martes, 19 de septiembre de 2017

LA FUNDACIÓN DE SANTIBAÑEZ DE MOTA (el origen de Mota del Marqués)

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IMÁGENES sobre este párrafo: Fotografía de los Montes Torozos. Sobre la etimología y denominación de estas estribaciones y acerca del antiguo nombre de Mota del Marqués, trata la presente leyenda. Donde conoceremos el posible origen de la voz Torozos; montes que ya vimos eran antes llamados Gotoros o Góticos (en memoria de los godos, cuyos reyes tenían sus fincas de recreo en ellos).
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Al lado: Dos carteles de celebraciones taurinas en Mota del Marqués, donde existe una tradición muy arraigada de correr toros y a encierros en el campo. Costumbres valoradas y conservadas en la zona de los Montes Torozos, a mi juicio por haber sido un famoso cazadero desde tiempos inmemoriales. Un coto real que data de épocas ancestrales y que ha sobrevivido hasta nuestros días; con los “parques” de La Santa Espina o Boecillo, donde cazaban los monarcas godos y que se mantuvieron como fincas de la Casa Real, hasta haber sido catalogados de zonas protegidas o parques públicos. A mi entender, en estos montes se criaban algunas de las más importantes especies cinegéticas, entre los que destacaban fieros uros salvajes (tan valorados por reyes y nobles). Habiendo constituido esta zona de los Campos Góticos y de los Torozos, un verdadero paraíso para los cazadores; solo semejante a otras como el Coto Doñana o Sierra Morena. Donde caballeros y monarcas se ejercitaban en este deporte de matar astados silvestres, desde las más remotas épocas.
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ABAJO: Foto de un encierro en Mota del Marqués, hace unos setenta años (imagen tomada de la página de Facebook, MOTA DEL MARQUÉS, a los que agradecemos nos permitan divulgarla).
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A) Poema fundacional de Santibañez de Mota:
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De nuevo nos hacen llegar datos que amplían nuestra página, dedicada a las leyendas de Mota del Marqués. En este caso se trata de un poema que -según nos transmiten- data de época inmemorial y donde se narraría el origen y nombre de Santibáñez de Mota. Denominación que sabemos fue la primera dada a este lugar, al que luego se citará como Valdemota y que hacia el sigo XV nombraron Mota de Toro (tras pasar a dominio de la familia Ulloa; regidores de la villa toresana, junto a muchas de las poblaciones más cercanas). Finalmente y desde 1700 -aprox.-, el altozano o motilla de Toro se menciona como Mota del Marqués; unos cien años más tarde de que Felipe II hiciera a Rodrigo de Ulloa, marqués de esta población (un título que actualmente pertenece a la Casa de Alba).
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Consecuentemente, sabemos que el nombre original del lugar fue Santibáñez de Mota; lo que en un principio habríamos de interpretar como “San Ivan del montículo” (o “San Juan del altozano”). Aunque tras leer el poema que hoy analizamos; todo lleva a pensar que el asentamiento en la colina se llamó Santibañez, por haber existido en ella unos baños o fuentes de salud, a los que denominarían Santos-baños de la Mota. Manantiales de etapa visigoda, hoy extinguidos -o sin localizar-; que los versos recogidos a continuación, relacionan con otras fuentes medicinales de los Torozos, como la de San Juan de Baños (en Palencia). Termas de origen romano, presididas posiblemente por un templo dedicado a Esculapio; habida cuenta los restos hallados y las grandes propiedades del este manantial del Cerrato. Donde sabemos que reyes godos acudían a curar sus dolencias; elevando allí Recesvinto una basílica, reutilizando capiteles y columnas romanas del posible templo de esculapio; a la que dió un nombre que mucho nos recuerda al de Santinbañez: Sant-Iván de Baños.
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Todo ello lo menciona el poema que hoy analizamos; narrando que la fundación del lugar llamado Santibañez de Mota, procede de aquellas aguas de salud existentes por entonces en esta colina hoy llamada “del Marqués”. Asimismo, habla el texto de que los campos de la misma zona, actualmente denominados Torozos; fueron antaño “de los godos” y por ello nombrados como Gotoros. Todo lo que sabemos sucede hasta el siglo XI; cuando tanto la ciudad de Toro y los montes cercanos a Mota, cambian de denominación. Habiéndose sido hasta entonces Campos Góticos o Gotoros, tanto la villa de Toro y los Torozos; aunque en tiempos del rey Alfonso VI ya se describen aquellos lugares del modo que actualmente hace -como los de Toro y los Torozos- (1) .
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IMAGEN, ARRIBA: Casa prioral en la iglesia de San Román de Hornija; declarada monumento histórico debido a que su atrio de entrada estaba construido con columnas romanas y algunos capiteles visigodos. Tristemente fue abandonada durante años, por lo que su fachada y “terraza” se deterioró totalmente. Hace algún tiempo sufrió un último golpe que la destruyó; al quitarse los capiteles que sostenían el voladizo, cayendo lo que quedaba de su atrio y columnas frontales. Esperemos que en un futuro próximo, los problemas que sufre esta preciosa casa del prior, sean solucionados finalmente y pueda ser restaurada.
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IMAGEN, AL LADO: Campanario de misma iglesia en San Román de Hornija, donde se enterró el rey Chindasvinto, junto a su mujer Riciberga. Este monarca visigodo de gran valía y carácter, fue coronado con casi ochenta años (en el 643); proclamando poco después el sistema hereditario en la sucesión al trono. Tras designar a su hijo Recesvinto como próximo rey -el año 648-, le entregó la mitad del mando y gobierno; compartiendo toda potestad con él. Poco después se iría a vivir a San Roman de Honija, tras fundar allí un monasterio dedicado al santo homónimo y donde viviría hasta el fin de sus días (sucedido en septiembre del 653). En este lugar, cuyo campanario y casa parroquial mostramos en imagen, fue inhumado Chindasvinto y la madre de Recesvinto. El heredero de la corona que también vivió largas temporadas en la zona, teniendo su villa y finca en Wamba, donde es enterrado -tras morir en este pueblo vallisoletano en el que coronan a su hijo: Wamba-. El féretro de Recesvinto fue trasladado a Toledo por Alfonso X, siglos después. Pero el de Chindasvinto y su mujer no lograron ser localizados, cuando el Alfonso El Sabio reagrupó las tumbas de los reyes godos, para llevarlos en la basílica toledana de Santa Leocadia. Por lo que en San Román de Hornija se conserva aún la lápida, el sepulcro y hasta los restos óseos de este matrimonio real visigodo -que hemos mostrado en imágenes en nuestra anterior leyenda-.
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IMAGEN, ABAJO: Mapa de la zona donde se suceden los hechos que esta leyenda recoge. Hemos marcado con un círculo morado las poblaciones principales: Santibáñez de Mota (Mota del Marqués), San Cebrián de Mazote, Tiedra, Toro, San Román de Hornija, Wamba, San Juan de Baños y los montes Torozos (en los Campos Góticos).
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Por todo cuanto explicábamos, bajo este párrafo recogemos con gran interés el poema fundacional que nos hacen llegar y que trata acerca del origen de Mota de Marqués (antaño Santibañez de Mota). Los versos están compuestos en dos series; tratando la primera parte del nombre de Torosos y la segunda acerca de la fundación de Santibáñez.
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De Santibañez e dos montes Toroços:
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I - Sobre el nome Toroso:
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O nome dos montes Torosos
disen por ser rocosos.
Más que verdad no era,
pues quien bien los viera;
no contempla los trosos.
Tan solo raposos, e fieras.
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El nome que al soto diera
de veros reyes viniera.
Nobles que por as tierras
e por villas de godos.
Et por eso e por quien quiera
que dijeron aquesta sierra
e llamáronla Gotoros.
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Mas por bien que fuera e hisiera,
disen también que Toroso
fue, porque uros peligrosos
cazaban para instruir guerras.
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Por tal que o nome Torosos,
de godos vino, a vez primera.
Mas luego, llamada la vera
colinas dos toros e osos
criados; que mataron todos
por ser peligrosas riberas.
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E fue que en esas eras
hablan do reyes godos
e de sus hijos en tronos,
contando hestorias veras:
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II - Fundación de Santibañez del Cerro:
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Do Chindasvinto Toledo,
fundó monesterio de anciano;
por siendo rey duro, e humano,
desidió vivir donde el Duero.
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Fuese de viejo, et tuvieron
descanso e caza en verano.
E llegaba a San Cipriano
do había toros muy fieros.
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Dió a su hijo com hermano
la mitad de tod el reino;
el medio de su reinado,
a Román e Gerticos veniendo
se llegaban ansí viajando,
os dos reyes cristianos.
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En do San Juan llamado,
tomaban sus aguas salero;
más cerca donde habitaron
hubo otro manar minero.
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E Santibañez llamaron
aqueste alto del cerro,
junto a Mazote que hallaron
do iban cazando becerros.
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Con una daga e sus perros
e una lanza en la mano,
veníase todos os annos
matando toros a encierro.
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Tomando os mejores bannos
en Santibañez del llano
como llamaron por sano
al manantial castellano.
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Aqueste lugar de emeterio
por cerca de San Cipriano,
do cazaban toledanos,
osos, uros e cebros;
a sangre, sudor e ferro.
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E bebían esos sanos
manares de aquel terro
por tan milagros serros,
que Santos bannos llamaron.
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E así fue que fundaron
a Santibañez dos cerros.
Que luego denominaron
Valdemota del berro,
e Mota del altozano.
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IMAGEN, ARRIBA: Una recreación fotográfica realizada por mí, en la que vemos a la derecha el encierro en Mota, hace unos setenta años -agradecemos a la página MOTA DEL MARQUÉS, Facebook; nos permita divulgar esta imagen en blanco y negro, tomada de allí-. A la izquierda, observamos la misma calle tal como está hoy (bastante cambiada y con muchas casas caídas); sobre ella que he colocado las vaquillas que aparecían en la foto anterior, recreando de este modo el encierro, tal como aún se sigue realizando -en igual lugar y vía-.
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IMAGEN JUNTO A ESTAS LINEAS: Estatua del rey Wamba, hijo de Recesvinto, representado como santo, tal como se conserva en el monasterio portugués de Tibaes (Braga) -agradecemos a la institución y hotel Tibaes, nos permita divulgar nuestra imagen-. Este enorme convento luso, es también de origen muy antiguo y curiosamente está emplazado en un cazadero real de la corona portuguesa. No dista mucho de tierras de Zamora; situado a unos doscientos cincuenta kilómetros de San Román de Hornija y a unos trescientos de Wamba (que como sabemos eran los lugares de enterramiento del abuelo y padre del rey homónimo). Wamba o Bamba, fue santificado por los portugueses y representado como un clérigo, habida cuenta su tortuosa historia:
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Famoso como hombre prudente, al morir su padre Recesvinto -en el año 670-, no quiso aceptar la corona debido a que ya tenía setenta años. Pero obligado a reinar, tuvo que sofocar numerosas revueltas en toda la Península, evitando la entrada de los musulmanes por el Sur y erradicando intentos de invasiones de visigodos sublevados -huidos a Narbona-. Sus expediciones militares las aprovechó para traer reliquias, como la de San Antolín de Francia; que dispuso en la cripta de la catedral de Palencia, donde existía un pozo con aguas curativas. Aquel manantial sagrado de San Antolín dista tan solo unos siete kilómetros del de San Juan de Baños; igualmente milagroso y que había solucionado la enfermedad renal de su padre (Recesvinto). Tras años de reinado prudente, Wamba fue engañado por parientes y gentes cercanas; quienes lo emborracharon para cortarle el pelo y destronarlo -aunque también se dice que le suministraron un narcótico-. Tras ello, fue tonsurado y al verse sin pelo -al despertar- renunció a la corona; retirándose como monje al monasterio de San Vicente en Pampliega. Allí murió y fue enterrado, tras vivir los últimos años de su vida como un miembro más de la orden; sus restos fueron trasladados siglos después a Toledo por Alfonso X el Sabio (para ser inhumado junto a su padre, recogido en el pueblo de Wamba).
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IMAGEN, ABAJO Y AL LADO: Dos fotografías del interior de la iglesia de Wamba, sita a pocos kilómetros de la capital vallisoletana. En ellas podemos ver los maravillosos arcos de estilo mozárabe que culminan el altar y su cabecera (fechados entorno al siglo X). En su interior aún quedan restos del monasterio de origen visigodo que allí hubo -hoy prácticamente desaparecido-; incluso en algunas zonas vemos columnas y partes de lienzos de pared, que descubren su origen godo.
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B) lnterpretación del poema fundacional de Santibañez:
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1º) – EL NOMBRE DE SANTIBÁÑEZ Y EL DE SAN JUAN DE BAÑOS; SU RELACIÓN CON “SANTOS BAÑOS”:
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Los versos antes recogidos señalan y explican claramente etimología de Santibáñez, tanto como el origen de esta población. Explicándonos que esa zona de San Cebrían de Mazote era frecuentada por los reyes godos, para cazar; y que en los cerros junto a este lugar encontraron una “mota” con buenas aguas, a la que llamaron “Santos Baños” (Santibañez). Todo lo que expresa en los últimos versos de la segunda parte, cuando escribe:
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Tomando os mejores bannos /// en Santibañez del llano /// como llamaron por sano /// al manantial castellano.
Aqueste lugar de emeterio /// por cerca de San Cipriano, /// do cazaban toledanos /// osos, uros e cebros /// a sangre, sudor e ferro;
e bebían esos sanos /// manares de aquel terro /// por tan milagros serros, /// que Santos bannos llamaron.
E así fue que fundaron /// a Santibañez dos cerros. /// Que luego denominaron /// Valdemota del berro, /// e Mota del altozano.
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En las anteriores frases se describe cómo aquella población -hoy llamada Mota del Marqués- fue fundada debido a sus aguas ricas en berros. Una planta medicinal que nace en los arroyos y manantiales claros; lo que explica que abundasen en este lugar donde pasa el río Bajoz e innumerables arroyos (como el Daruela, el Sendero Toresanos, el Mocho, el Valdegloria y etc). Numerosas fuentes y riachuelos que hasta no hace mucho cruzaban y nacían en este punto llamado “Mota”, tan cercano a Vega de Vadetronco, donde pasa el famoso Hornija. Por todo ello, la abundancia de berros debió ser motivo más que suficiente para que los enfermos renales se establecieran allí; pues era sabido desde los tiempos más remotos que esta planta acuática es diurética y que curaba las dolencias del riñón (eliminando en especial las piedras). Una enfermedad hereditaria y que sabemos sufría al menos Recesvinto; quien en la palentina San Juan de Baños halló el remedio a sus dolencias nefríticas. Tanto, que en el manantial donde se supone había un templo romano a Esculapio (dios latino de la medicina); este rey visigodo levantó en el año 661 la famosa ermita dedicada al culto de San Juan. Basílica construida sobre el edificio romano y que Recesvinto coronó con una lápida fundacional que reza haberla edificado y terminado en el año 661 (como podemos ver en imágenes a continuación).
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SOBRE ESTAS LINEAS: Iglesia de San Juan de Baños (en Baños de Cerrato, Palencia). A tan solo siete kilómetros de distancia de la capital palentina, existió desde la más remota antigüedad una zona termal, en la confluencia de los ríos Carrión y Pisuerga. Famosa al menos desde época romana, se sabe que estas fuentes estuvieron rodeadas por un edificio hispano que se supone dedicado al dios de las curaciones (Esculapio). La leyenda fundacional de su iglesia narra que pasó por allí el monarca Recesvinto, tras regresar de luchar contra los vascones. Afectado de una fuerte dolencia renal, sus males sanaron al beber el rey visigodo de aquellas aguas; por lo que mandó edificar la basílica, reutilizando los restos del templo romano.
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AL LADO: Manantial de San Juan de baños, llamado Fuente de Recesvinto, por haber devuelto sus aguas la salud al monarca godo. Era conocido desde tiempos remotos y al parecer siempre tuvo fama por sus propiedades curativas. Como hemos dicho, en tiempos romanos hubo allí un edificio dedicado a Esculapio (Asclepios el dios grecorromano de la medicina). Tal como comprobaron los arqueólogos en los años sesenta, pues cerca de la basílica visigoda de San Juan se halló el “Ara de las ninfas”; una estela sagrada con dedicatoria votiva a las diosas del manantial y que dicta: NVMINI SACRVUM VOTO SOL-TO -Al dios numen (del agua) voto hecho-.
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SOBRE ESTOS PÁRRAFOS: Interior de San Juan de Baños, donde podemos ver su altar central y la lápida fundacional -sobre su pared principal-. Las imponentes columnas romanas en su mayor parte se completan con capiteles reaprovechados, de igual origen; aunque en algunos casos están rematadas con copias visigodas de cimácios y piezas originales. La maravillosa basílica se adorna con cenefas y múltiples detalles godos, haciendo de ella una joya de la arquitectura mundial. Asimismo y como podemos observar, luce ya algunos arcos en forma de herradura; lo que habla claramente de la importación de estilos orientales. Dejando en evidencia que estas “modas arquitectónicas” no vinieron tan solo por mano de los árabes; sino que hubieron de llegar antes de Oriente Medio, a través de los bizantinos y de romanos -que visitaban o viajaban hasta el Imperio del Este-. Recordemos que la misma Gala Placidia, fue hija del emperador hispano Teodosio y nació en Conatantinopla, para terminar siendo raptada por los visigodos en el saqueo de Roma. Casándose finalmente con el cuñado de Alarico, Ataúlfo (primer rey de la Hispania goda); del que tuvo prole y enviudó, tras ocupar el trono de la Cataluña visigoda. Regresando posteriormente a Roma, para cumplir como mujer y hermana de emperadores. Todo lo que muestra cómo ya en el siglo V, el contacto entre la Península y Oriente Medio, era manifiesto y constante.
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AL LADO: Lápida fundacional de San Juan de Baños. En ella podemos leer en latín:
Precursor del señor, Mártir, Bautista Juan, posee el eterno don esta basílica para ti construida; la cual devoto yo, Recesvinto Rey, yo mismo amador de tu nombre, te he dedicado, erigiéndola y dotándola a expensas mías y dentro del territorio de mi propia heredad en la era 699, año décimo tercero de mi glorioso correinato” (2) .
