tan infame esclavitud, y nos dan exemplo para que volvamos por su honra y por tan justa causa?» A estas palabras todos respondieron que más querían morir como cavalleros que sufrir tan grande afrenta como cobardes, y acordaron que todos los Pueblos se pusiesen en armas, y publicada la guerra, subcedió la memorable Batalla [p. 97] de clavijo, publicada bien a lo largo por todos los Autores antiguos Hespañoles; debiendo notarse, para nuestro assumpto, que muchos cavalleros llevaban por insignia en esta guerra unas vanderas pequeñas en las lanzas, y en ellas pintadas siete manos, en señal de las doncellas que se mancaron voluntariamente en Simancas. También llevaban en un cendal atado a la lanza quinientos sueldos de la moneda que entonces se usaba, porque habiendo ofrecido el Rey Don Bermudo el I.º el pagar a los Moros 500 sueldos por cada una de las cien Doncellas, que su antecesor Mauregato les ofreció, y negando uno y otro tributo el Rey Don Ramiro, decían los cavalleros que allí se le llevaban a los Moros, y que vinieran a tomarle de la punta de sus lanzas.
»De esto nació el honor i renombre que se da a los Hidalgos, de solar conocido —digo—, diciéndose en los privilegios: «Os hazemos hijosdalgo de solar conocido y devengar quinientos sueldos»; como si dijera: os hacemos hijos dalgo para que gozéis la libertad y nobleza que ganaron aquellos nobles que vengaron el tributo de las cien Doncellas, y los 500 sueldos que se daban por cada una de ellas; siendo de esta opinión el doctor Montalvo y Peñalosa, en el libro 4.º, era 1360. Las siete Doncellas que se hicieron mancas, es común tradición de Padres a hijos, que conservaron su virginidad, y se metieron Monjas en el Monasterio de Sta. Olalla, que era adonde hoy Aniago, y en el que están sepultadas con fama de mucha virtud, haviendo hecho mudar el antiguo nombre de Bureba o Gureba en el de Septimancas con que nombran a esta villa el Arzobispo D. Rodrigo, Nebrija, Vasseo, Sepúlveda y otros, y del que ha quedado el de Simancas que hoy tiene. Con el motivo dicho tomó esta villa por armas un castillo en campo azul con una estrella dorada encima, y por orla siete manos en campo de sangre o encarnado de lo que haze memoria Luis Vives en su libro de La Mujer christiana, [1] diciendo:
[p. 98] «Por librarse de Paganos
Las siete Doncellas francas,
Se cortaron sendas manos,
Y las tienen los christianos
Por sus armas en Simancas.»
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»En otro romance viejo se hace memoria de este subceso, y empieza assí:
«En Córdoba Abderramán,
Lleno de gran ufanía...» [1]
»Otro romance hai impreso, que empieza con los versos siguientes:
«El primer Rey que en León
Don Ramiro se llamó,
Al principio tuvo paz,
Y al fin guerra le sobró;
Que Almanzor, Rey Cordovés,
En batalla le venció,
Y le puso en tanto estrecho,
Que grandes parias le dió;
Y en las parias cien doncellas
Dar cada año se obligó;
Las cincuenta hijasdalgo,
Las otras cincuenta no.
El tributo, que era grave,
Mucho tiempo no duró;
Que la villa de Bureva
La su paga defendió
Por no pagar el tributo,
El qual después no pagó,
Que siete Donzellas nobles,
Que para dar escogió,
En la torre de una Puerta
De esta villa acaesció
Que una noche allí encerradas
En llorar se las pasó;
Y al tiempo que amanecía
La una así las habló:
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[p. 99] «Desventuradas doncellas,
»¿Quién en el mundo pensó
»Que para echar a los Perros
»Estáis vosotras y yo?
»¡Oh! ¡La mayor crueldad!
»Que jamás se vió ni oyó!
»¿Qué corazón hubo humano
»Que tal hizo y permitió?
»¡Más le valiera morir,
»Que aceptar lo que aceptó!
»Cortémonos, pues, las manos;
»La primera seré yo...», etc., etc.
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»Sigue despues este Romance, que es muy largo, contando todo el subceso y diciendo que por él se nombró la villa Septimancas o Simancas, dejando el anterior de Bureva...»
Tal es el fundamento tradicional de esta comedia, cuyo interés épico ha reforzado Lope con una intriga de amor interesante y dramática, en la cual brillan los simpáticos caracteres de Iñigo López, de Nuño de Valdés y de su hermana doña Leonor, la prometida de Rodrigo. Luchan en el alma de éste el amor y la gratitud que profesa a su generoso enemigo el moro Abdalá, enamorado también de Leonor por su retrato; y aunque esta competencia no sea nueva en el Teatro de Lope, ni muy ingenioso el medio de prepararla, son tan nobles los afectos, tan caballeresco el estilo y tan dulce la versificación, que esta parte, episódica y romántica, contrasta de un modo feliz con el áspero y trágico vigor del desenlace, sin desvirtuar su fuerza”
-SIC IDEM (4) -
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(8): -SIC IDEM (4) -
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(9): ASÍ NARRA Y DESCRIBE ESTOS HECHOS PILAR MARTÍNEZ FERNÁNDEZ EN:
Simancas, las huellas de su leyenda
el rey Ramiro más guerra sino paz, decidió cumplir con el tributo, más el pago era grave pues no se trataba de dineros ni salarios sino de cien doncellas de todo su reino cada año.Pero bien es sabido que, una cosa es lo que manda un rey y otra bien distinta lo que debe acatar su pueblo y he aquí que en esta ocasión, el rey cristiano pese a no querer soliviantar al emir moro ni querer más guerras, habría de enfrentarse de nuevo a él pues, aunque aceptó, efectivamente, dar tal contribución con cien jóvenes doncellas de todo su reino, no lo aceptó así la villa de Bureva que al saberse proveedora de tal tributo con sus doncellas, decidió rebelarse y poner fin a tan vil impuesto. Así pues, es menester contar los hechos tal y cómo acontecieron.
A la villa le llegó el requerimiento de siete de sus doncellas, el número de muchachas que en equivalencia les correspondía de las cien que se requería.Las autoridades lo hicieron saber al pueblo siendo pedidas a tal efecto y para posterior sorteo, hermanas, hijas y parientas en edad de casamiento.Conocidos los insidiosos deseos del rey moro con sus honrosas doncellas, la aflicción se apoderó de las gentes y el temor corrió por las calles y casas de Bureva pues en casi todas había una joven doncella que podía, pobre de ella, ser requerida y sorteada.Para evitar huidas, en las puertas de las casas de jóvenes casaderas, se aposentaron centinelas hasta el día del sorteo mientras los parientes, padres, madres y hermanos acudían a la iglesia para pedirle a Dios que librara de tan miserable destino a quien con tanto desvelo guardaban en casa.Pero como a todo requerimiento le llega el momento de cumplir con lo requerido, llegó el temido día del sorteo y en la plaza todos se reunieron para escuchar de las autoridades los nombres de las siete doncellas.Siete salieron y siete nombres se escucharon con temor:Leonor, Lucía, Laura, Eva, Isabel, Yolanda y, por último, Inmaculada.Al instante, lamentos y gritos clamando al cielo de los padres, hermanos y parientes de las siete jóvenes desgraciadas cuyos nombres se anunciaron en tan aciago momento.Tantas suplicas habían sido vanas. Sin remedio se las llevaban para encerrarlas en la torre del castillo hasta el día que, al rey moro, le fueran entregadas.Cuentan que iban las doncellas llorosas y desgreñadas, con los ojos enrojecidos y descompuesto el rostro, mientras las madres iban detrás, gritando y maldiciendo al rey moro por querer quitarles¡ ay de sus pobres niñas¡, toda su virtud y honra.En la torre del castillo las siete quedan confinadas, suspirando y llorando sin consuelo, hasta que la mayor, la más gallarda, después de enjugar sus lágrimas, a sus compañeras muy resuelta les dijo:“ Desventuradas doncellas, quién en el mundo pensó que para echar a los perros estáis vosotras y yo. Más valiera morir que aceptar lo que se aceptó, cortémonos pues las manos, la primera seré yo”.Cortémonos los cabellos, cortémonos pues las manos, desfiguremos los rostros con la sangre que manemos.Pongámonos horrorosas y así no querrán llevarnos, no querrán tomar favor si el cuerpo desfiguramos”.De tales palabras, la leyenda dice que las otras seis doncellas con sendos cuchillos que sacaron se cortaron los cabellos y el rostro desfiguraron, más la mayor que había hablado, con un golpe firme y certero se cortó una de sus manos.Viendo aquello las otras seis, tampoco vacilaron. Una a una fueron imitando a la mayor cortándose, todas, una de sus manos. Y cuentan que en la celda de aquella torre, siete gritos de dolor se escucharon; el de siete doncellas que, con honra y por su honor, mancas se quedaron.Más la cosa no quedó en esta determinación. El pueblo enseguida supo lo ocurrido con sus jóvenes mujeres y decidió tomar partido al tiempo que, a los moros, de Bureva les llegaba la noticia que siete doncellas agonizaban mancas por negarse a ser entregadas.El pueblo exaltado estaba decidido a defender a sus siete doncellas que en el castillo, y con tanta determinación, sus manos habían cortado.A las puertas del castillo, llegaron los moros dispuestos a llevárselas por la fuerza, más lo que vieron, no les gustó.En la celda encontraron los moros a las siete doncellas, en estado de agonía, desfiguradas y mancas.Viéndolas así el rey moro dice:“ Si mancas me las dais, mancas no las quiero”.Y enseguida ordenó a los que gobernaban la elección de otras siete doncellas que sustituyeran a las que se habían quedado desfiguradas, desgreñadas y mancas.Pero a los que allí gobernaban, este segundo requerimiento les pareció del todo desmesurado y acordaron dar cuentas al Rey Ramiro no sólo de la nueva exigencia de Abderraman II, sino de lo acontecido en el pueblo con las doncellas que habían sido requeridas y que, con arrojo habían decido quedarse mancas antes que ser entregadas al rey moro.A tal cuestión, el rey cristiano en silencio escucha las malas noticias que de Bureva llegan. También lo escucha la corte.Los rostros se crispan. Se piensa en la venganza. Una voz alta y firme se alza a los presentes:“ Qué hacemos los hombres quietos, cuándo las tiernas doncellas solas defienden su honra. Solas con gran entereza.Ejemplo nos dan a todos aguerridos caballeros (....), y nos dicen que por su honra volvamos.”A esto, los caballeros en la corte responden y deciden que han de luchar como nobles por la honra de sus pueblos y sus mujeres, declarando la guerra a los moros pues por honor mil veces prefieren morir como nobles caballeros que vivir como cobardes.El rey moro intenta negociar pidiendo los quinientos sueldos que el rey Ramiro II había ofrecido por cada una de las cien doncellas si no cumplía el acuerdo. Pero el pueblo había hablado por boca y determinación de sus mujeres y al moro negó uno y otro tributo retándole a que viniera a tomarlo de las puntas de sus lanzas pues no iban a permitir más ni tributos ni amenazas.Se levantan pues en armas todos los caballeros de pueblos y ciudades y hacía Bureva parten de todos los lugares para defender a sus doncellas, a las cien de todos los pueblos, a las siete que quedaron mancas por gallardas.