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Se supone que fue construida cuando al regreso de sus batallas contra los vascones, Recesvinto bebió aquellas aguas, curándose de sus dolencias. Pese a todo, vemos que el texto reza “yo mismo amador de tu nombre, te he dedicado, erigiéndola y dotándola a expensas mías y dentro del territorio de mi propia heredad en la era 699, año décimo tercero de mi glorioso correinato”. Lo que a mi juicio claramente denota que este manantial estaba en territorio propiedad del rey (heredad suya) y que levantó aquella iglesia a sus expensas y con la intención de recordar tan solo a San Juan, a su padre y a su reino. Mencionando quizás por ello en la lápida la fecha de su correinato (sucedido en el 648), aunque sabemos que Chindavinto ya había muerto en el 653. Por lo que en aquel año de 661, se cumplían trece años desde que Recesvinto subió al trono junto al progenitor, aunque habían transcurrido nueve desde que gobernaba solo. Resultando así “algo extraña” la mención al correinado. Asimismo, la frase “a mis expensas y en mi heredad” dejan ver que seguramente nos habla de un templo edificado para y por Recesvinto, en sus tierras y bajo su único criterio (sin atender a peticiones de clérigos o del pueblo). Todo lo me que hace pensar que realmente San Juan de Baños estuviera dentro de las posesiones de este monarca godo; que sabemos se extendían desde la población entonces llamada Gerticos y que tras su muerte denominaron Wamba. Donde Recesvinto tenía una enorme finca de recreo, que probablemente llegase hasta Baños de Cerrato. Cruzando los Montes Torozos y alcanzando esos ricos manantiales, venerados desde la antigüedad. Todo lo que explicaría el asentamiento de estos reyes godos en aquel lugar; no solo por motivos cinegéticos, sino también para curarse.
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2º) – LOS “SANTOS BAÑOS” CONVERTIDOS EN “SAN IOVANES”:
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En cuanto a la posible síncresis y “conversión” del topónimo romano Sanctus Balneos (santos baños -cuya crasis sería SanBalnu-) por el nombre San Juan, o Sant Iván del Baño. Hemos de tener muy en cuenta que al comienzo de la Edad Media, aquellas transformaciones eran tan comunes como necesarias. Dado que estábamos en los inicios del cristianismo; un momento en que los lugares dedicados a los dioses romanos, debían sincretizarse hacia formas católicas. Incluyendo así en el santoral, deidades latinas y personajes legendarios; tras situar las iglesias o puntos sagrados de la nueva religión, sobre los mismos emplazamientos en que antaño había templos y recintos santos (ibéricos o de Roma). De tal manera, el cambio de voces y la síncresis de hechos o figuras, fue una absoluta necesidad durante estos primeros siglos de expansión del cristianismo por Europa. Transformando nombres y topónimos por doquier. Unos hechos que vemos en todo el imperio; tal como sucedió con los numerosos Montes de Marte romanos, siendo “bautizados” como Montes de los Mártires. Entre los que destaca el famoso Montmartre de París; citado aún en época merovingia como Mons Marte y que posteriormente fue llamado Monte del mártir (al haber sido allí decapitado San Denís -patrón de Francia- junto a otros cristianos). Otro caso llamativo será el de la sustitución de la diosa Juno y del “Sacro” Iovis (Júpiter), por Santos del Llano (Santullano como el de Oviedo) y sobre todo por San Juliano o Santa Juliana y Juana.
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Por cuanto decimos, a comienzos del medievo existirán infinidad de lugares, hechos religiosos y personajes divinos; a los que hubieron de cambiar su naturaleza y nombre romanos, por estas formas católicas. Eligiendo comúnmente voces que partían desde palabras latinas parecidas y sicretizánolas con historias, relatos y leyendas, similares a las que ya tenían. Para quienes no deseen admitir esta síncresis tan generalizada, les habremos de recordar cuanto hizo la iglesia española al llegar a América. Donde apresuradamente sustituyó el santoral cristiano, transformándolo con muchas de las deidades autóctonas (aztecas, incas y de otros pueblos precolombinos). Conservando en numerosísimos casos las historias y leyendas de dioses amerindios; sincretizándolas en la nueva religión, que de este modo tan sabio e inteligente, introdujeron en unos pocos decenios. Logrando así acabar con los numerosos ritos de sangre que los cultos precoloniales practicaban; entre los que destacaban los sacrificios humanos de la religión azteca -que inmolaba anualmente unas treinta mil víctimas; entre las que ofrecían a sus dioses niños o adolescentes de ambos sexos, a los que mataban de forma terrible en los lugares sagrados-. De igual forma, con la expansión del cristianismo a comienzos de la Edad Media, se eliminaron numerosas costumbres paganas; muchas de ellas también sangrientas o degradantes. Asimilándolas a la nueva religión; dándoles forma y nombre sincretizado, para adaptarlas a la exigencia del culto católico, que no permitía sacrificios de sangre (siquiera de animales). En estas circunstancias y momentos; creemos fue cuando el antiguo Santuario y Balneario de los cerros (SantBalnu Cirratus); terminará por llamarse San Ivan de Cerrato. Elevando allí Recesvinto la famosa ermita conocida hoy como San Juan de Baños (del Cerrato).
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La obvia necesidad de sincretizar las deidades y lugares sagrados hispano romanos, convirtiéndolos al cristianismo; dará lugar a santos legendarios, de los que infinidad de ellos pueblan el nomenclator británico y germano. Donde la “santa luz brillante” (llamada originalmente Saint Bright) se convertirá en Santa Brígida; o donde el santo navegante iluminado (Beográn -el brillante-) se hace San Brandán. Algo que concederá múltiples nombres y muy distintas denominaciones a iguales personajes divinos; atendiendo al lugar donde habían realizado las síncresis. Tal como sucede con Santiago, llamado indistintamente Jacobo o Jaime; del mismo modo que pasa con San Juan, también conocido como Iván o Ioanes etc... . Todo cuanto exponemos explicaría la hipótesis de que el nombre de Santibáñez (de Mota) tuviera su origen en las aguas del lugar; habiéndose denominado originalmente Santos Baños (SantBalnus). Aunque más tarde se sincretizase aquel lugar como San Ivan, por afinidad fonética -tal como sucedería en las termas del Cerrato-. De tal manera comprendemos que el nombre de San Juan de Baños y el de Santibáñez pudieran tener un mismo origen; procediendo ambos de los ricos manantiales que poblaban ambas zonas. Todo lo que el poema antes recogido expone en los versos ya recogidos y que nos explica cómo antes de frecuentar los godos Mota, iban a tomar baños a Cerrato (diciendo “aguas salero”). Aunque posteriormente hallaron otras fuentes curativa (“manar minero”), que llamaron Santibañez. Lo que describiría en los siguientes versos de la segunda parte:
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En do San Juan llamado,/// tomaban sus aguas salero; /// más cerca donde habitaron /// hubo otro manar minero.
E Santibañez llamaron /// aqueste alto del cerro, /// junto a Mazote que hallaron
do iban cazando becerros.
Con una daga e sus perros /// e una lanza en la mano, /// veníase todos os annos /// matando toros a encierro.
Tomando os mejores bannos /// en Santibañez del llano /// como llamaron por sano /// al manantial castellano.
Aqueste lugar de emeterio /// por cerca de San Cipriano, /// do cazaban toledanos /// osos, uros e cebros /// a sangre, sudor e ferro.
E bebían esos sanos /// manares de aquel terro /// por tan milagros serros, /// que Santos bannos llamaron.
E así fue que fundaron /// a Santibañez dos cerros. /// Que luego denominaron /// Valdemota del berro, /// e Mota del altozano.
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SOBRE Y JUNTO ESTAS LINEAS: Imágenes del Bajoz a su paso por el puente del palacio de los Ulloa, en Mota del Marqués (en la superior, fotografiado desde el exterior y en la de al lado, desde el interior del jardín). Este río que hoy vemos mermado y convertido en un arroyo -debido a las sequías y a las tomas de riego para agricultura-; hace unos pocos decenios tenía un gran caudal, que le permitía alimentar numerosos molinos en la zona.







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SOBRE JUNTO ESTOS PÁRRAFOS: Dos imágenes más de uno de los muchos “caños” que tuvo Mota del Marqués. Fuentes hoy cerradas, en su mayoría por motivos de salubridad, habida cuenta el problema que genera la filtración de fertilizantes extendidos durante años sobre los campos. Como decimos, el pueblo está lleno de manantiales y de pozos. Por ello, desde que el agua se recibe por toma y tubería en cada domicilio, se ha elevado enormemente el nivel freático del terreno; lo que ha causado enormes daños en muchas de sus casas -debido a las humedades-. Tanto, que esas aguas interiores perjudicaron seriamente los cimientos de la gran iglesia de San Martín (obra de Gil de Ontañón). En cuyas proximidades nacían hasta riachuelos, causando estragos en el solado del templo. Por fortuna, hace unos años comenzaron los trabajos de recuperación. La restauración de este gran templo renacentista recientemente ha sido acabada; habiéndose arreglado con gran esfuerzo y premura la iglesia; reconduciendo estos manantiales que espontaneamente surgían cerca de San Martín de Mota.
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ARRIBA Y AL LADO: Dos fotos más de fuentes que actualmente siguen usándose en el pueblo. Arriba, la Plaza del Ayuntamiento; que vemos en la imagen convertida en coso taurino durante las fiestas patronales. Al lado, un “caño” en el llamado “Corro de Palacio”; junto al palacio de los Ulloa, Marqueses de la Mota. Como podemos ver, Mota del Marqués tiene un enorme potencial de acuíferos que bajan desde los Torozos, habiendo podido ser antaño una zona de pequeños lagos y llena manantiales -ideal para el berro; planta medicinal que se cita en el poema fundacional que estudiamos-.
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3º - SAN CEBRIÁN. CAZADERO DE ZEBROS, RECONVERTIDO EN SAN CIPRIANO (Mazote y Cerrato, tierras de cerros y de cebros):
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Trataremos a continuación de los versos que mencionan a San Cebrían de Mazote; una antigua localidad muy próxima a Mota (apenas a unos seis kilómetros) y famosa por su iglesia mozárabe. Templo al menos de origen visigodo y que a mi juicio fue reconstruido hacia el 950, tras la victoria en Simancas -al derrotar a Abderramán III en el Duero; tema que hemos tratado en nuestras anteriores leyendas-. Siendo así, el texto que analizamos menciona esta iglesia de San Cebrián varias veces, diciendo:
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E Santibañez llamaron /// aqueste alto del cerro, /// junto a Mazote que hallaron
do iban cazando becerros.
Con una daga e sus perros /// e una lanza en la mano, /// veníase todos os annos /// matando toros a encierro.
Tomando os mejores bannos /// en Santibañez del llano /// como llamaron por sano /// al manantial castellano.
Aqueste lugar de emeterio /// por cerca de San Cipriano, /// do cazaban toledanos /// osos, uros e cebros /// a sangre, sudor e ferro.
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Es de gran importancia la cita de San Cebrián (San Cipriano) y la mención de estos campos que rodeaban su templo, reconocidos como un cazadero de osos, uros (toros silvestres) y cebros (zebros). Acerca de este último animal -hoy prácticamente desconocido- diremos que se trataba de un caballo salvaje, semejante a las cebras. Constituyendo una especie desaparecida en la Península hace unos quinientos años, pero que hasta el siglo XVI pobló nuestros montes y bosques. Extinguiéndose entorno al 1570; por lo que desde entonces hay apenas citas que lo recuerden. Quedando tan solo algunos textos posteriores donde se hable de ellos -como los de Cervantes o Lope- (3) . Habiendo sido Fray Martín Sarmiento (Pedro José García Balboa) el primero en redescubrirlos dos siglos después de que desapareciesen; tras observar que los montes do Cebreiro en Galicia, se llamaban en latín monsdicitur Onagrorum. Lo que le llevó a pensar que su etimología partía desde ese zebro, porque "caballo salvaje" en latín se dice ONAGRO. Llegando posteriormente a descubrir una enorme cantidad de documentos medievales -portugueses y españoles- donde se hablaba de esos zebros. Siendo este clérigo quien en 1762 estudia “al zebro en los textos medievales y deduce que en España siempre abundaron las `cebras del Congo´. Opinión que plasma en su Obra de 600 pliegos: `De Historia Natural y todo tipo de erudición´. Donde trata sobre el animal con la intención de que “...los que pudiesen tener algún influjo, solicitasen que se restituyeran a nuestra España nuestro animal perdido, cebro y cebra, para que acá procreasen en las montañas”. Además, el Padre Sarmiento en el trabajo que citamos, define al cebro como “el animal más hermoso de todos los cuadrúpedos, pues tenía franjas de todos los colores” (4) .
En el texto mencionado anteriormente -ver (4)- encontramos un relato muy completo acerca de la historia de este equino tan similar a la cebra africana y que poblaba antaño nuestros bosques. Afirmando su autor cómo numerosos topónimos de la Península tienen su origen en la proliferación de estos cebros, zebros o encebros. Escribiendo literalmente: la toponimia da fe de su presencia tanto en España como en Portugal, en el norte con nombres como Piedrafita do Cebreiro ( Lugo), Auga dos Cebros (Pontevedra), Vegacebrón (Asturias), Zebreira (Idanha-a-Noval), Monte dos Zebros (Beira Baixa), Vale da Zebra (Ribadetejo), Ribeira de Zebro (Moura), por el Este hasta Teruel en Valdencebro, el Abrigo de los Encebros (Alacón), por el Centro Peninsular , Cebreros (Avila), Acebrón (Cuenca) y por el Sureste, Los Encebros (Chinchilla), Encebras (Alicante) y Las Encebras (Murcia)´. Reuniendo las citas y topónimos deducimos que se trataría de un caballo veloz, de perfil convexo, pies débiles, capa de color gris ratón, con raya dorsal o de mulo, orejas grandes, grupa caída, relincho propio de yeguas, y un aspecto triste y apocado. Equino que habitó preferentemente en espacios abiertos de pradera y matorral, donde podía escapar a la carrera, al sur de la Cordillera Cantábrica y del Sistema Ibérico”.
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SOBRE ESTAS LINEAS: Portada del libro del Padre Sarmiento (Pedro José García Balboa), basado en sus escritos de 1752 e intitulada: DISERTACIÓN SOBRE EL ANIMAL ZEBRA; NACIDO, CRIADO Y CAZADO ANTIGUAMENTE EN ESPAÑA; DONDE YA NO SE ENCUENTRA. Editado por la Universidad de la Laguna en 2013, recoge esta obra los textos de Martín Sarmiento en sus trabajos sobre el cebro -“Obra de 600 pliegos: De Historia Natural y todo tipo de erudición” y “El animal que (...) se vio, se mató y se desarrolló en el Bierzo- (5) .
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JUNTO ESTE PÁRRAFO: Onagro de Siria; pequeño cebro de metro y medio de altura, hoy desaparecido y fotografiado por Keller en 1915. Su apariencia de burro engaña frente a la fiereza y el nerviosismo de este equino, que vivía en manada y en estado salvaje -hasta que se extinguió hace unos cien años-. Al parecer, el cebro o encebro ibérico era mucho más alto y peligroso que este onagro; semejando las cebras africanas aunque con un color de piel muy diferente (tono ratón y con algunas rayas oscuras en cuello y sus lomos). Como hemos dicho, el padre Sarmiento descubrió que la Península había estado poblada de zebros, estudiando los topónimos relacionados con ellos. Viendo primeramente que los montes "do Cebreiro" en Galicia, se llamaban en latín monsdicitur Onagrorum (montes denominados de los onagros).
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ABAJO: Lámina editada en el libro antes referido, que recoge las obras del Padre Sarmiento -publicado por la Universidad de la Laguna en 2013-. Ilustra su introducción, escrita por Elena Santos Vega y Jose Santos Puerto; donde explican cómo aquel clérigo llegó al estudio del zebro tras sus investigaciones sobre etimología y toponimia. Logrando observar que numerosos lugares se llamaban “Cebreros”, “Cebrado” etc.; debido a la proliferación de aquel equino salvaje extinguido en el siglo XVI. Cuya caza debió ser uno de los deportes más ejercitados entre los nobles del medievo. Asimismo, la captura de zebros sería un gran medio de subsistencia para las gentes del campo y de los pueblos. Acerca de la descripción y menciones del este equino silvestre ibérico en obras anteriores a las del padre Sarmiento, podemos consultar la cita (6) .
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El texto antes referido menciona numerosos topónimos originados por la voz “zebro” o “encebro”, pero olvida los de San Cebrián que hay en Palencia, Zamora y Valladolid. Sobre el San Cebrián cercano a Mota, diremos que su segunda denominación es “mazote”; voz que indica “pequeño monte” y que procede de “Monzoute” (como sabemos). Sobrenombre con el que ya se cita este lugar en un documento fechado en el 952; hablando de que hasta allí se había trasladado en el año 916 una comunidad de monjes, que poco más tarde viajó a San Martín de Castañeda (donde redactaron el referido documento). Poco después, dicho templo de San Cebrián de Mazote, se mejorará y convierte en un centro religioso de gran relevancia. A mi juicio cuando Abderramán III es derrotado en Simancas -tal como hemos narrado en nuestra anteriores leyendas-. Una batalla librada en el año 939, donde el califa andalusí perdió gran parte de sus huestes; tras haber llegado hasta Portillo de Valladolid con casi doscientos mil hombres bien armados. Presentando el cordobés allí guerra, e intentando cruzar el Duero, para avanzar por tierras cristianas arrasando cuanto pudiera (pretendiendo llegar hasta Santiago de Compostela). De tal modo, resulta lógico pensar que tras la pérdida de poder del califato y la retirada de Abderramán (quien se negó a volver a mandar a sus ejércitos). Habiéndose ampliado la frontera de los cristianos hasta el Duero y llegando el dominió leonés a una zona cercana a San Cebrián. Se reconstruyeran las iglesias de origen visigodo próximas a este río; rehaciendo los mozárabes la de San Cebrián de Mazote -y otras tantas como Wamba o San Román de Hornija-.
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En cuanto a la etimología de San Cebrían de Mazote o “de Monzoute -voz que hemos dicho, indicaba “montículo” o “montecillo” y resulta similar a otros topónimos de zonas cercanas (como el de Monzón, Mansilla, Mozoncillo y etc.)-. Asimismo hemos de observar que su nombre de “Cebrián” pudo proceder de que aquel lugar fuese originariamente un cazadero -o criadero- de zebros. Siendo lo más probable que de esta circunstancia proceda su denominación. Ya que sabemos cómo este equino salvaje poblaba especialmente las sierras centrales; estando muy extendido en zonas como Cebreros (Ávila), los distintos Cebreiros de Galicia y los bosques de Orense, Palencia, Zamora o los de León. De tal manera, la denominación de San Cebrían a mi juicio no nacería de San Cipriano, sino que se trataría de otra síncresis medieval. En la que habrían cambiado el nombre original, por el de un santo fonéticamente parecido (Cebrián por Cipriano). Siendo inicialmente aquel lugar así apelado solo por la proliferación de zebros en la zona. Un “onagro” que sabemos nominaba a muchas sierras y tierras ibéricas; haciendo común los topónimos derivados de la voz “cebra”, aplicados a lugares donde abundaban estos equinos silvestres.
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Demostraría mi teoría la existencia de otras tantas poblaciones llamadas San Cebrián en la zona, de las que algunas ni siquiera tienen como patrón a San Cipriano. Un hecho que rebatiría la idea de que San Cipriano y San Cebrián sean el mismo santo o una igual persona y palabra. Algo que también se ratifica al observar que Cebrián no está admitido en el santoral como nombre de pila. Una circunstancia que demostraría cómo el santo Cebrián no existe (canonizado) y que aquel nombre pudo originarse con la cristianización altomedieval de lugares dedicados a los cebros o cervunos. Montes y poblaciones donde se cazaba y veneraba a estos animales; que pudieron ser cristianizados con un santo casi homónimo (como es Cipriano, cuya fonética en verdad se parece mucho a Cebrián). Pues tal como decimos, Cebrián no es nombre de persona, sino solo un apellido cuya procedencia se considera originada en zonas de igual denominación. Pueblos muy cercanos todos a Tierra de Campos y en los que quizás en la más remota antigüedad existió un culto al dios de los animales celta; cuyo nombre sabemos era “Cernuno” (el divo cervuno).
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Siendo así, encontraremos cinco lugares con esa denominación en Castilla: San Cebrián de Castro en Zamora; villa de origen hispanorromana muy próxima a Villafáfila y a Benavente, que no tiene iglesia en culto a San Cipriano y cuya patrona es la Virgen de la Asunción. Asimismo está en el Alto Pisuerga, San Cebrián de Muda; cazadero famoso cuya iglesia es la de San Cornelio y San Cipriano. También en Palencia hallamos San Cebrián de Campos, cercana a Husillos (al norte de Monzón) que igualmente rinde devoción a los santos Cornelio y Cipriano. Finalmente, encontramos en Palencia, San Cebrián de Buena Madre; una finca sita en El Cerrato cuya iglesia es la de Santa Juliana (sin advocación ni homenaje a San Cipriano). De tal manera, podemos ver que existen al menos cinco lugares llamados San Cebrián y que todos ellos se hallan cercanos a Tierra de Campos. Aunque tan solo tres de estos rinden culto a San Cirpiano; lo que hace pensar que la identificación de este santo con Cebrián no es un hecho cierto, pues de ser así todas las poblaciones llamadas Cebrían tendrían obligatoriamente esa misma advocación.
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AL LADO: Caballos “asturcones”; de raza autóctona montañesa. Conocidos por su bondad y resistencia (al frío y a las calamidades) estos equinos del Cantábrico fueron usados en la guerra desde la más remota antigüedad. Su pequeño tamaño les permitía ser fácilmente introducidos entre la maleza y caminar por el monte, sin ser vistos. Asimismo, su pelaje impedía que se dañasen al avanzar por zonas rocosas o entre ramas, todo lo que le convertía en la cabalgadura ideal para el “concursare”. Método de guerra típicamente ibera, que consistía en un sistema de guerrillas donde una pequeña horda atacaba de imprevisto, emboscando al enemigo. El origen de estos asturcones parece que se remonta a los onagros que durante el neolítico eran fácilmente capturados, debido a su pequeña talla.

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SOBRE ESTAS LINEAS: Interior de la iglesia de San Cipriano, en San Cebrián de Mazote -agradecemos a la institución que conserva este templo, nos permita divulgar nuestra imagen-. Tal como decimos, a mi juicio el hecho de llamarse Cebrián hace pensar en la proliferación de zebros por el lugar. Lo que habría dado nombre a la zona, posteriormente sacralizada con un santo como Cipriano, cuyo nombre es muy parecido a Cebrián. Pese a todo, se conservó a denominación de Cebrián, por cuanto la iglesia y el pueblo no son homónimos (denominándose a uno San Cebrián y al templo, San Cipriano).
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AL LADO: Pila sagrada del siglo X, en San Cebrián de Mazote -agradecemos a la institución que conserva el templo, nos permita divulgar nuestra imagen-. Esta pila (quizás bautismal) es de estilo prerrománico asturiano y probabalemente contemporánea a Ramiro II (mediados del siglo X). Al fondo de la imagen vemos el lateral izquierdo del templo, con arcos de estilo mozárabe (en herradura cerrada) soportados por capiteles visigodos y romanos, dispuestos sobre columnas -principalmente romanas-. Todo ello obliga suponer que anteriormente al templo del siglo X, hubo ya uno visigodo; iglesia que a su vez se levantó seguramente sobre otro edificio romano. Quizás en un recinto sagrado o villa perteneciente a la urbe iberolatina de Amallóbriga; repetidamente citada en los itinerarios latinos y que muchos sitúan en Tiedra, en Urueña, Torrelobatón y hasta en Villabrágima. Aunque, a mi juicio, también es probable que Amallóbriga estuviera en San Cebrián de Mazote (7) .
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Lo anteriormente explicado nos lleva a deducir que la voz Cebrían procedería de “cebro” (tal como sucede con Cebreiro o Cebreros); idea que se acentúa más al observar que todos los lugares así llamados -antes mencionados- se hallan en zonas riquísimas de caza. Pero además hay un hecho extraño, como lo es que en dos de ellos también se rinda culto a San Cornelio; cuanto nos llevaría de nuevo a pensar en la síncresis altomedieval de antiguos santuarios dedicados a la caza. Templos que en tiempos romanos se dedicaron a Diana y que antes habían sido de Artemisa (señoras de los animales, comúnmente representadas junto al cuerno). Donde se celebraban en etapa grecolatina ceremonias muy duras, con sacrificios cruentos en los que se flagelaban -y hasta se inmolaban- seres humanos. Ritos que en Grecia llegaron a ser terribles; realizados para lograr así el perdón de los animales a los que se cazaba y mataba de manera cruel (robándolos a su dueña, la señora del bosque y de los animales -Diana o Artemisa-). De tal manera parece lógico que los primeros cristianos sincretizasen a toda prisa estos “artemisión” dedicados a las bestias del monte; dándoles una forma católica y “bautizando” el lugar con el nombre de un santo fonéticamente parecido. Permitiendo luego tan solo celebrar allí las misas, y en todo caso las fiestas patronales; en las que se toleraban algunos de los excesos que las religiones precristianas realizaban en nombre de sus divinidades (dentro y fuera de los templos).
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Por cuanto antes expreso, creo personalmente que la voz Cebrían indica “lugar de cebros” y posiblemente también de ciervos. Es decir: Cazadero sagrado. Algo que explicaría por qué en algunos San Cebrían -antes señalados- se rinde también culto al San Cornelio. Quizás como recuerdo a un “Cernunos” o como síncresis del templo de Diana, en los que la diosa tenía como atributo esencial el “cuerno sagrado” -símbolo de las bestias del campo que entregan al hombre su vida, su carne, sus astas y sus pieles-. Pudiendo significar esos San Cornelio venerados junto a San Cebrían, una cristianización de santuarios de una Artemisa ibera (¿Epona?), antes dedicados a cebros y ciervos (a un tipo de Cernunos).
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Cuanto antes hemos expuesto, se deduce e intuye al leer el poema que analizamos; describiendo que esa población de Mazote era una zona muy rica en toros salvajes, osos y zebros. Donde acudían a cazar los reyes godos asentados en la zona; monarcas que hemos de entender fueron Chindasvinto, Recesvinto y Wamba (quienes vivieron en las inmediaciones de San Cebrián de Mazote durante gran parte de su reinado). Todo lo que se describe en los versos antes señalados:
"junto a Mazote que hallaron
do iban cazando becerros.
Con una daga e sus perros
e una lanza en la mano,
veníase todos os annos
matando toros a encierro.
Tomando os mejores bannos
en Santibañez del llano
como llamaron por sano
al manantial castellano.
Aqueste lugar de emeterio
por cerca de San Cipriano,
do cazaban toledanos
osos, uros e cebros
a sangre, sudor e ferro”.
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SOBRE ESTE PÁRRAFO: Bajorrelieve en piedra caliza fechado en el siglo X, perteneciente a la iglesia de San Cipriano (San Cebrián) -agradecemos a la institución que conserva el templo, nos permita divulgar nuestra imagen-. En este se representan dos hombres (togados o con traje talar) y a su lado lo que parece un castillo almenado, con una puerta central en la que figura una flor de lis. Esta interesante pieza se fecha comúnmente en el siglo X, aunque a mi juicio personal es muy anterior. Puesto que si la comparamos con otras figuras y trabajos de esa época (principalmente pertenecientes la iglesia) resulta un tanto tosca y primitiva. Debido a ello, al menos habríamos que datarla en tiempos de San Miguel de Lillo (hacia el 850) cuando los bajorrelieves eran más simples. Aunque también pudiera tratarse de una pieza visigoda; pues su forma y estilo la acercan a esculturas y remates arquitectónicos godos hallados en iglesias cercanas -como Wamba o Tiedra-. Siendo así, quizás se trata de un bajorrelieve en el que se pudieran representar dos reyes godos y sus palacios de la zona: Chindasvito, Recesvinto o Wamba (recordemos que tanto Chindasvinto como Wamba terminaron sus días viviendo como monjes en las cercanías de San Cebrián de Mazote; el primero en San Román de Hornija y el segundo en Pampliega).
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AL LADO: Columna labrada visigoda, de la iglesia de El Salvador, en Toledo -agradecemos a la institución que conserva este templo, nos permita divulgar nuestra imagen-. Si observamos este bajorrelieve y el de San Cebrián de Mazote, no dejaremos ver similitudes (sobre todo en la simplificación y en la forma de representar personajes).









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AL LADO: Relieve en el lateral superior de la puerta en San Miguel de Lillo, Asturias -agradecemos a la institución que conserva este templo, nos permita divulgar nuestra imagen-. Como podemos observar, los individuos representados contienen alguna relación con los que vemos en San Cebrián. Pese a ello, su trabajo en arenisca y los adornos tan repetitivos y orientales; alejan esta jamba, fechada hacia el 850, del bajorrelieve de San Cipriano.







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ABAJO: Pila hispanovisigoda hallada en El Val (Tiedra) -propiedad del Museo Provincial de Valladolid (Fabio Nelli) al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen-. Hallada a unos a seis kilómetros de San Cebrián; los adornos y el trabajo en caliza de esta maravillosa pila visigótica nos recuerda sobremanera al bajorrelieve de San Cebrián (que veíamos imágenes más arriba). Como ya hemos dicho, muchos consideran que Tiedra era la ibero-romana Amallóbriga; aunque también debiera pensarse en la hipótesis de que Amallóbriga estuviera situada en San Cebrián -donde encontramos este importantísimo templo-.
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Regresando al poema que analizamos y volviendo a la idea del cazadero de cebros en la zona de San Cebrián; continuamos con los escritos del Padre Sarmiento, quien dictaba que debían repoblarse los montes hispanos con cebras del Congo. Al considerar el clérigo que aquellos equinos africanos eran casi iguales a los zebros que antaño existieron en nuestra Península. Un hecho en nada real; ya que entre las decenas de onagros silvestres, los muy diferentes asnos, pollinos o burros y las distintas razas de caballos europeos. Los cebros ibéricos solo podrían compararse con los equinos pintados en las cuevas prehistóricas; donde se representa un tipo caballar de crin corta y ancha, de cuerpo muy corpulento y que parece de gran altura. Todo lo que apenas cuadra con la cebra africana; que más bien es estilizada y fuerte, aunque no de mucha talla. Además, las rayas en la piel que mencionan los textos que hablan de los cebros, refieren un tipo de pelaje más parecido al de algunos burros -grisáceo y marrón, con ondulaciones y lineas dibujadas-. Finalmente, sobre la idea de repoblar la Península con cebras; diremos que este onagro africano tiene la desgracia de transmitir fácilmente la peste equina, todo lo que es un enorme problema (un hecho que quizás fue el motivo para erradicar a los cebros de las montañas europeas).
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Por su parte, resulta curioso que este sacerdote nacido en Orense (aunque se le considere de Pontevedra) fuera el primero en tratar acerca de los desaparecidos onagros. Pues en verdad el cultivo y crianza de equinos salvajes es una práctica ancestral en los montes de Galicia. Algo que no solo se hace con motivos ganaderos, sino también para lograr sus largas crines. Pelambre que cortan en fiestas como “A Rapa das bestas”, llevada a cabo en diferentes localidades gallegas y cuya finalidad antaño era tener cebos para pescar. Pues antes de que existiese el plástico; el mejor modo de fabricar “moscas” y cebos de anzuelo, fue hacerlos con crin de caballo -donde picaban los peces de mar y río, tal como hoy lo hacen en los anzuelos y engaños más modernos-. Aquella costumbre de criar caballos salvajes se considera de origen neolítico en el Norte de España. De tal modo, Estrabón escribe sobre esta ganadería equina -que los íberos conservaban en el campo desde tiempos ancestrales- comentando que algunas de esas bestias tras ser capturadas eran sacrificadas a Ares -bebiendo su sangre, posiblemente en un ritual dedicado al dios de la guerra- (8) .
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Para terminar este epígrafe dedicado a los lugares antiguamente poblados por cebros y que por ello conservaron el nombre de este equino; añadiremos que en estas zonas debió ser normal el antiguo culto al caballo. Existiendo en época ibérica multitud de santuarios donde se adoraba a ese animal, entre los que destacaban los del Sur; especialmente el tartessio de Cancho Roano (en Badajoz) y el de El Cigarralejo, (en Murcia). En este último se han hallado centenares de exvotos de equinos y con toda seguridad esa circunstancia dio nombre a la población donde se halla el lugar sagrado ibérico: Mula. Un pueblo presidido por el misterio religioso desde tiempos ancestrales y donde aquel santuario de caballos debió ser uno de los mayores y más visitados de la Península; permaneciendo en uso entre los siglos V al I a.C.. Por su parte, el de Cancho Roano (Badajoz) contiene también una denominación con etimología equina; ya que “roano” es el nombre que se da al caballo rojizo. Su lugar sagrado se desarrolla en un edificio de enormes dimensiones en el que se han encontrado igualmente infinidad de esculturas y figuras de equinos. Todo ello fechado con anterioridad al siglo V a.C.; momento en que Cancho Roano fue abandonado, después de ser quemado por quienes lo habitaban (probablemente para que no lo profanasen los enemigos, al verse sus pobladores obligados a huir). Por todo cuanto decimos, no sería extraño pensar que en lugares llamados Cebreros, Cebrián, Cebros y etc., originalmente hubo recintos de culto a los equinos; tal como sucede en el caso de El Cigarralejo, situado en Mula. Un hecho que nos lleva a aventurar que quizás el origen más remoto del templo de San Cebrián de Mazote quizás estuvo en la sacralización del lugar debido a su riqueza en cebros -en ganadería caballar-. Siendo ello todo lo que explicaría su nombre, que traducido literalmente significaría: Los “santos cebros del montecillo” (San Cebrián de Mazote).
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ARRIBA: El famoso caballo de Cancho Roano, tal como lo expone el Museo Arqueológico de Badajoz (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Fue hallado en este santuario equino en 1977 y estudiado primeramente por Sebastián Celestino Pérez (9) . Se trata de una figura de bronce fechada hacia el siglo VI a.C., donde se muestra la importancia del culto a los caballos entre los tartessios e iberos.
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AL LADO: Bocado de caballo encontrado en Cancho Roano -Zalamea de la Serena, Badajoz-; tal como lo expone el Museo Arqueológico de Badajoz (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Representa al “Señor de los animales” una deidad de origen etrusco ibérico que se correspondería con una “Atenea Pothnia” (Señora de las bestias) y con la Epona celta, deidad directamente relacionada con la griega Artemisa y la romana Diana. Su significado se halla en la sublimación de aquellas personas (hombres y mujeres) capaces de comunicarse con los animales; dominarlos, domesticarlos y criarlos. Además ese “Señor de los animales” simbolizaba una de las figuras más valoradas durante la antigüedad, como lo fue el domador de caballos; un animal imprescindible en la Edad de Hierro (absolutamente necesario para la vida cotidiana y el transporte, tanto como para la guerra y el comercio).
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ABAJO: Otra figura ibérica representando al “señor de las bestias” como dominador de caballos (en piedra caliza fechada hacia el siglo V a.C). A mi juicio se trata de un ara perteneciente a un templo de divinidad equina (asimilada a Epona). Procede del yacimiento de Los Castellones -en Villacarrillo, Jaén- y es propiedad del Museo Arqueológico de Jaén (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Las muestras de estos santuarios dedicados al caballo en la antigüedad se multiplican en la Península ibérica; por cuanto hemos de deducir que muchos de los ritos y mitos ecuestres hubieron de sincretizase al llegar el cristianismo. Lo que vemos claramente en la festividad gallega ya mencionada, denominada la “Rapa das bestas”; que se celebra los veranos en muchas localidades de Pontevedra y en otras provincias de esa Comunidad.
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4º- LOS CAMPOS GÓTICOS, LOS MONTES GOTOROS, LA CIUDAD DE GODOS Y EL LUGAR DE LOS TOROS:
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Seguimos analizando el “poema fundacional” que estudiamos en esta leyenda. Trataremos en este epígrafe su parte primera; donde nos habla sobre los Montes Torozos y de los lugares de godos, del siguiente modo:
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O nome dos montes Torosos /// disen por ser rocosos. /// Más que verdad no era, /// pues quien bien los viera; //// no contempla los trosos. /// Tan solo raposos, e fieras.
El nome que al soto diera /// de veros reyes viniera. /// Nobles que por as tierras /// e por villas de godos. /// Et por eso e por quien quiera /// que dijeron aquesta sierra /// e llamáronla Gotoros.
Mas por bien que fuera e hisiera, /// disen también que Toroso /// fue, porque uros peligrosos /// cazaban para instruir guerras.
Por tal que o nome Torosos, /// de godos vino, a vez primera. /// Mas luego, llamada la vera //// colinas dos toros e osos /// criados; que mataron todos //// por ser peligrosas riberas.
E fue que en esas eras /// hablan do reyes godos /// e de sus hijos en tronos, /// contando hestorias veras:
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Muy importante es lo que mantiene el poema; afirmando que aquellos montes y campos se llamaron luego Torozos, y que su primera denominación fue de Góticos (o Gotoros, como sabemos). Un nombre que cambió en tiempos de Alfonso VI (en el siglo XI), cuando en sus crónicas se denomina por primera vez a aquellas tierras como Torozas o del Toro -tal como venimos repitiendo-. Citándose a los montes y a la ciudad toresana de una nueva forma solo desde esta época. Cambiando lo que antes había sido campos, montes o ciudad de “godos”; por una nueva denominación que identificaba esa zona con los astados (el ganado salvaje que poblaba los bosques de ese área).