Posteriormente, ya en el 939, 6 de agosto para más reseña en el acontecer de la historia, se libraría la famosa batalla "Del barranco".
Nada obtuvieron los reyes y caudillos moros a partir de aquello, ni doncellas ni tributo. De Simancas salieron huyendo con sus tropas, dicen que hacía Zamora, más nunca olvidaron los moros que, en Bureva, tanto les humillarán.Cuenta la tradición que, las doncellas cristianas, a sus casas no regresaron. En un convento de monjas, mancas y vírgenes quedaron.De esta historia curiosa y ejemplar, Bureva, el pueblo de las Siete Mancas, su nombre por el de Simancas cambió y esta coplilla salió:
Por librarse de paganoslas siete doncellas mancasse cortaron sendas manosy las tienen los cristianospor sus armas en Simancas”.
Y así ha sido y así se cuenta. En el escudo de Simancas, siete manos de siete doncellas gallardas, que por honor prefirieron quedarse mancas que ser, para un rey moro, vulgares esclavas...
Texto libre recreado y entresacado de la “leyenda de las Siete Doncellas de Simancas” de Francisco Javier Alonso Del Pino, del cuál se incluyen algunos pequeños fragmentos y que se puede leer íntegramente tal y como magistralmente la ha escrito su autor después de una exhaustiva labor documental”.
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(10): EL ORIGEN CÉLTICO DEL TOPÓNIMO VALLADOLID. UNIVERSIDAD DE VALLADOLID 1946-47 (pags 36 a 46) Angel Montenegro Duque, pag 12. Cita nombres prerromanos, como Septimanca, Helmántica.
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(11): LA ANTERIOR LEYENDA ES:
Del modo en que Nuestra Señora de Castellanos inspiró uno de los palacios más bellos del islam.
PARA LLEGAR A ELLA PULSAR EL ENLACE:
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(12): Sobre la batalla de Simancas, además de la obra citada de Lévi Provençal, vid. R. P. Dozy, Recherches 1 (3.a cd.), págs. 156-170; y Manuel Gómez-Moreno, Anales Castellanos, Discurso de recepción en la Real Academia de 1a historia (Madrid, 1917), Págs. 15 y Ss.; el mismo, La batalla de Simancas, boletín (le la Sociedad Castellana de Excursiones”, núm. 182 (Valladolid, 1918), 1iits 25-30 //
Histoire de L´ Espagne Musulmane: 2.a ed., tomo 1 (París-Leiden, 1950), págs. 57 y ss., Lévi-Provençal
CITAS TOMADAS DE FRAY JUSTO PÉREZ DE URBEL (idem citas anteriores)
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(13): Recogemos al lado de cada población el nombre que le da el cronicón que resumimos. Siendo estos los de:
Septimancas; Torre de Sila; Gotoro e Chindasvinto; Gotoro; Amallóbriga ; Campo de Wamba e Recesvinto y Santibañez de Mota
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(14): Hace varios años comuniqué por carta a Joaquín Díaz mi teoría sobre el nombre de Valladolid, considerándolo como un topónimo nacido del bajo latín VALLIS TOLETUM y cuyo significado sería “Valle de la Meseta”. En su contestación, Joaquín Díaz reconocía esta hipótesis etimológica, como una posibilidad plausible. Por su parte, Angel Montenegro Duque en su separata EL ORIGEN CÉLTICO DEL TOPÓNIMO VALLADOLID. UNIVERSIDAD DE VALLADOLID 1946-47 (pags 36 a 46) ; menciona que comúnmente esta palabra se considera nacida desde diversos radicales, entre los que se destacan los árabes. Creyendo que pudo significar “Valle del Olivo” (Vall de Olid; ó Vallis Oivetum) o “Valle del califa Olid”. La teoría de Montenegro Duque es que el sufijo “Tolitum” no sería latino sino celta y se ha de traducir como lugar de aguas, siendo el significado de Vallis Tolitum, “Valle de los manantiales” (Vallis- tol-itum).
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(15): Recordemos cómo la FUNDACIÓN IGNACIO LARRAMENDI, en su página sobre la leyenda de las doncellas, recogía este episodio de Carrión de los Condes. Citando a Ambrosio de Morales (XIII, 13), escribiendo literalmente:
Otro hecho milagroso se cuenta en la villa de Carrión, que parece algo a éste. Iban otra vez los Moros con este malvado tributo por aquella vega, y juntándose algunos toros, con mando de quien esto puede mandar, dieron con tanta braveza en el esquadrón de los Moros, que los desbarataron y hicieron huir con terrible pavor. Así quedaron las doncellas desiertas y los toros por su guarda, hasta que los christianos las llevaron. Alabando despues a Nuestro Señor por el insigne milagro y dándole las gracias por él, edificaron por memoria una Iglesia, llamada agora Nuestra Señora de la Victoria, que es harto gran testimonio de todo esto”.
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(15b): Es un hecho histórico probado, que los iberos se defendían y gerreaban usando toros. Para comprobar las fuentes clásicas que lo mencionan, ver nuestras citas siguiente: (18) y (19) -más abajo-.
Cuanto narra este párrafo del texto de Tuy, es de sumo interés; pues tal como recogemos en el comentario de las fotos que a continuación se exponen, es totalmente cierto que los hispanos conservasen esta costumbre de luchar valiéndose de toros; un método que debieron heredar los visigodos y que permanecería en el saber popular durante la Reconquista. Cuanto aquí se explica acerca de esos verracos y bueyes en granito que las gentes de la Edad Media recogían en el campo (de los poblados celtibéricos); para ponerlos en sus ciudades. Enseña que el carácter mágico de aquellas esculturas nunca debió variar. Siendo consideradas desde tiempos de los íberos un totem protector del grupo. Ello, porque como exponemos, se usarían para delimitar campos y para avisar a extraños de que esas tierras tenían dueño. Unos amos del territorio que podían arrojar contra el extranjero reses bravas; o que ya los habían soltado por las inmediaciones. Pues como es sabido, el toro bravo no ataca al mayoral que conoce; siempre que este sepa manejarlo y conozca sus querencias. Siendo así, se comprende el carácter protector de aquellas esculturas de piedra con toritos, avisando del dominio de un territorio y de la posibilidad de que el dueño tuviera por allí vacadas silvestres. Algo que haría huir a todo enemigo de la zona.