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Con respecto a esta sustitución del término “gotoro” (gótico) por el de “toro”, existe a mi juicio la posibilidad de que la etimología de Tordesillas proceda de un igual origen. Habiendo sido el nombre de esa villa primeramente Gotor Sarabis o Gotor Sillae; dado que sabemos cómo esta población vallisoletana se corresponde -seguramente- con la ciudad ibérica de Sarabis. Siendo muy probable que a la llegada de los romanos cambiaran su denominación ibera; sustituyéndola por la de un gobernante latino con fonética similar. Pareciendo que el elegido fue en este caso Sila; siendo el topónimo Turris-Silae (torre de Sila) la voz que daría origen a la palabra: Tordesillas. Del mismo modo que la ibérica Salduie fue cambiada por Cesaragusta (hoy Zaragoza) o que Kalagurris pasó a llamarse Gracurris (hoy Calahorra). Consecuentemente, existe una gran probabilidad de que Tordesillas originariamente fuera la Sarabis indígena y que luego se llamara Turris-Silae; para ser finalmente cambiada en época medieval por Gotor Sillae. En este último caso, aludiendo al altozano o sillar donde se asienta y a los godos que ocuparon esta zona desde el siglo V. Comprendiéndose entonces el nombre de esta población como el del “Alto de los campos góticos”; pero que fue cambiando de nuevo -al igual que el de todo el área- para pasar a llamarse “de Toro” en vez de “Gotoros” y surgiendo así Toro-de-sillas (ya en tiempos de Alfonso VI).
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SOBRE ESTAS LINEAS: Encierros por el campo del pasado domingo 10 de septiembre, en Mota del Marqués (fiestas patronales de Nuestra Señora de Castellanos). La fotografía ha sido tomada desde la página de Facebook de Mota del Marqués y es una imagen de “CORRIENDO POR EL CAMPO”, propiedad de Vezdemarbán -a quienes agradecemos nos permitan divulgarla-. La tradición de correr morlacos durante las festividades es sin duda alguna de origen ancestral (probablemente se remonta a la Edad del Bronce). Tal como hemos expuesto en nuestra anterior leyenda, puede documentarse entre los íberos; quienes ya adoraban al bóvido, erigiéndole hasta estatuas -con la efigie del animal tallada en piedra o en vaciada en bronce; esculturas que podemos encontrar en gran parte de la Península durante la etapa prerromana-.
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El origen de esta deificación del toro -a nuestro entender- no solo se debía a la utilidad del animal, que les aportaba su carne y su cuero (imprescindible en la dieta y en la vida de los antiguos). Sino también en su uso para la guarda y defensa, tal como los textos antiguos comentan; narrando que los reyes iberos atacaban a las huestes enemigas lanzando sobre ellas bóvidos (preferentemente embolados o atados a carros con fuego, si eran mansos). A mi juicio, esta costumbre de utilizar el uro salvaje en la guerra prevaleció sobre todo en la Meseta; donde la romanización no fue tan severa, lo que permitiría que numerosos astados silvestres vivieran en los bosques y montes centrales (sin ser descastados). Finalmente, al llegar el tiempo de La Reconquista, el ardid de usar toros en los ataques debió ser esencial. Pudiendo defenderse así de los ejércitos andalusíes, tal como numerosos documentos atestiguan. Narrando múltiples crónicas el modo en que pueblos muy pobres y sin apenas recursos, ganaron a batallones de sarracenos perfectamente armados. Simplemente echando manadas de morlacos sobre aquellos musulmanes, quienes se verían obligados a huir. Este modo de guerrear es lo que considero -personalmente- el origen de la tauromaquia moderna, nacida desde quienes en tiempos de La Reconquista sabían manejar a las reses bravas. Corriéndolos a pié o con caballos, para llevarlos contra el enemigo. De allí el sentido ritual del toreo en nuestras tierras y de ello -a mi juicio-, el por qué en las fiestas patronales se rinde culto al santo, celebrando corridas y encierros. Todo lo que a mi entender nace desde el recuerdo de aquel animal como protector y como cuidador del pueblo. Al que sin duda alguna se le atribuía el don de haber defendido el lugar o de vencer al enemigo, gracias a la intermediación de un santo patrón.
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AL LADO: El famoso capitel del palacio de los Condes de Requena en Toro (hoy sede municipal de esta ciudad zamorana). En este cimacio datado en el siglo XV ya se representan escenas de tauromaquia a píe. Todo lo que confirma la unión de la villa toresana con los toros y con su lidia. Unas costumbres taurinas que a mi juicio prevalecieron desde tiempos de la Reconquista y en especial desde el siglo X (cuando la frontera con los Andalusíes se situó en el Duero). Por todo ello creemos que Alfonso VI -en sus Crónicas-, cambió el nombre de la zona; apodando “Toro” a lo que antes había sido “Gotoro” (de los godos)
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BAJO ESTOS PÁRRAFOS: Rejoneo en Mota del Marqués durante las fiestas de Nuestra Señora de Castellanos, hace algunos años (la fotografía ha sido tomada desde la página de Facebook de Mota del Marqués; a quienes agradecemos nos permitan divulgarla). Sin duda alguna, el rejoneo procede de esos ensayos militares, para educar al caballo y al caballista en las lides de la guerra. Aunque su origen inicial a mi juicio estuvo en el modo de defensa y de guerrilla, usado desde tiempos inmemoriales por los habitantes de la Península -tal como antes hemos explicado-. Debido a ello, correr encierros o lancear astados, sería una costumbre que necesariamente pasaría de padres a hijos en nuestras tierras, con el fin de que los lugares estuvieran bien protegidos. Pudiéndose así defender las poblaciones y las tierras, lanzando toros contra aquellos extraños que intentasen invadirlas -entrar en ellas para robar y saquear-. Un método para el que tan solo haría falta conservar buenas manadas de uros bravos en los bosques y saberlos gobernar; pudiendo conducirlos contra el enemigo cuando fuera necesario. Todo lo que se celebraría en las fiestas patronales y se entrenaría en las plazas; preferentemente en aquellos cosos a los que llamaron “Maestranzas” (donde se amaestraban los caballos, educándolos para la guerra, de forma similar como hoy doman los rejoneadores). Siendo por ello común -a mi juicio-, que en los lugares donde hubo maestranzas importantes, haya igualmente una gran afición al toreo (como sucede en Sevilla, Ronda o Valladolid) .
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De aquellas tierras de la Meseta central llamadas Gotoras -de los godos-, aún nos queda el recuerdo de una misma denominación dada a los Campos Góticos. Zona que no hay que confundir propiamente con la Tierra de Campos; pues el antiguo área gótica era aun más extensa (llegando hasta Toro y Valladolid capital). De tal manera, podemos considerar que los Campos Gotoros de antaño comenzaban donde hoy nace la Tierra de Campos por el norte. Aunque la nueva forma de denominarlas, como “marca territorial de “Campos” -que por primera vez se menciona en tiempos de Alfonso X el Sabio- (10) ; menguó sobremanera sus extensiones por el Sur. Reduciendo los “campos de los godos” e inventando esta nueva fórmula para describirla, solo atendiendo a que en el siglo XIII eran cultivos de trigo (de allí su nuevo nombre como Tierra de Campos). Pese a ello, en la misma crónica de Alfonso X se dice que los Campos Gothorum (y la Tierra de Campos) comienzan en el Duero, llegando hasta el Esla. El Carrión, el Pisuerga y el Órbigo; comprendiendo entre otras las poblaciones de: Simancas, Dueñas, Saldaña o Toro. Pese a ello, hoy en día ni Toro, ni las localidades ribereñas del Duero, se comprenden en la Tierra de Campos; lo que acredita que las verdaderas dimensiones de los campos góticos no se corresponden con la nueva demaración.
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Por lo que decimos, Manuel Gómez-Moreno, escribe claramente que “Toro era cabeza de un territorio que desde el siglo X venía llamándose Campo de Tauro y alguna vez Campus Torio, como parte de los célebres Campos Gotorum” (11) . Las sabias palabras que antes hemos leído nos llevan a comprender cómo hasta el siglo XVIII -en verdad- los límites de los Campos Góticos (o la Tierra de Campos) se extendían hasta el Duero, comprendiendo Toro y Tordesillas (tal como podremos leer en Antonio Ponz). Aunque en 1833, las demarcaciones provinciales y modernas modificaron esa frontera, llevándola hasta Tordehumos o Medina de Rioseco. Limitando desde allí y en casi linea recta (de Este a Oeste) los nuevos confines de esa comarca recién creada, llamada Tierra de Campos.
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Acerca de la etimología de esos lugares llamados Góticos, Gothorum y d´Toro; no hay duda de que nacen de que en esta zona se establecieron los godos por vez primera. Llegando a esta parte de la Península tras huir de Francia, a fines del siglo V. Así fueron denominados Campi Gothici o Campi Gothurum; indicando que era la tierra de los visigodos, aunque poco después esos godos se extendieron por el resto de Hispania. El motivo del establecimiento en este área de estas gentes huidas de la Galia; parece ser que estriba en que conocían perfectamente el arte del cultivo de cereal (gracias al manejo de rudas herramientas férreas y a tener animales de tiro muy resistentes). Ello, unido a la resistencia al frío de los que bajaban desde Francia, hizo que en unos decenios aquella zona se poblara de francos; siendo primero conocida como Campus Gallaeciae (campos gálicos). Consecuentemente, en la crónica Albeldense (coétanea a los visigodos) ya se menciona como Campos Gothurum, exponiendo que se extienden desde el río Duero (12) . Todo lo que lleva a afirmar que el término “campus gothorum” es de origen visigodo; indicando una zona que comprende desde la Ribera Norte del Duero, hasta la frontera con los astures. Limitando en esa parte de León actualmente denominada “maragatería” y que fue de los suevos (entre el Esla y el Órbigo). Por lo que más tarde, la lucha entre suevos y visigodos, provocó una marca perfectamente dividida y guardada. Aunque al vencer finalmente los visigodos, pasó al reino de Toledo todo ese territorio de la actual Castilla y León. Por cuanto hemos visto, comprendemos que aquella Tierra de Campos y las zonas vallisoletanas al Norte del Duero; eran consideradas por los visigodos su primera patria hispana y su tierra de origen en la Península.
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SOBRE ESTAS LINEAS: La desaparecida Estela de Clunia, hallada hace unos trescientos años en Coruña del Conde y conservada en un apunte de Loperráez (el dibujo mío es una recreación del modelo que edita Cossio en LOS TOROS, de Espasa Calpe). Como podemos ver, en esta estela figuraba un guerrero de tipo ibero (con escudo redondo de umbo central) enfrentándose a un toro. Sobre ello, una inscripción en caracteres ibéricos donde pondría “NURU KAR IRU” -probablemente, pues se trata de una copia antigua-. La pieza fue hallada a poca distancia de la ciudad antigua de Clunia, que se encontraba en un territorio celtíberico de gran importancia (próximo a Termantia y Numancia).
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BAJO ESTE PÁRRAFO: El llamado Anfiteatro de Tiermes. Se trata de una escalinata tallada sobre la roca natural, en la ciudad de Termantia (Soria). Es un “estadio” de construcción natural, donde se supone que celebraban grandes espectáculos circenses de tipo ibérico. Se considera que en ese escenario de llevaban a cabo actos semejantes a los encierros y tauromaquias (a caballo o a pie).
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AL LADO: Mapa de en el que hemos marcado en rojo la zona originariamente denominada “CAMPOS GÓTICOS” (Campos Galaicos o Campos Gothoros). Comprendía el Sur de la Provinicia de Palencia y él área al Norte del Duero, en la de Valladolid . Posteriormente, como hemos dicho; el recuerdo de los godos se perdió y pasó a denominarse Tierra de Campos (hacia el siglo XIII). Delimitándose finalmente y desde 1833 en la zona marcada en azul (excluyendo los Torozos y poblaciones como Toro o Wamba, que habían sido sepulcro y lugar de residencia de los reyes godos).





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ARRIBA: Otra fotografía de los pasados encierros por el campo, celebrados en Mota del Marqués el domingo 10 de septiembre (fiestas patronales de Nuestra Señora de Castellanos 2017). Observando esta escena, podemos imaginar cómo eran los espectáculos celebrados en el anfiteatro de la ibero-hispana ciudad de Tiermes y en otras tantas poblaciones prerromanas peninsulares. Igualmente comprendemos cómo con caballistas que supieran gobernar de este modo a los toros, podrían hacer frente los iberos a los ejércitos invasores; del mismo modo que lo hicieron los cristianos durante la época de La Reconquista (lanzando morlacos contra las huestes enemigas). La fotografía ha sido tomada de la página de Facebook de Mota del Marqués y es una imagen de “CORRIENDO POR EL CAMPO”, propiedad de Vezdemarbán -a quienes agradecemos nos permitan divulgarla-.
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JUNTO ESTE PÁRRAFO: Dracma de plata de Arse -Sagunto- acuñada en esta ciudad valenciana, en el siglo II a.C.. Su anverso contiene la efigie de un toro, totem que figura en numerosas monedas ibéricas, entre las que se encuentran algunas con un bóvido androcéfalo (buey con cabeza de hombre); símbolo de la fertilidad y del nacimiento de aguas.



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ARRIBA: Divertidísima foto de carnaval, en Mota del Marqués (la imagen ha sido tomada de la página de Facebook de Mota del Marqués a quienes agradecemos nos permitan divulgarla). En primer término, Diego -uno de los vecinos- ataviado como San Fermín; a su lado un grupo de motanos corean la melodía que los corredores cantan al santo, minutos antes del encierro pamplonés. En este pueblo de los Torozos hay una gran afición taurina, muestra de ello es la foto que vemos, tomada en los pasados carnavales. Acerca de ello, siempre recordaré lo que me sucedía cuando pasé allí los veranos. Donde todas las mañanas venía un niño a cantarnos el “San Fermín”. Tenía aquel chaval por entonces unos siete años y día tras día acudía a nuestra puerta, para cantar la sanferminada a primera hora y terminarla vitoreando: -¡Viva San Fermín!-. Le llamaban Eduardito (hoy Eduardo) y pasado el tiempo, pregunté a sus abuelos si continuaba con aquella afición... . Rápidamente los orgullosos abuelos me enseñaron infinidad de fotos de Eduardito recortando toros; contándome que su nieto hoy en día actúa en espectáculos -como joven promesa-.
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5º – LOS TOROZOS, ZONA DE TOROS; Y EL CERRATO, TIERRA DE CERROS O DE CIERVOS.
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Tras comprender por qué el área de Toro y los Montes Torozos fueron así llamados en las crónicas de Alfonso VI; cambiando su nombre -sustituyendo el anterior, de Gothoros-. Hemos de plantearnos los motivos de esta modificación en toda la zona Sur de los Campos Góticos. Viniéndonos a la mente la idea de que en el siglo XI (cuando la zona comienza a citarse como “Toro”) sus tierras debieran conocerse como un lugar poblado de astados -por motivos defensivos-. Todo lo que pudo darle el nombre de Toro a una de sus ciudades más importantes; a la vez que el de Torozos (toresanos) a las estribaciones antes conocidas como montes Gothoros. Asimismo, en esos tiempos de Alfonso VI y cuando se sustituyen los apelativos; apenas se recordaba ya que en esa zona habían residido los reyes visigodos. Menos aún, que esta fuera la primera tierra que tuvieron aquellos galaicos que llegaron en el siglo V, huyendo desde Francia. Por todo cuanto expresamos y comprendiendo que esta parte del Duero fue una de las más duras fronteras durante La Reconquista. Hemos de considerar que los montes cercanos a ese río estuvieran poblados de ganado bravo. Primeramente para evitar el paso de los andalusíes hacia tierras de cristianos; y en segundo lugar, para lanzarlos contra el enemigo, en caso de que cruzasen el río. Siendo así, parece lógico pensar que los cronistas de Alfonso VI confundieron la denominación de Gotoro, por la de toro; considerando que el nombre procedía de la proliferación de astados en la zona (sin recordar ya en el siglo XI, la estancia de monarcas godos en esos Campos Góticos).
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Algo similar pudo suceder con el Cerrato, del que no sabemos si antaño se denominó “Cervato”, como varias poblaciones palentinas (Cervatos de Pisuerga o Cervatos de la Cueza). Otra apelación que indicaría lugares donde proliferaban ciervos; nombre que se aunaría con el de Cebrían y que como otros semejantes -Cebreros, Cervantes, Cervera etc.- marcaría los grandes cazaderos de venados y cervunos. Sea como fuere, actualmente se admite que la denominación de la Comarca del Cerrato, procede de "tierras onduladas dominadas por cerros o cerrales" (...) aunque “Otras fuentes dicen que viene del latín serrare, en el sentido de zona cerrada, vallada o acordonada” (14) . Todo lo que indicaría que Cerrato significaría lo mismo que Mazote, una palabra que ya vimos se entendía en la Edad Media como “montecillo” o “cerrillo” (monts-soto). Existiendo en la zona numerosos topónimos de igual carácter, entre los que habíamos destacado ya el de Monzón (en plena zona del Cerrato) y próxima a San Juan de Baños.
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Precisamente en las cercanías de Monzón se erige una de las colegiatas cuyo nombre procede del peligro que por entonces existía en aquellas tierras del Cerrato. Nos referimos a la iglesia de Husillos -muy próxima a la capital palentina-, llamada Santa María de la Dehesa Brava; cuya denominación claramente indica los riegos que presentaban estos montes y campos (de salvaje fauna y foresta ). Una advocación a la Señora de la “brava dehesa” que nos obliga a pensar en un modo de protegerse, escondiéndose en esos asilvestrados bosques, plenos de animales peligrosos. Todo lo que ratifican los textos fundacionales de esa colegiata -como podemos ver en nuestra cita (15) -; mencionando el modo en que los cristianos se refugiaban en la “dehesa brava”, huyendo de los sarracenos. Explicando que gracias a su cerrada masa forestal y a su fauna silvestre, no se adentraban los invasores en aquellos bosques. En la referida cita (15) , analizamos la fundación y el nombre de la abadía de Husillos; valiéndonos de la tesis doctoral de David Marcos Díez. Un magnífico trabajo donde en más de mil trescientas páginas presenta toda la documentación conocida sobre esta iglesia, entre los años 904 al 1608. Cuyo templo y Virgen denominados “de la Dehesa Brava”, nos obliga a concluir que alude a la peligrosidad de aquellos campos en tiempos de su “refundación” (siglos X y XI). Haciéndonos de nuevo a pensar en una zona poblada por animales de gran fiereza; como eran los osos, lobos y sobre todo, los toros salvajes. Uros, que cohabitan comúnmente con caballos en estado silvestre, tal como podemos aún observar en el Coto Doñana -donde los retintos viven junto a manadas de caballos cimarrones-.
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IMAGEN, ARRIBA: Colegiata de Santa María de la Dehesa Brava; en Husillos (Palencia). Las circunstancias fundacionales -o refundacionales- de esa abadía, durante la Reconquista y en tiempos de los Ansurez y de El Cid; nos hacen saber que su nombre se debe a la protección que esos campos dieron a los cristianos. Debido a su frondosa flora y a su peligrosa fauna, parece que los musulmanes no se internaban en ellos. Sin haberse atrevido siquiera a dominarlos en los primeros avances que realizaron, tras la entrada de Tarik en el 711. Al parecer, nunca intentaron conquistar esta zona del Cerrato durante las razzias posteriores (cuando ya la frontera o la “marca” había bajado al Órbigo, o al Duero). Siendo lógico pensar que en aquellas despobladas tierras, se refugiasen los cristianos que huían de los dominios andalusíes; también lo es considerar que utilizarían toros bravos para protegerse. Simplemente conservando grandes rebaños de astados asilvestrados, que en caso de peligro dejarían sueltos o bien lanzarían sobre el enemigo (tal como sabemos se hacía en la Península desde tiempos inmemoriales).
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AL LADO: Cartel del Museo Diocesano de Palencia, en el que vemos una de las piezas más importantes de su colección: Nuestra Señora de la Dehesa Brava (de Husillos). Virgen con el Niño, en una preciosa imagen del siglo XIII, con esmaltes de Limoges. Esta valiosa escultura que fue escondida entre las paredes de la iglesia (para evitar su expolio) y que recientemente se rescató -durante la última restauración, llevada a cabo hacia 1987-. Tiene como sobrenombre la “brava dehesa”, apelativo que hoy en día no es conocido en el santoral; aunque de seguro fue una de las advocaciones más importantes de La Reconquista -al menos en Palencia-. Tal como lo sería la Señora de Castellanos en Mota del Marqués; otra de las Madonas con niño veneradas en los tiempos en que aquellas tierras se debatían por ser de musulmanes o de cristianos. Naciendo por entonces Castilla y el reino de los castellanos, a manos de los Ansúrez y de Fernán Gónzalez (quienes instituyeron la veneración a estas dos Vírgenes).
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AL LADO: Nuestra Señora de Castellanos, en la talla que actualmente conserva Mota del Marqués -foto del programa de fiestas del pasado año 2016-. La escultura inicial de esta Madona de los castellanos, debió de ser similar a la de Santa María de la Dehesa Brava. Puesto que su advocación es coetánea -tal como hemos visto en las anteriores leyendas-; donde expusimos que la de Castellanos fue traída a Mota del Marqués por Fernán Gónzalez. Pese a ello, las numerosas expoliaciones y guerras harían desaparecer la estatua original de la Señora motana, que hubo de sustituirse por otra. Sobre esta Virgen referíamos en nuestras anteriores leyendas lo siguiente:
Acerca de Nuestra Señora de Castellanos, históricamente no cabe la menor duda de que llegó a Mota del Marqués por mano de Fernán González; quien amplió su condado tras aquella victoria en Simancas, pues hasta entonces el reino de León llegaba hasta más al Sur de Urueña. Por cuanto decimos, hasta el 939 los dominios desde Benavente hasta el Duero, eran del rey leonés; aunque tras la derrota de Abderramán y con la ampliación de marcas, aquellos nuevos dominios pasarían a ser reclamados por Fernán González -incluidos en Castilla-. Siendo así, no nos extraña el nombre de la Virgen que veneraron en Mota; ya que esas tierras que antaño fueron del monarca leones, pasaron finalmente a ser de los “Castellanos” (después de la victoria en Simancas). Ello hace entender por qué aquel conde extiende esta advocación después del 939; dejando el mismo Fernán González en Mota del Marqués, el pendón suyo que mostraba la efigie de María y al que llamaban Señora de Castellanos. Una historia que perfectamente han recogido varios investigadores (como Fernández-Prieto), quien nos dice textualmente:
Don Casimiro Erro Irigoyen, que fue Canónigo Magistral de Zamora, y el historiador zamorano Don Urcisinio Álvarez Martínez (hace ahora noventa y cinco años) publicaron en la revista Zamora Ilustrada dos interesantes estudios sobre la iglesia de Nuestra Señora de Castellanos de la Mota, mencionando la tradición de que ésta en sus orígenes fue un santuario votivo fundado por el Conde Fernán González, por las victorias conseguidas por éste contra los moros” (16) .
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IMAGEN, ABAJO: El río Carrión a su paso por Husillos. En nuestra anterior leyenda recogíamos un texto de Ambrosio de Morales en el que se narraba el modo en que los cristianos lograron una victoria sobre las hordas califales, valiéndose de toros bravos. Lanzando con gran destreza aquellos fieros animales contra los enemigos y logrando así hacerles huir. El hecho se situaba junto al río Carrión (o en la misma ciudad de Carrión) y el texto recoge que tras vencer a los sarracenos, elevaron una iglesia para conmemorar su victoria. Posiblemente se trate del recuerdo de muchas gestas acontecidas utilizando ese ardid (con toros) o de batallas sucedidas en esta zona palentina. Incluso es posible que nos hable de la fundación de Santa María de la Dehesa Brava. Puesto que Ambrosio de Morales fue uno de los primeros cronistas de esta colegiata (estudiándola en el siglo XVI); narrando acerca de la batalla que mencionamos, cuanto a continuación literalmente recogemos:
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Otro hecho milagroso se cuenta en la villa de Carrión, que parece algo a éste. Iban otra vez los Moros con este malvado tributo por aquella vega, y juntándose algunos toros, con mando de quien esto puede mandar, dieron con tanta braveza en el esquadrón de los Moros, que los desbarataron y hicieron huir con terrible pavor. Así quedaron las doncellas desiertas y los toros por su guarda, hasta que los christianos las llevaron. Alabando despues a Nuestro Señor por el insigne milagro y dándole las gracias por él, edificaron por memoria una Iglesia, llamada agora Nuestra Señora de la Victoria, que es harto gran testimonio de todo esto” (17) .
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Finalizaremos el presente epígrafe, concluyendo que Nuestra Señora de la Dehesa Brava es una “refundación” de tiempos de La Reconquista; nacida del refugio y protección que proporcionaban a los cristianos aquellos campos cerrados y cargados de bestias peligrosas. Un criterio muy similar presenta el gran investigador David Marcos Díez, en su extensísima tesis sobre esta abadía de Husillos; afirmando que la fundación medieval (de los siglos X y XI) es la que realmente concede gran importancia al lugar. Pues, sin descartar el posible origen visigodo de la iglesia; la verdadera relevancia del Husillos procede de tiempos del conde de Monzón y de los Ansúrez (quienes “refundan” la abadía en el campo de la dehesa brava). Asimismo, la primacía de esta colegiata se demuestra en la famosa sepultura del Conde de Monzón, antes situada junto a su altar -tal como la describe Ambrosio de Morales-. Una imponente tumba de mármol tallado en la Roma del siglo II (ver imágenes, bajo estos párrafos); reutilizada por el Fernando Ansúrez -conde de Monzón- que se entierra en ese sarcófago hacia el año 978. El primero que estudió y dió a conocer aquel sepulcro fue precisamente Ambrosio de Morales; quien en el siglo XVI menciona que se encontraba en ese altar mayor de Santa María de la Dehesa Brava. Ese hecho y su narración sobre la batalla ganada a los sarracenos en Carrión, echando toros sobre sus tropas; nos lleva a pensar que el lugar y los acontecimientos que Ambrosio de Morales describe, se refieren a Husillos y al nombre de la Dehesa Brava.
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Sobre esta abadía del Cerrato, terminaremos señalando cómo acerca de sus evidentes inicios visigodos, muy poco comenta David Marcos. Aunque a mi juicio y una vez visitada la iglesia, parece probado que antes de la colegiata románica, allí hubo un templo importante godo (si no fue tardo romano). Algo que se observa principalmente tras ver su antigua pila bautismal, claramente visigoda. Tratándose de una pieza con grandes dimensiones y de inmersión; muy similar a la de San Juan de Baños y a otras de igual uso y época. Ello demostraría la utilización de esta colegiata como ermita -o iglesia- al menos durante los siglos VI y VII; todo lo que resulta normal en aquellas tierras que fueron llamadas Campos Góticos, por haberse establecido en ellas los primeros francos (llegados a fines del siglo V). Pese a ello, creemos que el nombre de Dehesa Brava le fue dado muy posteriormente y en tiempos de la Reconquista, habiéndose llamado anteriormente al lugar y a su templo tan solo: Husillos. Término que indica un lugar poblado de almazaras o de ingenios de agua, movidos por tornillos (husillos); máquinas y moliendas de aceite y trigo, que habría por doquier en esta zona del río Carrión -tan próxima al Pisuerga-. Por todo cuanto decimos; creo firmemente que aquella advocación a Nuestra Señora de la Dehesa Brava, procede de tiempos de la Reconquista. Habiendo sido a mi juicio instituida, tras las batallas en los bosques del Carrión; utilizando ardides, usando toros y otras bestias para vencer a los ejércitos califales. Habiéndose acontecido en Husillos posiblemente la historia que refiere Ambrosio de Morales (del que sabemos fue el primer cronista -o estudioso- de esta abadía).
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SOBRE ESTAS LINEAS: Imagen en fotocomposición nuestra, donde podemos ver tres lados del famoso sarcófago hallado en Husillos; que fue la tumba del conde de Monzón, hacia el año 978. La importancia de esa abadía se muestra en este enterramiento de un importante gobernante de Castilla por entonces: El conde Fernándo Ansurez, hermano de la reina Teresa y tío de Ramiro III de León -el sepulcro es propiedad del Museo Arqueológico Nacional, al que agradecemos nos permita divulgar las fotos que hemos tomado en Valladolid, durante su última exposición-.
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AL LADO: Detalle del lateral derecho de la iglesia Nuestra Sra. de la Dehesa Brava. Marcas sobre la pared del lugar donde se había habilitado un nicho para esconder la imagen de la Virgen y otros tantos enseres (evitando que los expoliaran). Gracias a esta ocultación se logró conservar la talla de la Madona, recubierta de metales preciosos y con esmaltes de Limoges, fechada en el siglo XIII -una de las piezas más valiosas en este estilo y época, de nuestra nación-. Tristemente la escultura original de Nuestra Señora de Castellanos no ha llegado a hasta nuestros días; aunque debió de ser similar a la hallada en Husillos -agradecemos a la parroquia de Santa Ma. De la Dehesa Brava nos permita divulgar nuestras imágenes-.



AL LADO: Pila bautismal de la colegiata de Santa Ma. de la Dehesa Brava; tal como se conserva actualmente, junto a la entrada principal del templo. Fue hallada durante las recientes obras de restauración, bajo el solado de la iglesia. Gracias a su “uso provisional” como paragüero (tal como la vemos en fotografía), podemos hacernos una idea del gran tamaño de la pieza, donde podían bautizar por inmersión (tal como hacían los visigodos) -agradecemos a esta parroquia nos permita divulgar nuestra imagen-.
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BAJO ESTOS PÁRRAFOS: Pila bautismal de San Juan de Baños -agradecemos a su institución conservadora, nos permita divulgar nuestra imagen-. Fechada en el 661 (cuando Recesvinto construyó este templo), es muy parecida a la que fue hallada en Husillos. Tan solo se distinguen en una base que han añadido a la anterior. Pieza que no es auténtica, ya que debemos pensar que estas pilas se sostenían sobre una basa (circular o cuadrada) que permitiera su desagüe. Debido a que se llenaban hasta arriba de agua -templada-, para introducir completamente al bautizado.
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C) Conclusiones al poema fundacional de Santibañez (Baños y residencia de los visigodos en los Torozos; cacerías de toros entre los pueblos de tradición celta):
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1º – BAÑOS Y SALES EN LOS CAMPOS GÓTICOS:
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La evidencia de que los reyes godos residieron y tuvieron sus fincas de recreo en esta zona (luego llamada Tierra de Campo, o de Toro) ha sido tristemente casi olvidada. Sabemos que la estancia de los monarcas visigodos en esta parte de Castilla, se explica porque ese área de la Meseta fue “su patria chica”; el primer lugar donde se asentó aquel pueblo procedente de tierras francas. Pero asimismo puede haber una razón de mayor importancia para el establecimiento de los monarcas góticos en lugares como San Román, Wamba, Pampliega y etcétera. Un motivo relacionado con intenciones comerciales, industriales y sociales; principalmente basado en la producción de pan, pero sobre todo en la de sal. Puesto que en este amplia zona de Castilla y León, tan solo hallaremos sal en Villa Fáfila y en otros escasos lugares (alejados de Tierra de Campos; como Fuente Olmedo -Valladolid- o Poza de la Sal -Burgos-). Ese importante dato histórico lo hemos conocido gracias a las teorías del profesor Germán Delibes (junto a otros colaboradores); quienes lograron deducir por qué existen en determinados lugares de Castilla y León asentamientos durante la Edad de Bronce. Llegando a la conclusión de que los hallazgos en la Meseta, de época Campaniforme (entre el 2800 y el 1800 a.C.); están relacionados con las áreas donde se encuentra sal. Siendo los más destacados aquellos que han encontrado en Fuente Olmedo o en Villafáfila; siempre junto a lagunas o pozas salinas (18) .
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En mi último trabajo de “Tartessos y lo invisible en el Arte” (19) trataba acerca de este tema, llegando a la conclusión de que la falta de sal evidentemente puede provocar la despoblación de una zona (pues es imprescindible para la salud y para conservar los alimentos). Pero en Castilla y León aquella carencia de cloruro sódico es especialmente virulenta, debido a sus temperaturas extremas; al ser los veranos muy calurosos y los inviernos muy fríos, con zonas de grandes nevadas. Por lo almacenar carne y fabricar embutidos resulta imprescindible, para tener alimentos durante las temporadas de nieve; pero sobre todo para que no se pudrieran durante las de estío. De ello que fuese uno de los grandes negocios y dedicaciones de la Meseta la fabricación de cecinas, jamones, chorizos, salchichones y largo etcétera. Una labor que se desarrollaría desde los más lejanos tiempos y que precisaba principalmente de sal; sobre todo durante épocas prerromanas, cuando las pimientas no se conocían en nuestras tierras. Puesto que con la romanización al menos entraron algunas especias con las que pudieron manufacturar los embutidos. Usando técnicas que mantenían “incorruptas” las carnes gracias al mercado especiero grecorromano; tal como sucedió después del descubrimiento de América (cuando desde allí llegaron las semillas del futuro pimentón y de los distintos ajis o chilis). Pero en etapa prerromana tan solo podía utilizarse la sal como elemento básico; lo mismo que sucedió al caer el Imperio Romano y cerrarse las rutas de Oriente -con la división entre Bizancio y Roma-. Habiendo sido por entonces absolutamente necesario el cloruro sódico para mantener las carnes embutidas o jamonadas.
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IMAGEN, ARRIBA: Interior de la iglesia de San Juan de Baños, al atardecer en verano -agradecemos a la institución que conserva esta maravillosa ermita, nos permita divulgar nuestra imagen-. Desconocemos las coordenadas exactas que tiene esta puerta orientada totalmente al Oeste (hacia la “muerte del Sol”); aunque sería interesante medirlas para ver a qué día del solsticio se orienta. Pues probablemente cada 21 de junio se vea exactamente un efecto luz sobre su fachada o puertas; recibiendo en un punto determinado los últimos rayos solares. Esta iglesia se edificó sobre los manantiales de agua que -dicen- curaron la enfermedad renal de Recesvinto. Se halla apenas a unos siete kilómetros de otro manantial sagrado, como es el de San Antolín; ubicado en la cripta de catedral de Palencia. Por su parte, las reliquias y advocación a este santo francés, las hizo llevar hasta la cueva del interior de la seo palentina el hijo de Recesvinto (Wamba). Todo lo que demuestra la sacralización de las aguas de aquella zona. Por su parte, la abadía de Santa Ma. de la Dehesa Brava, se sitúa apenas a unos diez kilómetros (al Norte) de la referida cripta de san Antolín y aproximadamente a diecisiete de San Juan de Baños.
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AL LADO: Enterramiento campaniforme de Fuente Olmedo (Valladolid). Esta inhumación fue hallada y estudiada principalmente por el equipo del profesor Germán Delibes (UVA); quienes pudieron fecharla hacia el 2000 a.C.. El hallazgo de restos pertenecientes a la cultura del Vaso Campaniforme, en esta zona de la meseta; a juicio de Germán Delibes se debe a la existencia de sal en las proximidades de Fuente Olmedo (donde existe una población cercana denominada Aguasal). Por su parte, el mismo profesor nos dirá que en este área de la Meseta apenas hay otras minas salinas, hasta llegar a Villafáfila, donde también se han hallado numerosos restos del Campaniforme (con más de cuatro mil años de antigüedad). Asimismo, en esta población famosa por sus salinas (20) y cuyo nombre recuerda al hijo de Pelayo (Fáfila) que murió cazando osos; apareció un famoso tesoro visigodo compuesto por varia cruces.
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Lo antes expuesto nos hace pensar que el dominio de esta zona de Villafáfila, adscrita a la Tierra de Campos (a los Campos Góticos) es una de las claves del por qué se asentaron allí los visigodos. Quienes teniendo trigo en abundancia y sabiendo cultivar el cereal (gracias al enorme manejo de las herramientas de hierro); dispondrían de sal no solo para hacer el mejor pan, sino también para crear embutidos. Todo ello pudo proporcionar a los visigodos uno de los mejores sistemas de control de la población peninsular. Pues, como es sabido, aquellos que vinieron de tierras galas a fines del siglo V; se alzan pocos decenios después como una clase alta, tras vencer a otras etnias godas también establecidas en nuestras tierras. Quedando los visigodos como una élite dominante sobre el pueblo de origen hispanorromano, con quienes apenas establecen fuertes vínculos sociales y de quienes no toman su religión hasta que Recaredo se convierte en el año 589 (unos ciento ochenta años después del primer rey visigodo: Ataulfo).
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Por todo cuanto vemos, la Tierra de Campos, además del tesoro de la sal y del cereal; tenía por entonces bosques frondosos y grandes pastos, donde criar ganado y cazar. Cuanto convertía en una zona de enorme riqueza a aquella tierra de los Góticos, donde se habían establecido humildemente los primeros venidos de su patria franca (a fines del siglo V; durante el llamado reinado de Tolosa, que inicia Ataulfo). Pero además, la zona central de Castilla, contenía baños y aguas de enorme valor; lo que era apenas inexistente en la capital del reino y en las inmediaciones de Toledo. Por su parte, los ganaderos establecidos en el área toledana se veían obligados a trashumar durante los veranos, viajando a tierras de la Meseta. Acompañando así a los nobles y reyes visigodos; quienes también se mudarían durante los meses de estío hacia aquellas tierras de las actuales provincias: Valladolid, Palencia y Zamora. 