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(15c): LA «PIEDRA ESCRITA» DE DIANA, EN CENICIENTOS (MADRID), Y LA FRONTERA
ORIENTAL DE LUSITANIA ALICIA M. CANTO Universidad Autónoma de Madrid// CuPAUAM21,
1994. pp. 271-296 ///
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(16): Gonzalo Santoja en su libro, POR LOS ALBORES DEL TOREO A PIÉ (Ed. Everst Madrid 2012) nos dice literalmente (pag 76):
En la segunda mitad del XII, Rodrigo Pelayo deja en testamento a la iglesia de Santa María de Wamba (Valladolid) «una tercera parte de mis vacas bravas». Es el primer ganadero de reses bravas que conocemos.
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(17): Es un hecho histórico conocido, que los reyes visigodos tuvieron sus fincas de recreo en estas zonas que marcamos. Especialmente Recesvinto y Wamba, que murieron y fueron enterrados en el pueblo homónimo del último; donde acudían a pasar los dos largas temporadas. Se ha de suponer que igualmente, Chindasvinto (padre de Recesvinto), tuvo sus fincas y pasó sus días más felices en el lugar que definitivamente eligió para enterrase: El pueblo llamado hoy San Román de Hornija -en las cercanías de Toro-. Donde con más de ochenta años contrajo matrimonio con una joven y terminó sus días como monarca. La ciudad capital de aquella zona de San Román era la actual Toro, que por entonces se llamaba “Gotoro”, en memoria de los reyes godos que allí pasaban largas temporadas. Por su parte el cazadero de la Santa Espina parece ser también un “parque real” de tiempos visigodos. De todo ello son muestra y testimonio los numerosos hallazgos aparecidos en Tiedra, Villalonso o San Cebrián de Mazote.
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(18): Para todos aquellos interesados en el significado del toro entre los iberos y en el uso de estos en la guerra, recomendamos leer algunos de nuestros artículos dedicados al tema. PARA LLEGAR HASTA ELLOS, PULSAR EL ENLACE QUE LES ACOMPAÑA (en letra azul):
-EL FRIGIANISMO EN LA CULTURA IBÉRICA. Parte cuarta: Sentido del encaste y significado del toro bravo en el Mundo Antiguo (De "Lo invisible en la mitología": Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte LXXIII). REFLEXIONA SOBRE EL SIGNIFICADO DEL TORO EN LA CULTURA IBÉRICA. http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2013/01/blog-post_20.html
-EL FRIGIANISMO EN LA CULTURA IBÉRICA. Parte quinta: El toro bravo en la Antigüedad; guardián y arma de guerra (De "Lo invisible en la mitología": Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte LXXIV). NARRA COMO LOS IBEROS USABAN LOS TOROS PARA DEFENDERSE Y EN LA GUERRA, MENCIONANDO TEXTOS HISTÓRICOS QUE RECOGEN ESTE HECHO. http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2013/01/blog-post.html
-EL GUARDIÁN SAGRADO DEL GANADO Y SU TOTEM SALVAJE -capítulo sexto de "EL FRIGIANISMO EN LA CULTURA IBÉRICA" (Parte LXXV de "Lo invisible en la mitología": "Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo")-. Sobre la permanencia del toro bravo al haberse usado pare la guerra y para evitar los asaltos o robos en el campo y ciudades. EXPONIENDO LA IDEA DE QUE ESTE ES EL ORIGEN DE LAS CORRIDAS, ENCIERROS Y FIESTAS POPULARES http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2013/03/blog-post.html
-EL HOMBRE-TORO, BOYERO O MAYORAL, GUARDIÁN DEL REBAÑO -de "EL FRIGIANISMO EN LA CULTURA IBÉRICA", capítulo 7º (Parte LXXVI de "Lo invisible en la mitología": "Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo")-. CONTINÚA CON LA IDEA ANTERIOR, EXPLICANDO EL ORIGEN DE LA VENERACIÓN DEL MAYORAL Y LA FUNCIÓN DE AQUELLOS PARA DEFENDER REBAÑOS, CIUDADES Y CAMPOS EN LA ANTIGÜEDAD. http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2013/04/blog-post.html
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(19): Recogeremos algunos textos clásicos mencionados en artículos escritos por mí, que demuestran cómo los iberos luchaban valiéndose de reses a las que normalmente ataban fuego:Describe Apiano (Guerras Ibéricas; 5) del siguiente modo la muerte de Amilkar:El general cartaginés..."después de atravesar el Estrecho hasta Iberia iba devastando las tierras de los iberos; aunque no le habían infligido ningún daño, haciendo de ello una ocasión popicia para él estar ausente de su patria, de emprender nuevas acciones de guerra y de buscarse el favor popular mediante sobornos (pues todo lo que capturaba lo repartía y una parte lo invertía en sus propias tropas, para que fueran cómplices mejor dispuestos en la comisión de sus desmanes, otra la enviaba hacia la misma Cartago y otra más la distribuía entre quienes hacían política en su favor); hasta que los reyezuelos y otros tantos caudillos que se habían alzado contra él acabaron con su vida de esta forma: Hicieron avanzar carros con maderas, a los que uncieron bueyes y siguieron a los carros provistos de armas. Cuando los libios les vieron les entró de inmediato la risa, pues no comprendían la estratagema. Pero cuando estuvieron al alcance, los iberos prendieron fuego a los carros con bueyes y todo, y los lanzaron contra los enemigos y el fuego -trasladado de un lado a otro- al dispersarse los bueyes, sembró la confusión entre los libios. Y una vez que se hubo roto la formación de combate, los iberos, cargando a la carrera sobre ellos, acabaron con la vida del propio Barcay de un buen número de los que le protegían".
Diodoro Sículo también su Biblioteca de la Historia (XXV, 10, 3 y 4) nos narra la muerte del mencionado general cartaginés cuando el rey de los orisos llega a una alianza con el resto de jefes iberos para atacar unidos al de Cartago. Escribiendo que ello se sucede en Hélike, ciudad que se supone en las estribaciones del Júcar y donde acaban con el general Barca aquellos ´monarcas` ibéricos, bajo el mando de un jefe comunmente denominado Orissón y al que se considera un gobernante de Oretania -tierra turdetana con capital en Cástulo (actualmente Cazlona, junto a Linares)- . Expresando Diodoro que "cuando Amilcar acampó frente a Helike, envió gran parte de su ejército y de sus elefantes hacia la urbe de Akra Leuke (una plaza fundada por él mismo), quedándose con el resto frente a aquella ciudad que sitiaba. El rey de los Orissos pese al peligro, fue a a ayudar a la ciudad cercada para lo que encontró varias alianzas y amistades entre otros que deseaban ir contra Amilcar; aprovechando para atacarle en su camino. En el transcurso de esta batalla, el general cartaginés intentó salvar la vida y la de sus amigos, huyendo por una ruta diferente, pero dándole alcance el rey ibero, se sumergió su su caballo en un gran rio, donde pereció por causa de la corriente. Aunque su hijo y su yerno (Anibal y Asdrúbal "el bello") lograron salvarse, huyendo hasta Akra Leuke".
Por último es muy interesante el hecho de que el mismo Aníbal aprendería en Hélike a atacar con toros al enemigo. Estratagema que como veremos también usó él mismo al verse rodeado en Italia; lo que sucede tan solo diez años después de la muerte de su padre a manos de Orisson. Poniendo entonces un remedio conocido por haberlo "vivido" en su juventud, saliendo con ello de "apuros" Anibal cuando se hallaba vigilado y con la retirada cortada frente al enemigo romano, que le cerraba el paso en Falerno. Gargantas en que había quedado encerrado, de las que huyó gracias a que sus soldados (con la ayuda de mercenarios iberos), atarón más de dos mil bueyes a carros que con teas en los cuernos, prendieron para avalanzarlos sobre los de Roma. Salvando con ello su ejército de igual forma que lo hicieron los que mataron a su padre (Amilkar), al que hemos visto que vencieron avalanzando contra sus primeras filas aquellas bestias cargadas de fuego (haciendo retirarse a quienes les cerraban el paso). Una proeza llevada a cabo por Aníbal que refiere Polibio de Megalópols del siguiente modo en HISTORIA UNIVERSAL BAJO LA REPUBLICA ROMANA, (III, 26): "La Tala de la Campania por Aníbal. Estratagema con que engaña a Fabio para salir de esta tierra":
Aníbal, luego de haber tentado a Fabio y talar toda la Campania, teniendo un inmenso botín, se disponía a levantar el campo. (…) Fabio descubrió la idea del cartaginés por la que se disponía a salir desde la misma parte por donde había entrado; así que considerando que la estrechez del terreno era muy acomodada para atacarle, apostó cuatro mil hombres sobre el mismo desfiladero (...) Él mientras, con la mayor parte del ejército, se colocó sobre una colina que dominaba aquellas gargantas. En cuanto habían llegado los cartagineses y sentado su campo en el llano al pie de la misma montaña, se prometió el romano quitarles sin peligro el botín, aprovechando la ventaja del sitio para poner fin a la guerra.(...) Pero Aníbal, intuyendo de las circunstancias que todas estas medidas se dejaban para el día siguiente, no le dio tiempo ni lugar para ejecutar sus propósitos. Envió así llamar a Asdrúbal, que mandaba a los gastadores, dándole la comisión para que con toda diligencia recogiera y atase los más haces que pueda de leña seca y otras materias combustibles, y que entresacados de todo el botín, incluyera los dos mil bueyes más hechos al trabajo y gordos, para que los situara al frente del campamento. (…) Les mandó que cuando se les diera la señal, hiciera subir a palos y por fuerza los bueyes hasta llegar a la cumbre; después de lo cual dió la orden para que todos cenasen y se durmieran. Al fin de la tercera vigilia de la noche sacó sus gastadores mandando atar a las astas de los bueyes los manojos. (…) Después da la señal de prender fuego a todos los haces y hacer subir y conducir los bueyes a las cumbres. Detrás de éstos colocó a los lanceros, con orden de que ayudasen hasta un cierto lugar a los que conducían los bueyes.(...) Al mismo tiempo él marchaba a las gargantas y desfiladeros, llevando a la vanguardia los pesadamente armados; detrás de éstos a la caballería, después el botín y en la retaguardia a los hispanos y galos.