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Una aristocracia goda, sin apenas contacto con el pueblo; pero que también viviría en un seminomadismo -trashumante-. No solo con el fin de evitar las inclemencias meteorológicas, sino principalmente para guerrear y controlar sus territorios del Norte (donde las luchas contra los vascones se producían de continuo). Todo lo que explica el establecimiento cuasi permanente de reyes como Chindasvinto, Recesvinto y Wamba en estos lugares de la antigua Tierra de Campos. Quienes además disfrutaban de los baños y de los yacimientos de salud y de sal, que por allí abundan. Habiendo sido los más conocidos aquellos Baños del Cerrato (San Juan de Baños); en un tiempo en que los astures y lusitanos -dominados por los suevos- controlaban el otro área termal de la Castilla leonesa, que se sitúa en las márgenes del actual rio Támega o en Sanabria y Chaves.
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AL LADO: Una de las preciosas iglesias que aún conserva Mayorga, la “capital del pan”. Este pueblo que antaño tuvo unas diecisiete parroquias (a cual más bella), actualmente tan solo mantiene algo más de dos en pie. Una de ellas está totalmente renovada -por no decir “restaurada”- y otra de las que quedan enteras es esta maravilla del mudéjar, que vemos en imagen (cuyo estado es lamentable). Se considera a Mayorga la capital del pan; un lugar de Tierra de Campos donde además del cereal se cultivaba el arte de hornear. Muy próximo a ella está la comarca de la Tierra del Pan (de Aliste a Toro, en Zamora), todo lo que denota la calidad en la elaboración de ellos, en la zona.
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IMAGEN, ABAJO: Verraco o toro ibérico de Ciudad Rodrigo (Salamanca). Estas esculturas talladas por los vettones en época prerromana (entre los siglos V al I a.C.; manifiestan la sacralización del ganado bovino y del porcino, entre los habitantes de la Meseta. Como ya hemos dicho, se utilizarían a modo de “demarcadores” en lindes de tierras y como símbolos de divinidad. Aunque sobre todo parecen indicar el carácter sacro que los toros y cerdos tuvieron para esa etnia celtibérica, que pobló el área central de la Península. Por su parte, el carácter “ciclópeo” de la mayoría de esas esculturas de bóvidos y puercos -que en su mayoría pesan toneladas-; denota el intento por demostrar la fortaleza y la protección que aquellos animales les otorgaban. Unas bestias, que de vivir salvajes -sueltos en el campo-; impedirían de algún modo que los extraños se adentrasen en bosques y en tierras, por el temor a ser atacados. Asimismo las esculturas pétreas señalarían a posibles enemigos del peligro; marcando la existencia de unos dueños en la zona, que podrían lanzarles o rodearles con toros (mansos y salvajes; tal como veremos hacían los iberos desde tiempos inmemoriales).
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López Monteagudo -en sus publicaciones de 1989 y 1983- ha catalogado unas doscientas figuras de verracos existentes en nuestras tierras, fechadas desde el VI al I a.C. (de las que veinticinco llevan inscripciones latinas). Se distribuyen en las provincias de: Avila, Salamanca, Cáceres, Toledo, Burgos, Segovia y Zamora -además de en Tras os Montes y Beira Alta-. Este autor considera que se puede deducir su uso por las incripciones latinas, que contienen antropónimos y gentilicios ibéricos. En otros casos, como los de Martihierrero (donde fueron hallados cuatro) sabemos que se usaban para ritos de libación; quizás en la matanza de animales, aunque no hay que descartar que fueran para sacrificios humanos. Pues tienen unos bloques contiguos, con canalillos que llevan a cazoletas donde se han hallado huesos de difuntos; lo que obliga suponer que se libara sobre ellos tras las cremaciones del fallecido -o bien después de la inmolación-. Existen otros hallazgos relacionados con ambientes funerarios, aunque no hay que dejar de pensar que tuvieran funciones distintas, como en el caso de los toros de Ulaca y Las Cogotas; que se relacionarían más con santuarios de un posible el Marte Ultor en Iberia (dios de la guerra). Finalmente la última teoría apunta a que eran piedras de frontera y totems que servirían para delimitar territorios o para ahuyentar a los extraños de una zona, propiedad de un poblado o etnia (tal como hemos estudido repetidamente en mis artículos de TARTESSOS Y LO INVISIBLE EN EL ARTE).
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2º – LA CAZA Y LA LUCHA CONTRA EL TORO (entre los celtas, en Iberia antigua, en tiempos de los godos y durante la Baja Edad Media):
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Finalmente, en esta última parte explicaremos cuanto escribe el poema fundacional, acerca de la caza de toros y becerros en Mota o en sus cercanías. Un deporte cuyo arraigo entre los celtas y los pueblos de origen germano, está perfectamente documentado (tal como veremos a continuación, en diferentes citas históricas). Práctica de la que asimismo existen numerosas historias documentadas, entre las leyendas y sucedidos de monarcas hispanos -quienes tenían verdadera pasión por cazar uros-. No hablamos ya del siglo XVI o del XVII; donde esta afición cinegética con toros salvajes, se repite en reyes que viajaban a zonas como el Coto Doñana; para matar allí a arcabuzazos morlacos silvestres (recordemos las cacerías que el Condeduque organizaba a Felipe IV). Sino nos referimos a casos como el de Favila (o Fáfila), que muere matando osos a cuchillo; enfrentándose contra “el totem” a solas y a cuerpo; tal como el torero hace con el astado. Un rey astur, “biznieto de visigodos” cuyo recuerdo se halla precisamente en el lugar donde la sal abunda en Castilla: Villafáfila, así llamada por el hijo de Don Pelayo que murió a manos de la fiera. Apelación que quizás da cuenta de que aquella tierra rica en el “oro blanco”, era solo propiedad de los más valientes. Valor que probaban monarcas y nobles durante la Edad Media cazando peligrosos animales, entre los que destacaba el uro, o el bos silvestre. Algo que recuerda el poema fundacional de Mota del Marqués que venimos analizando en sus versos, que nos dicen:
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Mas por bien que fuera e hisiera,
disen también que Toroso
fue, porque uros peligrosos
cazaban para instruir guerras.
Por tal que o nome Torosos,
de godos vino, a vez primera.
Mas luego, llamada la vera
colinas dos toros e osos
criados; que mataron todos
por ser peligrosas riberas.
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E Santibañez llamaron
aqueste alto del cerro,
junto a Mazote que hallaron
do iban cazando becerros.
Con una daga e sus perros
e una lanza en la mano,
veníase todos os annos
matando toros a encierro.
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En muchos de nuestros artículos hemos tratado sobre el origen de la tauromaquia; un tema que en nuestra anterior leyenda desarrollábamos en un epígrafe final intitulado:Acerca del toreo; de su significado y sus comienzos en las batallas con `ejércitos´ de uros” (21) . Donde exponíamos -a grandes rasgos- que la tauromaquia y su sentido ritual, se debe a las formas de guerra más antiguas; utilizado bóvidos (salvajes o mansos) para echarlos contra el enemigo (22) . Terminando por exponer que el nacimiento de la “lucha con el toro” moderna -con toda seguridad- estaría en esa forma de batallar, utilizando morlacos. Unas lides que habrían desarrollado especialmente durante La Reconquista; tiempo en el que las tierras de frontera se veían sometidas al asedio continuo y donde el pueblo tenía que defenderse con cualquier recurso. Como muestra de ello, mencionábamos numerosas batallas donde se recuerda que los sarracenos fueron así vencidos, por unos aldeanos que a veces carecían de ejércitos ni de armas. Tanto, que una de aquellas contiendas se denomina la “Batalla del Escobar”, donde lograron la victoria sobre Abderramán III tan solo usando escobas, con las que citaban a los astados para echarlos sobre los ejércitos califales (de allí el nombre de “escobar”).
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Asimismo, acerca de el uro ibérico (hoy toro de lidia) recogíamos en nuestra anterior leyenda que en mi teoría, en Hispania el bos silvestre no se usó tan solo para darle caza o en los espectáculos circenses -tal como ocurría en Grecia o en Roma-. Pues Iberia no fue del todo un lugar muy seguro (siquiera después de la conquista romana). Por lo que los hispanos conservarían ganado bravo en las dehesas, mezclado con el manso; para evitar robos y la llegada de cuatreros (que se sabe era una de las profesiones más apreciadas por los iberos -tanto que Viriato se dedicaba “al noble arte” de afanar toros-). Por todo ello, estos iberos -luego hispanos-, eran tan doctos en robar las vacas como en guardarlas y guiarlas; por cuanto debieron desarrollar ya desde los comienzos de su civilización las artes de conducir, correr, “quebrar” y torear las reses salvajes.
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De tal modo se comprende por qué las tierras ibéricas permanecieron plenas de bos silvestres, que no fueron descastados ni aniquilados; como se hizo en el resto del Mediterráneo. Debido a ello, siglos más tarde y tras la caída de Roma, siguieron conservándose los uros en los bosques peninsulares. Sobre todo tras llegada de los visigodos, al ser la caza de estos toros salvajes un deporte muy amado por los germanos y los descendientes de celtas. Así hemos de suponer, que los del reino visigodo de Toledo, también se entretendrían en ese arte cinegético tan apreciado por sus ancestros. Todo lo que explicaría que la zona de Toro y los montes Torozos, estuviera repleta de ganado asilvestrado o salvaje. Debido a ello, el área se llamó primero monte y ciudad “de los Gotoros” (“góticos”, por las fincas de recreo de los monarcas visigodos); para más tarde pasar a denominase “de los toros”, o “Torozos”. Cuando el recuerdo de los reyes godos que aquí tuvieron sus villas se perdió, sustituyéndose por el de las manadas de astados que vivían en esta zona (toresana).
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IMAGEN, ARRIBA: De nuevo otra imagen de los encierros por el campo en Mota del Marqués (el pasado domingo 10 de septiembre de 2017). La fotografía ha sido tomada de la página de Facebook de Mota del Marqués y es una imagen de “CORRIENDO POR EL CAMPO”, propiedad de Vezdemarbán -a quienes agradecemos nos permitan divulgarla-. La afición y la tradición de celebrar estos encierros nace a mi juicio de tiempos ancestrales, pudiendo fecharse en el Neolítico con las primeras cacerías de uros salvajes. Posteriormente, se mantendría la técnica de manejar toros, logrando con este ardid defender las tierras y protegerlas de ladrones o de enemigos. Un arte que se trasladaría de padres a hijos durante generaciones, perfeccionándose y mejorando en la Edad Media (cuando debieron de protegerse con toros de los asedios constantes). Llegando finalmente a las formas de lidia que vemos en nuestros días -convertido en rejoneo y en los encierros que observamos en foto-.
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AL LADO: As de bronce de Bilbilis (Calatayud) fechado hacia el siglo II a.C.. Pertenece a la serie llamada “guerrero ibérico” que aparece en la mayoría de las monedas prerromanas peninsulares donde vemos un jinete a caballo con una gran lanza (igual a la de los garrochistas y que podemos comparar con la de imagen superior). Entre la imagen anterior y esta hay 2200 años de distancia cronológica, pero apenas alguna diferencia estética o cultural. Llama la atención que el guerrero no lleva escudo -lo que sucede en numerosas representaciones ibéricas-; llevándonos a pensar que la figura presenta a garrochistas o a cazadores (especialmente de toros).
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En cuanto a la caza de uros que realizaban los pueblos de origen germanos o célticos (del que descendían los godos), Julio César ya escribió sobre este “deporte ritual”; explicando su significado social y religioso entre esos indoeuropeos. Diciéndonos el general romano en su “Guerra de las Galias(VI, 14): Los uros "vienen a ser algo menores que los elefantes; la catadura, el color, la figura de toros, siendo grande su bravura y ligereza. Sea hombre o bestia, en avistando el bulto, se tiran a él. Mátanlos cogiéndolos en hoyos con trampas -los celtas-. Con tal afán se curten los jóvenes, siendo este género de caza su principal ejercicio; los que hubiesen muerto más de éstos, presentando por prueba los cuernos al público, reciben grandes aplausos. Pero no es posible domesticar -los uros- ni amansarlos, aunque los cacen de chiquitos. La grandeza, figura y encaje de sus cuernos se diferencia mucho de los de nuestros bueyes. Recogidos con diligencia -aquellos trofeos-, los guarnecen de plata, y les sirven de copas en los más espléndidos banquetes” (23) .
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El texto de Julio César muestra a continuación el significado del deporte de cazar bos silvestres europeos para los celtas, animales de los que el general exagera el tamaño -comparándolos con elefantes-. Una actividad que debió de seguir realizándose entre los nobles centroeuropeos, siendo conservada por los germanos hasta bien entrado el siglo XVI. Pues como expresa Rafael Carvajal, hasta1627 no desaparece de los bosques de Polonia el aureochs o uro, su antecesor; como ya había desaparecido del resto de Europa (excepto en Iberia). Y no a causa del proceso evolutivo, sino porque su misión creativa era la de ser cazado por el hombre. La misma situación habría vivido el toro si no hubiera sido preservada su existencia y destino de presa de caza a partícipe de una corrida. Pues los animales que no resultan útiles, o aquellos cuyo recurso venatorio resulta abusivo, terminan desapareciendo” (24) .
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Acerca de estas venaciones de toros a las que eran tan aficionados los aristócratas de Centro Europa, también sabemos que se servían de jaurías; y que así los cazaban hasta que desapareció el uro de Europa en 1627. Tradición heredada de los indoeuropeos, pues ya los celtas se ayudaban de perros para esa “matanza de uros”. Canes que también se sabe adiestraban y usaban en la guerra, de donde proceden diversas razas denominadas comúnmente "perros celtas"; entre los que destaca el famoso "alano español". Raza hispana, que al parecer fue introducida en la Península por las invasiones godas y que se mantuvo entre los pastores y los nobles de nuestro país, en estado bastante puro. Siendo este alano un perro de grandes dimensiones, fiero, fuerte y muy noble, que se usaba principalmente para cazar lobos (o toros salvajes).
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Estos cánidos para los indoeuropeos fueron sagrados, habida cuenta que eran su compañero de guerra, de guardia, defensa y caza. Tanto que se suponía que en el Más Allá, el señor del mundo de los muertos (Arawn) tenía numerosos perros, que le ayudaban y con los que siempre compartía sus festines. Animal que en muchos casos se tomaba por el guía ideal del viaje del difunto y que como tal era sacrificado, para que acompañaran al fallecido en su camino hacia el Walhalla -costumbre común a numerosas culturas-. Matándose la mascota real del fallecido, que en ocasiones comían los celtas en ceremonias rituales. Todas estas costumbres sin lugar a duda son el origen de la importante función que aún hoy tiene en el mundo anglosajón este animal, que durante la etapa del románico y del gótico innumerables veces aparece esculpido en la tumba del noble (indicando la fidelidad). Por todo ello, el perro para los celtas era el símbolo de la muerte (al tenerse por el más fiel amigo que podía acompañarnos hasta ella sin temor); de la curación -al observar que el can se “autocuraba” con su saliva, con su alimentación, purgantes-. Tanto como significaba la caza y la diversión (por su simpatía y bondad); la fildelidad y la amistad.
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ARRIBA: Anverso y reverso (fotomontaje nuestro) de la estela discoidea del siglo I d.C. hallada en las proximidades de Clunia, hoy propiedad del Museo Arqueológico de Burgos (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Observemos en ella por un lado, el clásico jinete ibérico; igual al existente en la gran mayoría de monedas prerromanas peninsulares. Mientras su reverso contiene un toro (entero, al que se le ven los testículos) apresado por un can, que se sube a la grupa. Claramente, la escena -de un lado y otro- se corresponde a una lucha o caza del toro y hace pensar que la estela fuera hecha en memoria de algún ilustre noble ibero, que quizás murió ejercitándose en este arte -o ceremonia- que practicaban los celtas (¿y celtíberos?) consistente en enfrentarse al bóvido salvaje, ayudados de sus perros.
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AL LADO: Los famosos toros de Costitx en bronce (tal como los mostraba el Museo Arqueológico Nacional antes de ser renovado -al que le agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen-). Hemos situado personas a su lado, para que veamos la proporción de estas cabezas rituales propias de la cultura talayótica Balear y que se fechan entre los siglos XI al VII a.C.. Siendo consideradas piezas de santuarios o de palacios, para venerar a este dios Marte, representado en el toro. Una deidad en forma de bos a la que se rendía culto -a mi juicio- como protector de las costas y de las islas. Al menos durante la Edad de Bronce; impidiendo que extraños y ajenos al grupo desembarcasen en el litoral, simplemente manteniendo toros salvajes en las playas y junto al mar (astados peligrosos que se recogerían tras unas “talanqueras”, cuando pasaran por su zona los lugareños).
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Acerca de los toros y de la “tauromaquia” en tiempos de los visigodos, nos habla Juan Carlos Fernández Truhán escribiendo que: San Isidoro en sus `Etimologías´ ya los condenaba con vehemencia desde sus creencias cristianas, dado que eran `ejercicios puestos al servicio exclusivo de la vanidad, ya que los mozos cuando se enfrentaban con los animales salvajes, solo buscaban, con riesgo de sus propias vidas, la fama, la aclamación y el reconocimiento público de su ciudad´. San Isidoro satanizó la conducta de estos bestiarios por exponerse `voluntariamente a la muerte, no por haber cometido crimen alguno, sino por valentía´. Es decir, los mozos lidiaban públicamente toros en la Bética visigoda con la única intención de ganar fama de hombres valientes. Este rechazo de la iglesia hacia los juegos taurinos, tendrá su reflejo en la propia legislación visigoda, a través del denominado `Fuero Juzgo´ (en su libro VIII, Tit. IV, Ley 16) en el que se ordenaba que... `...todo labrador o vaquero que fuera propietario de toros o vacas bravas deberá matarlos para preservar a los vecinos de cualquier daño advirtiendo a los que desoyesen el mandato que serán acusados por la ley de homicidas ante el tribunal del rey´.” (25)
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En la cita de San Isidoro observamos que ya existía la lidia o al menos los recortes y encierros, en la época en que escribe sus Etimologías (a comienzos del siglo VII). Donde critica que los mozos “cuando se enfrentaban con los animales salvajes, solo buscaban, con riesgo de sus propias vidas, la fama, la aclamación y el reconocimiento público de su ciudad”. Algo muy parecido a lo que sucede hoy en todo lugar donde hay encierro, suelta de bravos y de vaquillas; donde los lugareños juegan con ellas, sin temor y buscando el aplauso de los suyos. Ello parece que llevó a que el Fuero Juzgo prohibiera que las gentes del campo criasen toros bravos; una medida que vemos ya como indicativo de una estabilidad social. Prohibiendo la cría de ganado bravo quizás para que no se usaran enfrentándolos a los ejércitos del rey o de los señores (lanzando toros contra ellos). Por lo que aquella ley del Fuero Juzgo dictada por Recesvinto (en el 654), también se recoge en la edición del mismo Fuero, proclamado de nuevo por Fernando III (en el 1241). Momento en que hay testimonio de la existencia de ganaderías bravas, precisamente en los Montes Torozos. Tal como como recogimos en la anterior leyenda, donde escribíamos que a mediados del siglo XII Rodrigo Pelayo deja en testamento a la iglesia de Santa María de Wamba (Valladolid) de “una tercera parte de mis vacas bravas” y se convierte así en el primer ganadero de reses bravas que conocemos (26) . Todo lo que indica la costumbre de criar reses bravas en la zona, cuyo uso lógicamente era para las festividades y para los ensayos de la guerra; educando al caballo y al caballero en las lides bélicas a través de lides de tauromaquia.
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Continúa Fernández Truhán exponiendo que: Esta misma consideración de condena hacia aquellas personas que se entretenían luchando contra los toros, se mantendrá durante mucho tiempo a lo largo de la historía hasta llegar incluso hasta nuestros días, encontrándose entre sus detractores a grandes escritores y pensadores como el jesuita Juan de Mariana, quien en 1609 publicó en Colonia (Alemania) su obra “De spectaculis”, un tratado que denostaba la tauromaquia” (27) . Pese a ello, no se consiguió acabar con la fiesta, ni menos con las sueltas de vaquillas o encierros; puesto que estaban plenamente enraizadas en la cultura hispánica. Algo que se debió -a mi juicio-, principalmente por la forma que tuvo el pueblo de defenderse durante La Reconquista. Donde a las zonas de la Meseta despobladas y fronterizas con los sarracenos; no les quedaba otra protección más que la de aquellas manadas de astados silvestres y sus conocimientos para manejarlos, correrlos o echarlos sobre las hordas invasoras. Unas circunstancias que -quizá- en tiempos de San Isidoro no se comprendieran del todo; pues en aquella época lo que buscaba el Reino Hispano de Toledo era unidad y estabilidad (no deseando que las gentes del campo supieran manejar morlacos, y menos que fueran capaces de echarlos sobre los soldados). Pero una vez sucedida la invasión árabe y sobre todo, durante los casi ochocientos años de conquista y Reconquista. Parece lógico pensar que la única fórmula de protección y de lucha para muchos cristianos, fue esta de guardar manadas de bravos en sus campos. Lo que explica que quizás en tiempos de los visigodos prefirieran ir descastando aquellos astados, cazándolos en los montes; aunque más tarde volvieron a criarse (con el fin de defenderse de los andalusíes). Tanto como para estar documentadas en el siglo XII las ganaderías de reses bravas existentes en la zona de los Torozos -precisamente en Wamba-. Un hecho que ya vuelve a perseguir Fernando III (en 1241) cuando al proclamar de nuevo El Fuero Juzgo, no desea que se críe ni toree ganado bravo (seguramente con la intención de que las gentes no se enfrenten a sus ejércitos; pues Fernando III ya conquista casi todo el Sur de la Península).
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IMAGEN, ARRIBA: Tauromaquia de Goya; oleo propiedad de la Real Academia de San Fernando (a la que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). En el cuadro vemos una escena que bien podría tratarse de una venatio ibero romana, una tauromaquia medieval o moderna (hasta Primo de Ribera, que introduce el peto del caballo). Dos mil quinientos años de Historia -al menos- contempla esta costumbre que procede de los iberos y ha llegado casi intacta hasta nosotros.
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AL LADO: Dibujo mío de un Trishekel de plata de Aníbal, fechado en el 220 a.C.. Este general cartaginés vio de niño morir a su padre tras un ataque de los reyes iberos, quienes lanzaron contra las tropas de su progenitor toros embolados (atados a carros ardiendo o con las astas encendidas). Posteriormente él utilizó este mismo ardid en Roma, al verse rodeado; mandando a los mercenarios iberos que buscasen ganado en el monte y lo echaran contra los enemigos, embolando sus cuernos con teas ardiendo y atándolos a carros en llamas.
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Finalizaremos a leyenda de hoy recogiendo lo sucedido a Aníbal en tierras peninsulares, para comprender la importancia del toro y su uso en la guerra durante la antigüedad. Con ello entenderemos por qué Diodoro Sículo nos dice: "hasta el día de hoy, las vacas son sagradas en Iberia" (28) . Al leer cuanto narran sobre las conquistas de los cartaginés: Apiano, en sus “GUERRAS IBÉRICAS” y Polobio, en su HISTORIA UNIVERSAL. Donde escriben acerca del modo de guerrear con toros; un ardid que utilizaban precisamente los iberos -como veremos en los dos textos que a continuación recojo, comenzando por el de Apiano sobre Amilkar Barca (padre de Aníbal y suegro de Asdrúbal)-:
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"después de atravesar el Estrecho hasta Iberia iba devastando las tierras de los iberos; aunque no le habían infligido ningún daño, haciendo de ello una ocasión propicia para él estar ausente de su patria, de emprender nuevas acciones de guerra y de buscarse el favor popular mediante sobornos (...); hasta que los reyezuelos y otros tantos caudillos que se habían alzado contra él acabaron con su vida de esta forma: Hicieron avanzar carros con maderas, a los que uncieron bueyes y siguieron a los carros provistos de armas. Cuando los libios les vieron les entró de inmediato la risa, pues no comprendían la estratagema. Pero cuando estuvieron al alcance, los iberos prendieron fuego a los carros con bueyes y todo, y los lanzaron contra los enemigos y el fuego -trasladado de un lado a otro- al dispersarse los bueyes, sembró la confusión entre los libios. Y una vez que se hubo roto la formación de combate, los iberos, cargando a la carrera sobre ellos, acabaron con la vida del propio Barca y de un buen número de los que le protegían” (28) .
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Así fue cómo murió Amílkar, en Hélike (que se identifica con Elche de la Sierra) cuando su hijo Aníbal era aún un niño y presenció esta derrota de su progenitor. Momento en que tomó el mando el marido de su hija, llamado Asdrúbal el bello; sacando de allí a su cuñado -el pequeño Aníbal- a la grupa de su propio caballo y salvándole. Pese a ello, será aquel mismo niño que vio morir así a su padre; quien años después aprovecha esta técnica de lucha, utilizándola en Italia cuando se ve rodeado. Tal como narra Polibio, escribiendo:
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Aníbal, luego de haber tentado a Fabio y talar toda la Campania, teniendo un inmenso botín, se disponía a levantar el campo. (…) Fabio descubrió la idea del cartaginés por la que se disponía a salir desde la misma parte por donde había entrado; así que considerando que la estrechez del terreno era muy acomodada para atacarle, apostó cuatro mil hombres sobre el mismo desfiladero. (…) Él mientras, con la mayor parte del ejército, se colocó sobre una colina que dominaba aquellas gargantas. En cuanto habían llegado los cartagineses y sentado su campo en el llano al pie de la misma montaña, se prometió el romano quitarles sin peligro el botín, aprovechando la ventaja del sitio para poner fin a la guerra. (…) Pero Aníbal, intuyendo de las circunstancias que todas estas medidas se dejaban para el día siguiente, no le dio tiempo ni lugar para ejecutar sus propósitos. Envió así llamar a Asdrúbal, que mandaba a los gastadores, dándole la comisión para que con toda diligencia recogiera y atase los más haces que pueda de leña seca y otras materias combustibles, y que entresacados de todo el botín, incluyera los dos mil bueyes más hechos al trabajo y gordos, para que los situara al frente del campamento. Hecho esto, convoca a los gastadores y les muestra una colina sita entre su campo y los desfiladeros por donde había de realizar su paso. Les mandó que cuando se les diera la señal, hagan subir a palos y por fuerza los bueyes hasta llegar a la cumbre; después de lo cual dio la orden para que todos cenasen y se recogieran. Al fin de la tercera vigilia de la noche saca sus gastadores y manda atar a las astas de los bueyes los manojos. Esto se ejecutó prontamente, por haber muchos ocupados en esta labor. Después da la señal de prender fuego a todos los haces y hacer subir y conducir los bueyes a las cumbres. Detrás de éstos colocó a los lanceros, con orden de que ayudasen hasta un cierto lugar a los que conducían los bueyes. Advirtiendo de que cuando éstos comenzaran a arremeter, acudan por los costados a subir las montañas con gran gritería y a ocupar las cumbres, para auxiliarse y atacar por las manos, caso que el enemigo hiciese en ellas resistencia. Al mismo tiempo él marchaba a las gargantas y desfiladeros, llevando a la vanguardia los pesadamente armados; detrás de éstos a la caballería, después el botín y en la retaguardia a los hispanos y galos.
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Después de que los romanos que guardaban los desfiladeros advirtieron que se acercaban a las cumbres esas antorchas, persuadidos a que por allí hacía su marcha Aníbal, abandonaron los puestos y acudieron a las alturas. Ya (entonces) se hallaban próximos a los bueyes y dudaban aún qué significarían estos fuegos, figurándose y esperando algún mayor infortunio. Apenas llegaron los lanceros, se originó entre cartagineses y romanos una leve escaramuza; pero los bueyes, que arremetían en medio de unos y otros, hicieron estar separados a ambos flancos, sobre las cumbres y permanecer quietos hasta que llegase el día; por no acabar de comprender (los romanos) lo que pasaba. Fabio, ya dudoso con este accidente y seguro de que sería un engaño, "doloso" según la expresión del poeta; resuelto a no arriesgar un trance ni llegar hasta una acción decisiva -según su primer propósito-, prefirió mantenerse en quietud dentro de las trincheras, aguardando que llegara el día. Entre tanto, Aníbal, saliéndole la empresa a medida de como había pensado, pasó sin riesgo el ejército y el botín por los desfiladeros, y siquiera apenas vio desamparados los puestos por los (lanceros) que guardaban el mal paso. Advirtiendo después al amanecer que sus lanceros eran atacados por los que ocupaban las alturas, destacó hacia allá un baluarte de hispanos que, viniendo cuerpo a cuerpo, dieron muerte a mil romanos y se incorporaron a poca costa con los armados a la ligera (así descendieron todos juntos). Fuera ya del territorio de Falerno con esta estratagema y acampado en parte segura, no pensaba ni discurría más (Aníbal) que dónde y cómo estaría en el invierno” (30) .

AL LADO: De nuevo, otra foto antigua de una suelta de vaquillas durante las fiestas padronales de Mota del Marqués (la imagen ha sido tomada de la página de Facebook de Mota del Marqués a quienes agradecemos nos permitan divulgarla).
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IMAGEN, ABAJO: Otra vez el San Fermín motano, junto a “sus feligreses” (un grupo de amigos Mota del Marqués, entre los que destacan bellezas castellanas, divirtiéndose en el Carnaval de este año). De este modo, y con esta imagen damos por terminada esta nueva leyenda (la foto ha sido tomada de la página de Facebook de Mota del Marqués a quienes agradecemos nos permitan divulgarla).
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CITAS:
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(1): Como dijimos en nuestra anterior leyenda, antaño estas estribaciones y la ciudad de Toro se denominaban Gotoros; en memoria de los reyes visigodos que las habían habitado. Desde el siglo XI, comenzaron a llamar a la villa “Toro”; al igual que a denominar estas colinas como “Torozas” (o toresanas). A mi juicio, parece indiscutible que el nombre de la villa y de esos montes cercanos, parten desde una raíz unida a la palabra “toro”. Todo lo que hace pensar que ese nuevo nombre se refirió a los uros salvajes que por allí existían en abundancia (criados en las antiguas fincas de recreo de los reyes visigodos). Acerca de la etimología de la ciudad de Toro y de los campos que la circundaban (llamados góticos hasta el siglo X), pueden consultar las cónicas de Alfonso VI. Pues desde el siglo XI en las referidas crónicas alfonsinas la describen como villa de Toro; ciudad de enorme comarca rodeada por campos de igual denominación (de lo que entendemos que toda la zona y población de Gotoro, pasa a llamarse en tiempos de Alfonso VI simplemente de Toro).
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(2): Recordemos que “el año de la Era”, fecha desde la incorporación de Hispania a Roma (el 38 a.C.). De tal manera, el año 699 de la Era (tal como reza esta lápida) se corresponde con el 661 de Cristo.
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(3): Cervantes menciona al zebro en El Quijote y Lope de Vega en “La hermosura de Angélica”.
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(4): Cita de Martín Sarmiento tomadas de la página:
SOBRE LA LOCA, MUY LOCA, HISTORIA DEL ZEBRO:
blog del Capitán Malaspina
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(5): Para todo interesado en las obras del Padre Sarmiento sobre el zebro, podrán bajarlas desde la red, desde este enlace que damos a continuación, donde se contiene el mencionado libro en PDF:
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(6): Martín de Cantos, arcipreste y cronista de Chinchilla (Albacete), nos legó en 1576 la que quizás sea la descripción más extensa y conocida de la especie. La “enzebra” es descrita dentro de una relación de las piezas de caza en tierras del Marquesado de Chinchilla:
...criase en esta tierra muchos benados, corços, gatos monteses y algunas vezes se hayan puercos y cabras monteses. Una espeçie de salvagina ovo en nuestro tienpo en esta tierra que no la a avido en toda España sino aqui que fueron enzebras que abia muchas y tantas que destruian los panes y senbrados. Son a manera de yeguas çenizosas de color de pelo de rata, un poco mohinas, relinchavan como yeguas, corrian tanto que no avia cavallo que las alcançase, y para aventarlas de los panes los señores dellos se ponian en paradas con caballos y galgos, que otros perros no las podian alcançar, y desta manera las aventaban, que matar no podian por su ligereza”.
La última cita que tenemos del animal data de 1579 en la relación topográfica de la Roda donde se menciona su extinción
A pocos años que se acabo la caza de los venados que avia muchos y podra aver quarenta años que avia muchas enzebras en termino desta villa y se a acabado ansi mismo la dicha caza”
La Roda por entonces se encontraba dentro del enorme sistema lagunar que existió en la actual ciudad de Albacete, y correspondía por tanto a llanuras y pantanos. Aunque parece existir alguna cita posterior para Extremadura. En conjunto, las citas medievales sobre el cebro son demasiado numerosas y fiables como para pensar en fábulas y leyendas. No me extenderé en ellas, en el listado bibliográfico encontrarán algunos trabajos que incluyen una extensa recopilación de las mismas. Sabemos por ellas, dónde vivía, cómo se cazaba, cómo se cocinaba, sus usos medicinales, que su piel (el tuérdago) era apreciada para el cuero, incluso cuánto costaba su carne : “la libra de carne de zebra, tres dineros pepiones e meaia, e no mas”. Pero, con todo, ningún texto aclara definitivamente lo que era: si caballo, cebra, onagro o asno. Por lo que a lo largo de la historia se han planteado diversas teorías sobre su auténtica identidad:
Para complicar más el asunto del étimo, en algún momento de la Edad Media, comenzó a confundirse el equifero con el onagro, otro équido salvaje, en realidad distinto al caballo y al asno. Así en siglo VI Venancio Fortunato ya usa erróneamente “onagro” para referirse a los caballos salvajes que se cazaban en el norte de Francia. Sabemos perfectamente que no existían onagros en las Árdenas sino caballos salvajes. El onagro se habia hecho conocido por todos a través de la transmisión de obras como el Physiologus antiguo del siglo II dC y el Bestiario medieval, que lo situaban a caballo entre lo mágico y lo mítico, pero sobre todo por la la traducción y copia vernacular de la Vulgata. Parece ser que, en la medida que las últimas poblaciones europeas de equiferos se extinguían, los eruditos se veían en la tesitura de traducir este término y, siendo ya el onagro el único équido salvaje conocido, pensaron debía tratarse del mismo animal. Error que se fue copiando incunable tras incunable.
En el siglo XIII Alfonso X el Sabio en su "General Estoria", obra en la que se introducen al castellano numerosos préstamos de origen culto y se realiza numerosas aclaraciones terminológicas, establece la equivalencia enzebro = onagro:
"E dize Jerónimo e maestre Pedro que le llaman en el ebraico fara, e fara quiere dezir tanto en el nuestro latin como onager; e onager dezimos nos que es en la nuestra lengua por asno montes o por enzebro. E sobre esto dize Metodio que es dicho esto, los asnos monteses o enzebros e las corzas que vernán del desierto con la su crueleza a la crueleza de las otras bestias todas...".
CITAS TOMADAS DE (sic): SOBRE LA LOCA, MUY LOCA, HISTORIA DEL ZEBRO:
blog del Capitán Malaspina
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(7): AMALLOBRIGA: “… No es improbable su reducción a Torrelobatón, que la da Cortés; porque al menos presenta vestigios de antigüedad…”. (Madoz, P. (1845). Dicc. t. II, pág. 230). “… F. Wattenberg, la región vaccea 108, 168, la sitúa en Torrelobatón. Saavedra 86 piensa que se trata del despoblado de Arenillas, junto a Villavieja”. (Roldán, J. M. (1975). Itin. Hisp. pág. 212). “Amallobriga (A24) = Montealegre (Valladolid), según una tessera hospitalis.74,18s//75,38a”. (Arias, G. (2004). El Mil. Extr. Índice, Amallobriga).
AMALLOBRIGA: Tiedra, Urueña o Torrelobatón (incluso Villabrágima). (JRD pag 39)
A mi jucio también pudo ser San Cebrián de Mazote.
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(8): Existe una cita atibuida a Estrabón y recogida en la red -Celtiberia Net y otras páginas-; en la que se dice sobre la cría de caballos salvajes: Que los iberos: “con cuernos y con gritos acosan a las bestias por los montes hasta lograr acorralarlas. Unas, las sacrifican para comerlas. Otras las doman y les sirven de montura para sus luchas guerreras ...” (SIC).
Realmente no hemos podido constatar que tal cita sea de Estrabón; quien realmente en su Geografía III (IBERIA) sabemos que escribe:
III 15. “Ibería produce un gran número de rebecos y de caballos salvajes”
III- 189. “Tienen una divinidad semejante al Ares griego (Marte romano), es decir, una divinidad guerrera a la cual sacrificaban cabrones, prisioneros y caballos. La sangre de estos últimos, al menos, era bebida, según ciertos textos”.
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(9): EL CABALLO DE BRONCE DE CANCHO ROANO
Sebastián Celestino Pérez
Jose Manuel Julián Rodriguez
Cu PAUAM 18-1991 pags 179 188
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(10): Primera Crónica General de España del rey Alfonso X. También consta como TIERRA DE CAMPOS en la Crónica latina de los reyes de Castilla que, según su editora, Cabanes Pecourt, fue redactada en los años 1224-26: Siendo algo anterior a esta Crónica General de Alfonso el sabio.
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(11): MANUEL GÓMEZ-MORENO, Catálogo Monumental de la Provincia de Zamora; introducción del capítulo sobre TORO.
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(12): Campus quod dicunt Goticos usque ad flumen Dorium eremauit, et expistianorum regnum extendit” CAMPOS QUE SE DICEN GÓTICOS, QUE ESTÁN JUNTO AL RÍO DUERO Y SE EXTIENDEN HASTA EL “EPISTIONARIO” DEL REINO.