Después de que los romanos que guardaban los desfiladeros advirtieron que se acercaban a las cumbres esas antorchas, persuadidos a que por allí hacía su marcha Aníbal, abandonaron los puestos y acudieron a las alturas. Ya (entonces) se hallaban próximos a los bueyes y dudaban aún qué significarían estos fuegos, figurándose y esperando algún mayor infortunio. Apenas llegaron los lanceros, se originó entre cartagineses y romanos una leve escaramuza; pero los bueyes, que arremetían en medio de unos y otros, hicieron estar separados a ambos flancos, sobre las cumbres y permanecer quietos hasta que llegase el día; por no acabar de comprender (los romanos) lo que pasaba. Fabio, ya dudoso con este accidente y seguro de que sería un engaño, "doloso" según la expresión del poeta; resuelto a no arriesgar un trance ni llegar hasta una acción decisiva -según su primer propósito-, prefirió mantenerse en quietud dentro de las trincheras, aguardando que llegara el día. Entre tanto, Aníbal, saliéndole la empresa a medida de como había pensado, pasó sin riesgo el ejército y el botín por los desfiladeros, y siquiera apenas vio desamparados los puestos por los (lanceros) que guardaban el mal paso. Advirtiendo después al amanecer que sus lanceros eran atacados por los que ocupaban las alturas, destacó hacia allá un baluarte de hispanos que, viniendo cuerpo a cuerpo, dieron muerte a mil romanos y se incorporaron a poca costa con los armados a la ligera (así descendieron todos juntos). Fuera ya del territorio de Falerno con esta estratagema y acampado en parte segura, no pensaba ni discurría más (Anibal) que dónde y cómo estaría en el invierno. Este paso (de Falerno) aterró y consternó todas las ciudades y pueblos de Italia"
(sic) DE MI ARTÍCULO:
EL FRIGIANISMO EN LA CULTURA IBÉRICA. Parte quinta:
El toro bravo en la Antigüedad; guardián y arma de guerra
http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2013/01/blog-post.html
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(20): A los interesados en el tema de la escultura celtibérica de verracos y toros, recomendamos leer mi artículo:
PUNTOS GEODÉSICOS Y PIEDRAS MEGALÍTICAS: OMPHALOS Y MARCAS DE ORIENTACIÓN PULSANDO:
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(21): Acerca de la fecha en la que pudo producirse la Batalla de Simancas, y su identificación con otras que tan solo han quedado en el recuerdo de la épica, sin estar probada su veracidad (como la de Hacinas o Clavijo). Recogíamos las siguientes palabras de Justo Pérez de Urbel en nuestra anterior entrada:
Por otra parte, la batalla de Hacinas que aquí introduce Llorente es un hecho no reconocido en la historia. De los escritores antiguos no hay ninguno que haga memoria de semejante batalla, y de los de la edad media que la refieren, hay mucha discordancia en el tiempo y mucha falsedad en el personaje con quien se verificó. Mariana la pone entre el año 956 y 958; Garibay y Sandoval en 931, Y Carrillo en 930, años que ni convienen entre sí, ni con el año 938 en que se verificó la de Simancas, ni con el de 939 en que quiere colocarla Llorente. Un monje anónimo del Monasterio de San Pedro de Arlanza, a mediados del siglo XIII, escribió en versos alejandrinos el Poema de Fernán González, en el que dedicaba a la Batalla de Hacinas 281 versos de los 740 de que consta el Poema. Se trata de un canto épico dedicado a exaltar la figura de Fernán González y a la Batalla de Hacinas, que en las estrofas 389 y 558 figura como Fazinas. Aunque los modernos historiadores consideran este hecho como legendario, la batalla ha perdurado en la mente de los hacinenses a través de los siglos y, en los lugares donde se presume se celebró, se conservan nombres evocadores: Campo los Muertos, Acerón. En 1840, al excavar un ribazo, apareció gran cantidad de huesos enterrados en fosa común que podrían corresponder a los muertos en la batalla”.
"El condado de Castilla" // Fray Justo Pérez de Urbel; Madrid 1970, Tomo II, p. 106
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(22): Sobre este dedo impúdico nos dice la página de internet NIHIL NOVUM SUB SOLE // ANTIQUIETATEM
Digitus impudicus (el dedo impúdico, el dedo obsceno)
NIHIL NOVUM SUB SOLE // ANTIQUIETATEM
SIC:
La enciclopedia bizantina del siglo X la Suda explica el término Ἐσκιμάλισεν,eskimalisen, como:
[Significa que él / ella / algo] insulta a otro uniendo el pulgar y el dedo medio y golpeándolo. O significa que le saca el dedo (le hace la peineta); en sentido estricto se refiere a introducir o insertar el dedo corazón en el culo de un ave . Pero no sólo esto, sino que también cuando alguien quiere humillar a otro, extiende su dedo medio, dejando el resto juntos, y se lo muestra. Aristófanes en “La Paz, 549” [escribe]: "[...] y cómo se apagó el que hacía la lanza…”
Luego Erasmo, muchos años después, recogió en sus Adagia el término y nos dice en III,iii 87 (2287):
ΕΣΚΙΜΑΛΙΧΘΑΙ (eskimalichthai se chre) 2287
Ἐσκιμαλίχθαι σε χρή. Con este gesto se expresa un insulto y el mayor desprecio. Para los griegos ἐσκιμαλίσαι (eskimalisai) consiste en exponer el dedo medio cerrando los otros, para insultar , o en expresar desprecio con el chasquido de los dedos. De donde (leemos) en Juvenal, a lo que ya nos referimos en otra ocasión,:
le mandaba a la horca y le mostraba el dedo (la uña) medio.
La Suda cita este senario de Aristófanes, que se encuentra en La Paz (ἐν Εἰρήνῃ)
Ὁ δὲ δρεπανουργὸς οὐχ ὁρᾷς ὡς ἤδεται,
Καὶ τὸν δορυξόον οἷον ἐσκιμάλισεν;
Esto es: ¿Acaso no ves cómo gesticula el fabricante de hoces y hace el lancero con el dedo (uña) medio? Pero el que quiera saber qué significa propiamente ἐσκιμαλίζειν (eskimalisein), prefiero que lo aprenda en la Suda que de mí. Se ha desviado como elegancia y con sentido proverbial hacia la suerte o laerudición o alguna otra cosa, para expresar rechazo absoluto.
Ἐσκιμαλίχθαι σε χρή. Hoc gestu contumeliam despectumque supremum
significabant. Est enim Graecis ἐσκιμαλίσαι medium digitum ostendere con-
tractis caeteris, ignominiae causa, aut strepitu digitorum significare contemp-
tum. Vnde et apud Iuuenalem, quod alibi retulimus:
Mandaret laqueum mediumque ostenderet vnguem.
Suidas citat ex Aristophane senarium hunc•, extat autem ἐν Εἰρήνῃ:
Ὁ δὲ δρεπανουργὸς οὐχ ὁρᾷς ὡς ἤδεται,
Καὶ τὸν δορυξόον• οἷον ἐσκιμάλισεν; id est
An non vides, vt gestiat falcis faber
Medioque monstret vngue lancearium?
Quid autem proprie significet ἐσκιμαλίζειν, qui scire cupiet, malo e Suida•
discat quam ex me. Elegantius magisque prouerbialiter ad fortunam, ad
eruditionem aut aliud quippiam, quod plane contemnitur, detorquebitur.
La ocasión anterior a la que se refiere Erasmo es el adagio 1367, que es en el que cita el verso que Juvenal tiene en Satira 10, 53; Juvenal dice que Democrito mandaba a la horca a la fortuna amenazadora y a “tomar por culo” en lenguaje actual.
Le mandaba a la horca y le mostraba el dedo (la uña) medio.
Mandaret laqueum mediumque ostenderet vnguem
Mandare laqueum viene a significar “¡que te ahorquen!
Erasmo también en el adagio siguiente, 1368, nos explica extensamente qué significa “médium ostendere digitum: Asimismo expresaban el mayor desprecio con el dedo medio levantado.
Medio item digito porrecto supremum contemptum significabant
.
Acerca de estos gestos “esquimalizantes” y su significado, se puede leer mi estudio sobre “La higa” y mis siguientes artículos:
VER MI LIBRO "HIGA, HIGO, HÍGADO Y AOJO (magia, religión y medicina) "El cuerpo en la tradición", Valladolid 2007 (ed. fundación Joaquín Díaz).SOBRE EL TEMA SE PUEDE CONSULTAR EN LA RED ALGUNOS ARTÍCULOS MÍOS COMO LOS QUE A CONTINUACIÓN RELACIONO:
53ª- DE FALOS, JOYAS Y OTRAS... "BOLLAS". (Lo invisible en la mitología: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXIV). COMIENZA AQUÍ UN ANÁLISIS SIMBÓLICO DE LAS JOYAS; con sentido mágico hasta nuestros días. VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/09/1-8-9.html
54ª- DE FALOS, JOYAS Y OTRAS... "BOLLAS": CONTINUACIÓN. (Lo invisible en la mitología: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXV). -SIGNIFICADO APOTROPAICO DE LOS ABALORIOS Y COLGANTES QUE SE USABAN Y AÚN UTILIZAMOS PARA COMBATIR EL MAL FARIO- VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/09/1-7.html
55ª- DE FALOS, JOYAS Y OTRAS... "BOLLAS". CONTINUACIÓN: Pater Libero (Lo invisible en la mitología: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXVI). -SENTIDO SEXUAL DE LAS JOYAS QUE PROTEGEN, SU RELACIÓN CON EL MAL DE OJO- VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/09/1-8.html
56ª- DE FALOS, JOYAS Y OTRAS... "BOLLAS". CONTINUACIÓN: Fascinus (Lo invisible en la mitología: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXVII). -PROTEGERSE DE LA MIRADA Y DE LOS MALES SOCIALES A TRAVÉS DE LAS JOYAS CON FORMAS OBSCENAS; LA SUERTE UNIDA A UN COLGANTE QUE EVITABA LAS MALAS MIRADAS- VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/09/1-7-8.html
57ª- DE FALOS, JOYAS Y OTRAS... "BOLLAS". Continuación: El Ojo "cónico o en bola" -"alcorciles y bollas"-. (Lo invisible en la mitología: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXVIII).-VAMOS DESCUBRIENDO EL MUNDO DE LAS JOYAS EN FORMA DE BULLA O ESFERAS, RELACIONADAS CON EL OJO Y SUS MALES- VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/10/1.html
58ª- DE FALOS, JOYAS Y OTRAS... "BOLLAS". Continuación: Permanencia del arte egipcio en el mundo ibérico. (Lo invisible en la mitología: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXIX). -DEMOSTRACIÓN DE LA PERVIVENCIA DE MODELOS Y SIGNIFICADOS DE TALISMANES Y COLGANTES DURANTE CINCO MIL AÑOS- VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/10/1-8-9.html
59ª- DE FALOS, JOYAS Y OTRAS... "BOLLAS". Continuación: Dioses de la Fertilidad; Min o Minu egipcio. -RELACIÓN DEL SEXO Y LAS ENFERMEDADES VENÉREAS CON EL MAL DE OJO, SU PLASMACIÓN EN LAS JOYAS QUE LO EVITAN- (de Lo invisible en la mitología: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXX). VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/11/1-8.html
60ª- DE FALOS, JOYAS Y OTRAS... "BOLLAS". Continuación: Dioses de la Fecundidad y su posible significado calendárico -de Egipto a Japón-. -VEMOS LA RELACIÓN PLANETARIA DE LA SEXUALIDAD Y SU CONEXIÓN DIRECTA SOBRE EL OJO Y SUS MALES, PLASMADO EN LOS DIOSES DE LA LUZ-(de Lo invisible en la mitología: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXXI). VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/11/1-9.html
61ª- Dioses de la fertilidad, de la luz, del Sol y del oro; diosas del agua, de la Luna y la plata. (de Lo invisible en la mitología: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXXII). -MÁS SOBRE EL SIGNIFICADO DE LA SEXUALIDAD Y LA LUZ, TODO ELLO UNIDO A LOS TALISMANES Y JOYAS QUE ALEJABAN EL MAL DE LAS TINIEBLAS; EL AOJO- VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2011/12/1-6.html
62ª- Dioses del comercio y la prosperidad, venidos del cielo. (de Lo invisible en la mitología: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXXIII). -PROCEDENCIA DIVINA DE LOS METALES Y SENTIDO SAGRADO DE LAS JOYAS- VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/01/1-6.html
63ª- Mercurio dios del comercio y la prosperidad. (de Lo invisible en la mitología: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXXIV). -LOS DIOSES QUE ENVÍAN EL ORO Y LA PROSPERIDAD, RELACIÓN DE LA JOYERÍA CON LOS ASTROS- VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/01/1-9.html
64ª- DE MELKARTE A MERCURIO Y DEL CADUCEO A LA VARA DE OLIVO. (De: Lo invisible en la mitología: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXXV). -EL DIOS DEL COMERCIO DEIDAD DEL ACEITE Y DE LA SIERPE QUE CURA; LA MEDICINA RELACIONADA CON LOS METALES- VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/01/1-8.html
65ª- FIESTAS DE LA LUZ, LA TIERRA Y EL AGUA. (De: Lo invisible en la mitología: Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXXVI). -DEIDADES DE LA FECUNDIDAD RELACIONADAS CON EL BIEN Y LA PROSPERIDAD; SU REPRESENTACIÓN A TRAVÉS DE LOS METALES PRECIOSOS; LA CELEBRACIÓN DE SUS FIETAS- VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/01/1-8_30.html
66ª- EL DIÓS OJO, QUE TODO LO CURA (De: Lo invisible en la mitología, Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXXVII).-SENTIDO CURATIVO VENÉREO DE LA JOYERÍA; TALISMANES QUE PROTEGEN CONTRA EL MAL DE OJO Y LAS ENFERMEDADES- VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/02/1-8.html
67ª- EL DIÓS DEL OJO DE LA TIERRA (De: Lo invisible en la mitología, Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XXXVIII). -ORIGEN DE LAS RIQUEZAS NACIDAS DEL HADES; EL INTERIOR DE LA TIERRA DADOR DE LA SEMILLA QUE NACE Y LOS METALES QUE RIGEN EL COMERCIO- VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/02/1-9.html
68ª- EL DIOS OJO, ORIGEN DE LUZ Y DE VIDA (De: Lo invisible en la mitología, Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XIL). -LA LUZ RELACIONADA CON LOS PLANETAS Y CON EL BIEN; CONTRAPOSICIÓN CON EL MAL. RITOS DE FECUNDIDAD DEL DIOS QUE VE, Y DE MUERTE EN LAS TINIEBLAS- VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/02/1-8_13.html
69ª- ORÍGENES Y SIGNIFICADO DEL CORAZÓN AHIGADO: SU RELACIÓN CON EL AOJO (De: Lo invisible en la mitología, Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XL). -SIGNIFICADO DEL CORAZÓN DEL AMOR. FIGURA ANTIQUÍSIMA RELACIONADA CON LA JOYERÍA APOTROPAICA POCEDENTE DE LOS TALISMANES EGIPCIOS- VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/02/1-9_13.html
70ª- EL OJO QUE ES DIOS PORQUÉ TE VE, Y NO PORQUE TÚ LO "BES".-EL DIOS BES Y LOS ABALORIOS FENICIOS; JOYERÍA CONTEMPORÁNEA AL TESORO DE EL CARAMBOLO- (De: Lo invisible en la mitología; Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XLII). VER:
71ª- DE LA FIGA A LA HIGA Y DEL HIGO AL HÍGADO (De: Lo invisible en la mitología; Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XLIII). -SIGNIFICADO APOTROPAICO DE LAS JOYAS EN FORMA REDONDA O DE HIGO, SU RELACIÓN CON EL MAL DE OJO-. VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/02/1-9_25.html
72ª- LA MANO QUE PORTA LA SUERTE CON GESTOS OBSCENOS (De: Lo invisible en la mitología; Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XLIV).-FORMAS DE COMBATIR EL AOJO QUE HAN PERVIVIDO HASTA NOSOTROS; UNA DEMOSTRACIÓN MÁS DE QUE EL DISEÑO DEL TESORO DE EL CARAMBOLO PUEDE SER ANTECEDENTE DIRECTO DE LA ORFEBRERÍA CHARRA- VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/03/1-o-9.html
73ª- HATHOR: LA MANO BELLA QUE PROTEGE (De: Lo invisible en la mitología; Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XLV).-ORÍGENES DE LOS TALISMANES Y COLGANTES QUE USAMOS EN NUESTROS DÍAS Y QUE NACIERON CON UN IGUAL SENTIDO HACE CINCO MIL AÑOS- VER:
74ª- HATHOR: EL SONIDO DE LA MANO QUE PROTEGE (De "Lo invisible en la mitología"; Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XLVI). -COSTUMBRES DE HOY Y DE ANTAÑO, QUE DEMUESTRAN CÓMO DURENTE MILENIOS SE CONSERVAN LOS RITUALES DE MAGIA Y EL SIGNIFICADO DE LOS AMULETOS- VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/04/1-8.html
75ª- LA PROTECCIÓN CON SONIDO: IDIÓFONOS Y COLLARES COMO SUS INSTRUMENTOS (De "Lo invisible en la mitología": Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XLVII). -MÁS SOBRE LA PERMANENCIA DE RITOS Y MODELOS NACIDOS EN EGIPTO, FENICIA, GRECIA Y ROMA (O TARTESSOS); FORMAS Y COSTUMBRES QUE ESTÁN AÚN EN PLENO USO- VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/04/1-1.html
76ª LA BULLA Y LA JOYA GLOBULAR APOTROPÁICA (De "Lo invisible en la mitología": Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte XLVIII). -SIGNIFICADO DE LAS JOYAS EN FORMA DE BULLA O CÁPSULA; SU RELACIÓN SAGRADA CON EL OJO Y CON LOS PLANETAS- VER:
77ª EL ESPEJO Y EL HAZ, PROTECTORES DEL ALMA -joyas y objetos que los simbolizaron- (De "Lo invisible en la mitología": Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte IL). VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/05/1-9-1-9-9-9-9-9-9-9-9-9-9.html
78ª MADRE LUNA Y PADRE SOL -algunas joyas y objetos suntuarios que los simbolizaron; sus efectos apotropaicos- (De "Lo invisible en la mitología": Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte L). AMULETOS BULIFORMES Y A MODO DE LÚNULA, SU PODER Y SIGINIFICADO (comentario a un trabajo de la Prof. Martín Anson). VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/05/1-7-0-0-8-9-0-9-9-9-0-9-8.html
79ª EL PODER DE LA MIRADA Y SU RELACIÓN CON EL ARMAMENTO EN LA ANTIGÜEDAD -colgantes y abalorios que evitaban los venablos- (De "Lo invisible en la mitología": Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte LI). ORÍGENES DE LOS ESTUDIOS SOBRE EL MAL DE OJO MODERNOS: RICHARD PAYNE KNIGHT Y EL MUSEO BRITÁNICO -CATHERINE JOHNS Y ETC-. LA PROTECCIÓN BÉLICA CON AMULETOS EN LA ANTIGÜEDAD. VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/05/1-8-8-8-8-9-8-9-9-6-0-0-9-9-9.html
80ª EL PODER DE LA MIRADA Y SU RELACIÓN CON LAS ARMAS EN LA ANTIGÜEDAD: Medusa y Perseo, introducción al estudio de sus virtudes "apotropaicas" (De "Lo invisible en la mitología": Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte LII). COMENTARIO SOBRE ALGUNOS AUTORES QUE TRATARON EL TEMA, TEORÍA PROPIA ACERCA DEL SIGNIFICADO DEL MITO DE PERSEO. VER http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/05/1-0-l-8-9-9-9-8-9-0-8.html
82ª EL PODER DE LA MIRADA Y SU RELACIÓN CON LAS ARMAS EN LA ANTIGÜEDAD: Medusa y Las Gorgonas, estudio sobre su simbolismo (De "Lo invisible en la mitología": Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte LIII). ANÁLISIS DEL MITO DE LA GORGONA; SU RELACIÓN CON LOS CLÍPEOS. EL TESORO DE EL CARAMBOLO COMO LOS BUEYES DE GERIÓN Y COMO CABEZA DE MEDUSA (pectorales protectores y apotropaicos). VER: http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/06/1-9-8-9-8-0-0-o-0-0-9-0-9.html
83ª LA MIRADA Y EL PECTORAL EN LA ANTIGÜEDAD: Petos y objetos apotropaicos que pudieron originar los diferentes mitos "occidentales". (De "Lo invisible en la mitología": Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte LIV). RELACIÓN ENTRE EL MITO DE MEDUSA Y LOS PECTORALES DE EL CARAMBOLO http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/06/1-0-0-o-9-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0.html
84ª LA MIRADA EN LA ANTIGÜEDAD: Medusa y Las Gorgonas, autores españoles que últimamente trataron sobre sus poderes apotropaicos. (De "Lo invisible en la mitología": Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo. Parte LV). ANÁLISIS DE LAS OBRAS DE OTROS AUTORES QUE HAN TRATADO EL MITO EN REFERENCIA AL MAL DE OJO. http://loinvisibleenelarte.blogspot.com.es/2012/06/1-
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(23): Sobre estos gestos, como los que hoy llamamos “corte de manga”, “peineta”, “los cuernos” o “la higa”, cuyo valor apotropaico se documenta en gran parte en estos actos de guerra. Se dice que muchos consideran que origen de ese “corte de mangas” estaría en la batalla de Agincourt; pueblo del Norte Francia, que luchó contra los ingleses en 1415; en la llamada la Guerra de los Cien Años.
Pese a ello, podemos documentar ya su existencia en tiempor grecorromanos, donde se usaban para insultar al enemigo y para provocar al indeseado. Probablemente de allí su carácter apotropáico.
VER CITA ANTERIOR.
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(24): A continuación recogemos y resumimos el texto épico recogiendo los versos que mencionan las batallas de Osma y de Simancas sucedidas entre el 933 y 39 en tiempos de Ramiro II y Abderramán (que el poeta sitúa en Hacinas y en época de Fernando y Almanzor). Este texto ya lo habíamos publicado en nuestra anterior leyenda, pero por su importancia lo volvemos a incluir en esta. Ya que muestra los hechos que vamos relatando.
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1-. Sobre la pobreza de Castilla y de cómo los condes hicieron de ella el principal baularte:
Estonçe era Castiella // un pequeño rincon, 171
era de castellanos // Montes d'Oca mojon,
e de la otra parte // Fitero el fondon,
moros tenien Caraço // en aquesta sazon.
Era toda Castiella // solo una alcaldia; 172
maguer que era pobre // e de poca valia,
(...)
d'un alcaldia pobre // fizieron la condado,
tornaron la despues // cabeça de reinado.
2-. Fernán González a sus gentes sobre los castellanos y su Señora María:
Esforçad, castellanos, // non ayades pavor, 222
vençremos los poderes // d'esse rey Almançor,
sacaremos Castiella // de premia e d'error,
el sera el vençido // yo sere el vençedor.
(...)
Amigos, d'una cosa // so yo bien sabidor: 260
ellos seran vençidos, // yo sere vençedor;
en gran afruenta en canpo // sere con Almançor:
vere de castellanos // com' guardan su señor.»
(...)
Quando fueron vençidos // essos pueblos paganos, 273
fueron los vençedores // los pueblos castellanos;
el conde don Fernando // con todos los cristianos
fueron en su alcançe // por cuestas e por llanos.
Rendieron a Dios graçias // e a Santa Maria
VEMOS EN ESTE ÚLTIMO VERSO LA MENCIÓN A LA VIRGEN DE CASTELLANOS
3-. Aparece San Millán para ayudar en la batalla:
Quando ovo don Fernando // todo esto oido, 419
el varon don Millan // a los çielos fue ido:
fue luego de la ermita // el conde espedido,
torno se a Piedrafita // d'onde fuera salido.
4-. VICTORIAS DE HACINAS
SITÚA LA BATALLA EN CARAZO y llama Almanzor a Abderramán III:
Llego a Almançor // luego el apellido, 195
sopo commo avia // a Caraço perdido.
(...)
LLEGADA DE ALMANZOR CON 130.000 hombres
Que venie Almançor con muy fuertes fonsados, 384
con çiento e treinta mill caveros lorigados,
(...)
PRIMERA DERROTA (en Osma)
Quando fue Almançor // la otra vez vençido, 385
con grand pesar que ovo // a Marruecos fue ido
(...)
5-. RECLUTAMIENTO DE UN GRAN EJÉRCITO PARA VENGAR LAS DERROTAS DE ABDERRAMÁN
coido se Almançor // del buen conde vengar,
por amor d'acabar lo // no s' podie dar vagar.
Cordova e Jaen // con toda Andaluzia, 390
Lorca e Cartajena // con toda Almaria,
de muchas otras tierras // que nonbrar non sabria,
ayunto Almançor // muy grand cavalleria.
Quando fueron juntados // començo a venir, 391
bien coido a España // sin falla conquerir,
que el conde castellano // no s' le podrie foir,
(…)
6-. A MI JUICIO EN SIMANCAS, JULIO AGOSTO DE 939:
EL CONDE REZA EN LAS CERCANÍAS DE HACINAS (lugar que debemos identificar junto a Simancas, quizás en las inmediaciones de Mota o en la propia ermita de Castellanos)
Eran ya en Fazinas // essa gente maldita, 392
todos los castellanos // eran en Piedrafita;
el conde -la su alma // de pena sea quita-
fue se pora San Pedro // a essa su ermita.
Quando fue a la ermita // el conde allegado, 393
demando por su monje, // don Pelayo llamado;
dixeron le por nuevas // que era ya finado,
ocho dias avia // que era soterrado.
Entro en la ermita // con muy grand devoçion, 394
LA MENCIÓN A PIEDRAFITA VEMOS QUE ES UNA LICENCIA POÉTICA, para rimar con "maldita". ESTA LOCALIDAD AVULENSE ESTABA POR ENTONCES EN TIERRAS MUSULMANAS; SE ENCUENTRA MUY LEJOS DE SIMANCAS Y MÁS AÚN DE HACINAS. El lugar de rezo de Fernán Gónzález podemos identificarlo con la ermita de Castellanos en Mota.
(...)
Aparición en sueños de San Pelayo y San Millán
Teniendo su vegilia, // con Dios se razonando, 405
un sueño muy sabroso // al conde fue tomando:
con sus armas guarnido // assi se fue acostando,
la carne adormida, // assi yaze soñando.
Non podria el conde // aun ser adormido, 406
el monje San Pelayo // de suso l' fue venido,
(...)
Millan so yo por nonbre, // Jesucristo me enbia,
durara la batalla // fasta terçero dia.»
(...)
Esta es la razon // que la voz me dezia: 429
"Conde Fernan Gonzalez, // lieva dend', ve tu via,
todo el poder de Africa // e del Andaluzia
vençer lo has en el canpo // d'este terçero dia."
(...)
En aquella ermita // fui yo bien consejado 432
del monje San Pelayo, // siervo de Dios amado,
que por el su consejo // Almançor fue arrancado;
SE OBSERVAN PRODIGIOS EN EL CIELO (que yo identifico con el eclipse del 19 de julio de 939)
Vieron aquella noche // una muy fiera cosa: 468
venia por el aire // una sierpe rabiosa,
dando muy fuertes gritos // la fantasma astrosa,
toda venie sangrienta, // bermeja commo rosa.
Fazia ella senblante // que ferida venia, 469
semejava en los gritos // que el çielo partia,
alunbrava las uestes // el fuego que vertia,
todos ovieron miedo // que quemar los queria.
QUIZÁS ABERRAMÁN PRETENDÍA LLEGAR AL DUERO CON EL ECLIPSE Y ATEMORIZAR A LOS CRISTIANOS, PARA QUE NO PRESENTASEN BATALLA (a mi juicio les intentaba engañar con esa argucia):
A los moros tenian // que los venie ayudar 474
ca coidavan sin duda // cristianos espantar;
por tal que los cristianos // se ovieran a tornar,
quisieran en la ueste // algun fuego echar.
(...)
«Los moros, bien sabedes, // se guian por estrellas, 476
non se guian por Dios, // que se guian por ellas;
otro Criador nuevo // han fecho ellos d'ellas,
diz que por ellas veen // muchas de maravellas.
Ha y otros que saben // muchos encantamientos, 477
(...)
Algun moro astroso // que sabe encantar 479
fizo aquel diablo // en sierpe figurar
por amor que podiesse // a vos mal espantar,
con este tal engaño // cuidaron nos torvar.
DURANTE LA TERRIBLE BATALLA QUEDAN MALHERIDOS EL CONDE Y EL REY:
El conde don Fernando, // maguer que mal ferido, 494
antes que el rey entrasse // en todo su sentido,
del conde fue otra vez // el rey muy mal ferido,
fue luego del cavallo // a tierra abatido
LOS DE ABDERRAMÁN HACÍAN GRANDES ESTRAGOS:
Los moros, en todo esto, // en valde non yazian, 504
en los omnes de pie // grand mortandat fazian,
sabed, d'amas las partes // muchos omnes caian,
a los golpes que davan, // las sierras reteñian.
SEGUNDO DÍA DE COMBATE:
tro dia mañana, // los pueblos descreidos 512
estavan en el canpo // con sus armas guarnidos,
dando muy grandes vozes // e grandes alaridos,
los montes e los valles // semejavan movidos.
TERCER DÍA (descripción de la Batalla de Simancas)
Otro dia mañana, // fueron se levantar, 527
vestieron se las armas // por al canpo tornar,
començaron a Dios // de coraçon rogar
FINALMENTE, CUANDO YA ESTABAN LOS CRISTIANOS VENCIDOS APARECE UN EJÉRCITO DE ÁNIMAS LLEGADAS DEL CIELO QUE LES RESCATA; ATACANDO Y HACIENDO HUIR A ABDERRAMÁN.
EL REY MUSULMAN EN SU ESCAPADA PERDIÓ HASTA EL AZOR, QUE EL MONARCA CASTELLANO LUCÍA ORGULLOSO TAL COMO VEMOS EN ESTOS VERSOS QUE NARRAN LA VICTORIA DE LOS CRISTANOS:
Llevara don Fernando // un mudado açor, 575
non avia en Castiella // otro tal nin mejor,
otrossi un cavallo // que fuera d'Almançor:
avie de todo ello // el rey muy grand sabor
NOTA: TAL COMO HEMOS DESTACADO ANTERIORMENTE, DONDE EL POETA ESCRIBE ALMANZOR HEMOS DE LEER ABDERRAMÁN III Y DONDE PONE REY FERNANDO, SE HA DE SUSTITUIR POR RAMIRO II (monarca de Fernán González). Todo ello muestra que el poema describe la batallas de Osma (primero) y finalmente la de Simancas.
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TEXTO DEL:
Poema de Fernán González.
Edición digital apartir de la de Ramón Menéndez Pidal, Reliquias de la poesía épica española, M. Rivadeneyra, Madrid, 1951, pp. 34153, y cotejada con la edición crítica de Juan Victorio, Cátedra, Letras Hispanas, Madrid, 1998, 4ª ed. // Liberado en la red por Saavedra Fajardo
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(25): DECÍAMOS IGUALMENTE EN NUESTRA ANTERIOR LEYENDA QUE:
Aquella gran derrota de Abderramán del 939, fue narrada en el Poema de Fernán Gónzalez englobándola en las “Batallas de Facinas” (Hacinas). Descrita en tres jornadas y donde asimismo se aparece San Millán, tal como las crónicas mencionan que sucedió en la de Simancas. Dicha victoria (la primera de enorme importancia frente a Al Andalus) se menciona también con igual nombre, en otro poema épico intitulado “Votos de Fernán González o Privilegio de Fernán González concedido al monasterio de San Millán de la Cogolla”. Donde igualmente aparece el conde, derrotando a los sarracenos en Hacinas con ayuda de San Millán. Una obra que aunque se pretendió fechar en el 934, después se demostró que en verdad fue escrita en el siglo XIII y quizás en San Millán de la Cogolla. Por lo tanto, coetánea al Poema de Fernán González y también redactada doscientos años después de que ocurriesen los hechos (de allí los errores de localización y en los nombres de los personajes). Otro de los documentos que narra similares acontecimientos es la “Vida de San Millán” de Gonzalo de Berceo -de misma época que los anteriores-; donde el famoso escritor de “Los milagros de Nuestra Señora” recoge de forma parecida la batalla y la ayuda del santo Millán (que antes de Santiago fue patrono de España). Por todo cuanto se expone, hemos de deducir y afirmar que la famosa Batalla de las Hacinas -reflejada en el poemario de San Pedro de Arlanza, en el de Berceo y en de San Millán-. Es en verdad la de Simancas y otras anteriores gestas en las que el rey Ramiro derrotó a los de Córdoba (en Osma, en San Esteban o en las mismas Hacinas y Carazo). De tal manera, Fray Justo Pérez de Urbel nos relata sobre estas luchas supuestamente llevadas a cabo en “Facinas”, lo siguiente:
"La historia manifiesta que Abderramen tomó hacia Salamanca, orilla abajo del Tormes con los restos del ejército, en donde le volvió á atacar y derrotar D. Ramiro. Por otra parte, la batalla de Hacinas que aquí introduce Llorente es un hecho no reconocido en la historia. De los escritores antiguos no hay ninguno que haga memoria de semejante batalla, y de los de la edad media que la refieren, hay mucha discordancia en el tiempo y mucha falsedad en el personaje con quien se verificó. Mariana la pone entre el año 956 y 958; Garibay y Sandoval en 931, Y Carrillo en 930, años que ni convienen entre sí, ni con el año 938 en que se verificó la de Simancas, ni con el de 939 en que quiere colocarla Llorente. Un monje anónimo del Monasterio de San Pedro de Arlanza, a mediados del siglo XIII, escribió en versos alejandrinos el Poema de Fernán González, en el que dedicaba a la Batalla de Hacinas 281 versos de los 740 de que consta el Poema. Se trata de un canto épico dedicado a exaltar la figura de Fernán González y a la Batalla de Hacinas, que en las estrofas 389 y 558 figura como Fazinas. Aunque los modernos historiadores consideran este hecho como legendario, la batalla ha perdurado en la mente de los hacinenses a través de los siglos y, en los lugares donde se presume se celebró, se conservan nombres evocadores: Campo los Muertos, Acerón. En 1840, al excavar un ribazo, apareció gran cantidad de huesos enterrados en fosa común que podrían corresponder a los muertos en la batalla".
Por su parte, acerca de los hechos ya referidos en Simancas nos dirá el mismo autor (basándose en otros investigadores que cotejaron las crónicas árabes y castellanas):
Abd al-Rahman III decidió organizar una campaña decisiva contra los Reinos de León y Navarra y acabar una vez con la audacia de los Cristianos del Norte, que no abandonaban su actitud hostil al Estado cordobés y parecían poco dispuestos a reconocer la supremacía y el poder político y militar del Califa (…) Parece que junto al Monarca leonés se encontraba en aquella ocasión la propia Reina Toda de Navarra, y desde luego, allí estaban los condes castellanos Fernán González y Assur Fernández e incluso el musulmán rebelde al Califa Umayya ben Ishaq al-Qurashí, que se había puesto al servicio de Ramiro II (…) El primero de Agosto Comenzada la batalla entre Cordobeses y Cristianos con ligera ventaja inicial para las tropas de Abd al-Rahman III, pronto el vigoroso ataque del ejército de Ramiro II empezó a hacer difícil la situación de los `Caldeos´, como llamaban los cronistas cristianos a los Musulmanes, y éstos sufrieron una gran derrota cerca de las murallas de Simancas. Se vieron forzados a una fuga tan precipitada que el mismo Califa tuvo que abandonar sobre el campo su cota de mallas de oro y el precioso ejemplar del Corán, que siempre llevaba consigo (…) A marchas forzadas tuvo el Califa que regresar a Córdoba con los restos de su ejército, y, descontento con la conducta de sus oficiales en el combate, ordenó que fuesen crucificados muchos de ellos como traidores al Islam. Así terminó la orgullosa campaña de la omnipotencia; Abu Yahya de Zaragoza fue hecho prisionero por Ramiro II y el Califa ya no se aventuró en lo sucesivo a exponer su persona a los Del Duero al Tormes riesgos de las batallas y no volvió a mandar personalmente ejércitos (…) En el 940, la gran victoria cristiana de Simancas hizo, sin duda, posible una nueva expansión territorial de Reino asturleonés, y la frontera del Duero, que desde hacía algunos años se extendía desde Osma hasta Zamora y la raya de Portugal para avanzar luego hasta el Mondego, se adelantó ahora y llegó al río Tormes” .
TEXTOS DE:
"El condado de Castilla" // Fray Justo Pérez de Urbel; Madrid 1970, Tomo II, p. 106
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(26): Aquí la leyenda nos aporta datos de enorme importancia al decir textualmente:
llamando torneo” a ese toreo a caballo”
y añadiendo
que lo ejecutaban con enorme maestría los caballeros de las zonas cercanas a este paso del Duero. En especial los de Santibáñez de Mota, los de Wamba, Tiedra, Toro, San Román de Hornija, Tordesillas y Simancas -de ello que los sarracenos quisieran humillar a tan valerosos caballeros, pidiendo la entrega de doncellas-”.
Viendo claramente en estas palabras el origen del toreo a caballo, que no fue otro más que el del “torneo” con toros. Usándolos para entrenarse en las artes de la guerra, o bien para echarlos contra el enemigo. Todo lo que claramente se ha conservado en las tradiciones del lugar y en especial en la del famoso Toro de la Vega, que a mi juicio recreaba totalmente el lanzamiento de morlacos contra los enemigos, cruzando el Duero en tiempos de la Reconquista. Una forma de defensa que explica la enorme tradición taurina de esta “marca” del “río de oro” y su área. Donde desde Valladolid a Zamora, se venera a las reses en todas las fiestas patronales, siguiendo rituales de enorme raigambre histórica.
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(27): Descartamos como cierta la etimología que el manuscrito de Tuy propone acerca del nombre de la población llamada Pollos, sita a unos doce kilómetros de Tordesillas y a unos siete de Castro Nuño. Donde sí es verdad que antaño campaban a sus anchas reses bravas, criadas allí por algunas de las mejores ganaderías de Castilla y de León. Existiendo en su municipio fabulosas fincas, como la llamada Cartago, donde se recuerda la crianza de toros bravos.
(28): Es esta la etimología que el Manuscrito de Tuy da a Villafranca del Duero. Para observar la campaña, recomendamos ver de nuevo el mapa que bajo esta cita se contiene.
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(29): Menciona aquí el texto tudense como quienes lograron huir de los cristianos que les cerraban la retaguardia lo hicieron a través de Sepúlveda (Septembúlica) donde habría un lupanar, cuyas meretrices ayudaron a pasar el Guadarrama a los cordobeses. Aunque la cita de Septembúlica y el camno que tomaron a la huida, quizás sea correcta. Evidentemente no lo es la etimología del alto de Guadarrama, haciéndola proceder de “Guarra Dama” en razón a este prostíbulo.
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Los Encierros de Cuéllar presumen de ser los más antiguos de España. Esta afirmación no se hace de forma gratuita, pues ya en 1215, siendo obispo de Segovia Geraldo, se realizó un sínodo ya que el episcopado tenía problemas con los laicos y eclesiásticos de algunas circunscripciones de la diócesis, concretamente con la de Cuéllar, Coca, Sepúlveda y Pedraza. El sínodo dicta una serie de artículos que regulan la vida y el comportamiento del clero; en concreto el quinto artículo prohíbe a los clérigos que jueguen a los dados y asistan a "juegos de toros", y si lo hicieran serían suspendidos de su ministerio”.
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(30): TAL COMO RECOGÍAMOS EN CITA (25), FRAY JUSTO PEREZ DE URBEL DESCRIBE ESTA DERROTA CON LAS SIGUIENTES PALABRAS:
El primero de Agosto Comenzada la batalla entre Cordobeses y Cristianos con ligera ventaja inicial para las tropas de Abd al-Rahman III, pronto el vigoroso ataque del ejército de Ramiro II empezó a hacer difícil la situación de los `Caldeos´, como llamaban los cronistas cristianos a los Musulmanes, y éstos sufrieron una gran derrota cerca de las murallas de Simancas. Se vieron forzados a una fuga tan precipitada que el mismo Califa tuvo que abandonar sobre el campo su cota de mallas de oro y el precioso ejemplar del Corán, que siempre llevaba consigo (…) A marchas forzadas tuvo el Califa que regresar a Córdoba con los restos de su ejército, y, descontento con la conducta de sus oficiales en el combate, ordenó que fuesen crucificados muchos de ellos como traidores al Islam. Así terminó la orgullosa campaña de la omnipotencia; Abu Yahya de Zaragoza fue hecho prisionero por Ramiro II y el Califa ya no se aventuró en lo sucesivo a exponer su persona a los Del Duero al Tormes riesgos de las batallas y no volvió a mandar personalmente ejércitos (…) En el 940, la gran victoria cristiana de Simancas hizo, sin duda, posible una nueva expansión territorial de Reino asturleonés, y la frontera del Duero, que desde hacía algunos años se extendía desde Osma hasta Zamora y la raya de Portugal para avanzar luego hasta el Mondego, se adelantó ahora y llegó al río Tormes” .
TEXTOS DE:
"El condado de Castilla" // Fray Justo Pérez de Urbel; Madrid 1970, Tomo II, p. 106
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(31): Parece probado que Wamba fue regentado por caballeros desde que se recuperó en la Reconquista, al ser el sepulcro del rey Recesvinto y posiblemente el de Wamba (restos que trasladó Alfonso X el Sabio a Toledo). Todo hace pensar que antes de la llegada de los Hospitalarios ( Orden de Malta), hubo otros anteriores procedentes de Zamora -de dónde también llegaron templarios a Wamba-.
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(32): JUEGOS TAURINOS en los albores de la Historia. CRISTINA DELGADO LINACERO. Madrid 2007
EL TORO EN EL MEDITERRÁNEO; Cristina Delgado Linacero; Madrid 1996, Univ.Autónoma
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(33): PARA LOS INTERESADOS EN EL TEMA DE LA CAZA DE TOROS ENTRE LOS CELTAS Y LOS GERMANOS: Les recomendamos consultar nuestro estudio consistente en cuatro artículos, que comienza en este del que damos LINK. Pulsar:
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(34): Gonzalo Santonja Gómez–Aguero, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, director del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, doctor en Filología Hispánica y Honorary Fellox in Writing por la Universidad de Iowa.
Por los albores del toreo a pie. Textos e imágenes de los siglos XIII-XVII” (ed. Everest, MADRID 2012).
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(35): Gonzalo Santonja Gómez–Aguero, -SIC de su conferencia en el aula de tauromaquia de la Universidad San Pablo CEU, año 2013-
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(36): CARNE Y SÍMBOLO: TOROS EN LAS TIERRAS MADRILEÑAS DURANTE EL MEDIEVO
Dolores Carmen Morales Muñiz
Miscelánea Medieval Murciana 2013, XXXVII; pp. 139-154
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(37): IDEM CITA (36) pags. 147 a 150.