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(13): Acerca de ello, nos dice Wikipedia:
"Campus Gallaeciae (campos galaicos) es el primer topónimo documentado que alude a esta comarca campesina. Lo documenta el Obispo de Chaves Hidacio Lemico en su libro "Hydatii Lemici continuatio Chronicorum Hiero nymianorum" en su página 30. Posteriormente también es nombrada así por Sánchez Albornoz en sus "Fuentes para el estudio de las Divisiones eclesiásticas Visigodas" en la página 53 del número 1 en el Boletín de la Universidad de Santiago en 1930. Posteriormente y después de la llegada de los Visigodos el nombre pasa a ser Campus Gothici o Campus Gothorum (campos góticos o godos) apareciendo en la Crónica de Albelda, la más antigua actualmente conocida del ciclo de la Reconquista, al narrar las incursiones de saqueo realizadas por Alfonso I en el valle del Duero: "Campos quos dicunt Goticos usque adflumen Dorium eremauit, et xpistianorum regnum extendit", siendo poco convincente la afirmación anterior romana de "Campi Palatini" como categoría de topónimo, o que la "provincia Gothorum" con que el Biclarense inicia la historia del reinado de Leovigildo, aluda única y exclusivamente a los Campos Góticos, sino más bien al reino godo en su conjunto”.
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(14): Ibidem cita anterior.
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(15): DAVID MARCOS DIEZ en su magnífca tesis doctoral LA ABADÍA DE SANTA MARÍA DE HUSILLOS: ESTUDIO Y COLECCIÓN DOCUMENTAL (904 – 1608) -DIRIGIDA POR EL PROF. DR. JOSÉ MANUEL RUIZ ASENCIO y presentada en Valladolid 2009-
Nos dice acerca de la fundación de Santa Ma. De la Dehesa Brava:
En la obra de Alfaro se aportan algunos datos sobre la fundación de la abadía que debían corresponder a la tradición oral de su tiempo y que se transmitieron a los autores posteriores. Así deja traslucir la tradición de un origen visigótico de Husillos como pequeña ermita sita dentro de una densa masa forestal, por lo que era llamada de Dehesa Brava. Al mencionar la general destrucción de España se puede referir a las incursiones de Tariq y Muza entre los años 711-715, y que gracias a la gran masa forestal de la zona, la iglesia pasó inadvertida para los invasores”. PAGINA 23 DE LA TESIS, citando a:
CASTRO SÁNCHEZ, Marcial de, Vida del illustrissimo Sr. D. Francisco de Reynosso : obispo de Córdoba, por Gregorio de Alfaro, 2 vols. Palencia 2001 (edición facsímil). El vol.2 contiene: Vida de Don Francisco de Reinoso: obispo de Córdoba y abad de Husillos (1534-1601). (= CASTRO SÁNCHEZ, Vida de Francisco de Reinoso
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Asimismo recoge sobre su cambio de nombre que:
el cabildo de Sancta María de Dehesa Brava, otro tiempo llamada, y / agora llamada Sancta María de Fusillos” (Pag 976) documento de 1993 Fundación y estatutos de la cofradía de Nuestra Señora de Dehesa Brava”.
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Además nos David Marcos incluye que Menéndez Pidal escribe:
consigna una serie de lugares (Ampudia, Pedraza, Castrillo, etc) y un nivel de minuciosidad en los deslindes que implica un volumen demográfico impropio del primer tercio del siglo X, cuando la repoblación estaría arrancando en una zona abierta y llana, teniendo en cuenta que Palencia, sede diocesana, estaba semidespoblada; a lo que hay que sumar el hecho de que se le denomine Santa María de Fusillos, y no de Dehesa Brava, acepción que tendría en su época más primitiva”. (pag 303 recogiendo palabras de la transcripción que realizó Menédez Pidal. En las partes del documento que éste no pudo transcribir, se sigue el Libro de los Privilegios de Husillos)
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Añadiendo el autor de la tesis:
enlaza la fundación de Santa María de Dehesa Brava por el conde Ansur de Monzón, con los Ansúrez del siglo XI-XII, aunque también pudiera ser que se refiriera como fundador de la iglesia a Ansur Díaz, padre de los condes Pedro, Fernando y Gonzalo Ansúrez. Por otra parte, comprobamos cómo todos los acontecimientos y personajes mencionados en la escritura de fundación tuvieron lugar y existieron en efecto en el reinado de Alfonso VI (1072-1109): cortes de Carrión, los condes Ansúrez, infanta Urraca, obispo Alonso Martínez, Cid Campeador”. (pag 60)
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Volviendo a escribir en sus páginas 35, 36, 37 y 38 que:
una escritura independiente fechada por la era hispánica en el año 947, año 909, por la que el conde Ansúrez de Monzón fundaba la iglesia de Santa María de Dehesa Brava en un paraje de gran vegetación y de difícil acceso en donde había tenido lugar una aparición de la Virgen María” (pag 38)
La primera o fundacional: fundada en la era de 905 por don Ansúrez, conde de Monzón, quien pobló la villa de Husillos. Relata que el motivo de la fundación fue la aparición de una imagen de la Virgen María en el paraje llamado de DehesaBrava, nombre que tenía por la gran cantidad de sauces y espinos del lugar conservándose la memoria de dicho suceso en la capilla que fundó el abad Francisco de Reinoso en la iglesia de Husillos con el nombre de Nuestra Señora de Dehesa Brava”.(pag 36)
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Para concluir en acerca de su fundación que:
Después de contemplar en un principio una posible procedencia visigótica, se llegó a la conclusión de que !dichos materiales deberían encuadrarse en un marco románico, aunque sobre tres de dichos restos no se descarta un origen visigodo” (pag 35)
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FINALMENTE Y SOBRE UNA SUPUESTA PLACA FUNDACIONAL DE HUSILLOS, RECIENTEMENTE APARECIDA Y SUBASTADA EN 2008 EN FERNANDO DURÁN (sala madrileña). AÑADE EL AUTOR EN SU CITA 47 DE LA PRIMERA PARTE:
CITA 47 PAG 35: “En el mes de marzo de 2008, el periódico “El Diario Palentino” sorprendió a la comunidad científica con la subasta que se iba a celebrar en los días siguientes en la casa Fernando Durán de Madrid de una pieza epigráfica de gran valor histórico sobre la refundación del monasterio de Santa María de Husillos realizada en el año 1039 por el abad Munio al frente de su comunidad en tiempos del obispo Bernardo y del príncipe García. Sin embargo es probable que dicha pieza epigráfica no proceda de Santa María de Husillos, ya que hacia el año 1039 hacía ya tiempo que estaba revitalizada, como lo demuestran el privilegio de confirmación de Sancho el Mayor, las mención de Husillos como sede de la segunda restauración de la diócesis palentina, y el privilegio de restauración de Sancho el Mayor de la diócesis de Palencia, en el que se relacionaba a Husillos como propiedad de la diócesis”.
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Sobre dicha lápida fundacional que no considera de Husillos y de la que David Marcos no dice más en su tesis; añadimos que su texto es el siguiente:
IN DOMINE SIMPLE DIVINOQUE AVSILIO ET IN HONOR-/
REM SANCTE MARIA VIRGINE VEL PLURIMI SANCTIQUE-/
EDIFICAVIT MONIO ABBAS CUM CETERI FRATRES HOC OPUS UT-/
EX TEMPLUM BENEDICTI PATRIS CONVIVARI SUB IS-/
AVSILIO BERNALI EPISCOPI ET GARSEANI PRINCIPE ERA LXXVII
En el nombre y con la ayuda del único Dios, y en honor
a Santa María y a todos los santos,
el abad Monio edificó con el resto de sus hermanos
un templo para convivir bajo la regla de San Benito, bajo el
auxilio del obispo Bernardo y del príncipe García en la Era 77 (año 1039)
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(16): D. Enrique Fernández-Prieto, publicado originalmente en el número 136 ( mayo-junio de 1976) de la Revista Hidalguía, en la página 379 y siguientes, titulado “Una Encomienda de la Orden de los Caballeros Teutónicos en el Territorio Castellano- Leonés”, sigue diciendo el texto: Unos hechos que fueron ratificados a su vez por: “Don Jacobo Fitz James Stuart, XVII Duque de Alba, que entre los títulos que ostentaba también el de XIX Marqués de la Mota; hizo un interesante estudio que fue publicado por la Real Academia de la Historia en 1948 bajo el título de “Documentos sobre Propiedades de la Orden de los Caballeros Teutónicos en España”, y últimamente el meritorio trabajo de J.Ferreiro Alemparte, publicado en 1971, titulado “Asentamiento y Extinción de la Orden Teutónica en España”
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(17): Ambrosio de Morales (XIII, 13). Cita tomada de: FUNDACIÓN IGNACIO LARRAMENDI, en su página sobre la leyenda de las doncellas.
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(18): PARA LOS INTERRESADOS EN EL TEMA, CONSULTAR:
Germán Delibes de Castro
SAL Y JEFATURAS, UNA REFLEXIÓN SOBRE EL YACIMIENTO DEL BRONCE ANTIGUO DE SANTIOSTE, EN VILLAFÁFILA (Zamora). /// Valladolid 1993 (pags 33 a 46)
Germán Delibes de Castro
LA EXPLOTACIÓN DE LA SAL AL TÉRMINO DE LA EDAD DEL COBRE EN LA MESETA CENTRAL ESPAÑOLA: ¿FUENTE DE RIQUEZA E INSTRUMENTO DE PODER DE LOS JEFES CIEMPOZUELOS?"
VELEIA, 24-25 // pags. 791-811, Año 2007-2008
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(19): PARA LOS INTERESADOS, CONSULTAR MI ARTÍCULO:
La precolonización a debate (parte tercera): Jose Clemente Martín de la Cruz -comentario a su estudio, intercalando ideas del profesor Delibes-. Capítulo 119 de: "Los bueyes de Gerión en el tesoro de El Carambolo".
PULSAR SOBRE EL ENLACE:
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(20): Según nos dice Manuel de la Granja Alonso en “Historia y Actualidad de una Villa Castellano-Leonesa”. Sus Iglesias Parroquiales 1996, págs. 29-46.
la primera mención documentada de Villafáfila como tal población; data del año 936, durante el reinado de Ramiro II (de León) y está relacionada con la venta de sal y de sus salinas del lago".
PARA LOS INTERESADOS VER:ORIGEN Y REPOBLACIÓN SIGLOS IX Y X: VILLAFÁFILA
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(21): EN ESTE ARTÍCULO DECÍAMOS:
"Sin duda alguna, lo más interesante que podemos leer en el texto que hemos analizado, concierne a los albores del toreo, junto al simbolismo y sentido que pudo tener el rejoneo o el manejo de reses bravas a pie. Todo lo que se explica desde un punto de vista militar y estratégico; sabiendo que aquellos que fueran capaces de dominar al toro, podrían usarlo para evitar que extraños entrasen en su territorio (lanzándolos contra el enemigo, cuando este pretendiera allanar sus tierras). Un tipo de defensa y de lucha, que personalmente llevo estudiando desde hace más de treinta años -concretamente desde 1982, cuando hice mi Servicio Militar en Sevilla, donde entretuve mi tiempo libre documentándome sobre tauromaquia-. Treinta y cinco años durante los que he defendiendo cómo ya se llevarían a cabo este tipo de batallas en la Creta de la Edad del Bronce; al menos desde el Minóico Protopalacial (después del 1900 a.C.) y sobre todo en el Palacial (tras el siglo XVI a.C.). Etapa a la que pertenecen palacios como los de Cnossos o Faistos, donde se han hallado multitud de frescos y esculturas que representan a jóvenes saltando sobre morlacos o jugando con el toro -del mismo modo que hacen hoy en día los recortadores-.
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Estas pinturas y figuras palaciales cretenses -de mediados del segundo milenio a.C.- nos recuerdan “demasiado” las artes del toreo a pie. Unas escenas de tauromaquia que asimismo podremos ver en cientos de jarros cerámicos, joyas, sellos, piezas de metal y en infinidad de obras artísticas minóicas, donde el toro es el protagonista. Siendo la forma y tipología del bos allí representado, casi igual a la del toro bravo hispano (o de lidia). Todo lo que nos habla -a mi juicio- de cómo posiblemente, aquellos minóicos que buscaban cobre y estaño en los yacimientos de la Iberia; y que sabemos, arribaron a nuestras costas durante el segundo milenio a.C.. Quizás enseñaron el arte de la defensa con toros a los habitantes autóctonos peninsulares, importando incluso su tipo de bos salvaje. Trayendo hasta nuestras tierras un toro igual al minóico: Musculado, de testa grande pero de alza corta, fuerte y asilvestrado; pero con una tipo encaste que le capacita para ser toreado y dirigido por el hombre -rasgos que apenas otros bovinos tienen-. Pudiendo haber sido importado ese bos desde Creta, para criarlo en Iberia y posteriormente en islas -como las Baleares-. Con el fin de que otros navegantes no desembarcasen en tierras tan ricas en oro, plata, estaño y cobre; como lo fueron las nuestras hace tres y cuatro mil años.
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Ya que -a mi juicio- el uso de morlacos silvestres para proteger las costas, hubo de ser el más sencillo sistema de defensa; al menos durante la Edad de Bronce y hasta que no aparecieron los grandes ejércitos armados con hierro. Un hecho que enseña la razón de los juegos minóicos con el toro; pero que sobre todo explicaría por qué las ciudades cretenses de esta época no tienen murallas, aunque están construidas con un urbanismo laberíntico. Un laberinto que -como el de Cnossos o el de Faistos-, debían recorrer y superar todos los enemigos que desearan entrar en las urbes de Creta así defendidas. Necesitando salvar y luchar contra los toros soltados por las gentes que habitaban esas urbes laberínticas; quienes asimismo tendrían mayorales y “toreros” capaces de gobernar y recoger los astados, cuando el enemigo abandonara la idea de invadir. De tal modo, quienes quisieran atacar a los cretenses, antes de lograr conquistar los baluartes minóicos; deberían cruzar las diferentes barreras de morlacos que los lugareños dispondrían (en cercados junto a las playas y costas, en los caminos y dentro de las mismas ciudades o palacios). Siendo esta mi teoría acerca del origen del toreo en el Egeo y en Iberia. Unos hechos de los que si duda nos habla el mito del Minotauro con su laberinto; del que tan solo Teseo logró salir vivo (tras matar al toro de Minos) .
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Pero continuando con lo expuesto y sin necesidad de retrotraernos tres o cuatro mil años; una vez visto que los reyes iberos también usaban este método de batallar (lanzando reses contra el enemigo). Nos será fácil entender cómo ese tipo de luchas y defensa había permanecido entre los hispanos. Quienes durante la etapa de paz romana tan solo jugarían con el toro en los coliseos y en los circos, de un modo semejante como hoy se hace en las plazas. Acerca de los juegos grecorromanos con el astado tiene varios estudios interesantísmos Cristina Delgado Linacero (32) . Pese a ello, es mi teoría que en Hispania el bos silvestre no se usó tan solo para la caza o en los espectáculos circenses -tal como ocurría en Grecia o en Roma-. Pues Iberia no fue del todo un lugar muy seguro (siquiera después de la conquista romana). Por lo que a mi juicio, conservaban ganado bravo en las dehesas, mezclado con el manso; para evitar robos y la llegada de cuatreros (que se sabe era una de las profesiones más apreciadas por los iberos -tanto que Viriato se dedicaba “al noble arte” de afanar toros-). Por lo que estos iberos -luego hispanos-, tan doctos en robar las vacas como en guardarlas y guiarlas; debieron desarrollar ya desde los comienzos de su civilización las artes de guiar, “quebrar” y torear las reses salvajes.
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De tal modo se comprende por qué las tierras hispanas permanecieron plenas de bos silvestres, que no fueron descastadas ni aniquilados, como se hizo en el resto del Mediterráneo. Debido a ello, siglos más tarde y tras la caída de Roma, siguieron conservándose los uros en los bosques peninsulares. Sobre todo con la llegada de los visigodos, al ser la caza de estos toros salvajes un deporte muy amado por los germanos y godos. Así, los del reino visigodo de Toledo se entretendrían en ese arte cinegético, tan apreciado por sus ancestros. Todo lo que explicaría que la zona de Toro y los montes Torozos estuviera repleta de ganado asilvestrado o salvaje. Por lo que el área se llamó primero, monte y ciudad “de los Gotoros” (“góticos”, por las fincas de recreo de los monarcas visigodos); para más tarde pasar a denominase “de los toros” o “torozos”. Cuando el recuerdo de los reyes godos que aquí tuvieron sus villas, se sustituiría por el de las manadas de astados que vivían en esta zona toresana.
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Tal como exponemos, parece evidente que la afición a la caza del uro (entre los nobles de la Alta Edad Media) se iría sustituyendo por la del toreo a pie y a caballo. Algo que sucede cuando se llevarían los astados hasta cercados y cuando se comenzaron a lidiar reses capturadas, en las cercanías de las poblaciones. Unos hechos que a mi juicio iniciaron los militares, quienes sustituirían aquel ejercicio de la caza, por este con el que podían entrenar al equino para la guerra. Generando unas artes ecuestres de enorme valía, en dónde se debía engañar y matar al morlaco, frente a la mirada de todos. Un ejercicio que preparaba al caballo para la guerra y adiestraba al caballero en su montura -tal como vemos en el rejoneo-. De lo que finalmente se pasaría a aprender la tauromaquia montada en las maestranzas y en los regimientos de caballería (como en la de Valladolid, donde se amaestraba y luchaba con y contra, las bestias). Pese a todo, el toreo a pie pertenecería al pueblo; quienes como mayorales, corredores, recortadores y lidiadores ofrecerían a los jinetes un apoyo inmensurable. Pues las reses bravas solo pueden dirigirse a caballo, en campo abierto; porque al entrar en las calles, son los mozos y los valientes de a pie los que logran hacerse con ellos.
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(22): CONTINUÁBAMOS TRATANDO SOBRE LOS ORÍGENES DE LA TAUROMAQUIA, DURANTE LA EDAD MEDIA CON LOS TRABAJOS DE GONZALO SANTONJA Y DOLORES MORALES DEL SIGUIENTE MODO:
Acerca de los toros en la Edad Media: Los estudios de Gonzalo Santonja y Dolores C. Morales y Muñiz:
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Todo cuanto exponemos explicaría la sacralización del toro en España; ya que hubo de ser uno de los mayores totems de ayuda para el pueblo. Quienes pudieron defenderse sin necesitar ejércitos y valiéndose tan solo de vacadas bien dirigidas. Por lo que durante el tiempo de la Reconquista, el uso de reses silvestres hubo de ser el método más sencillo y eficaz para atacar o protegerse. Lo que explica que no haya una fiesta patronal donde no se corra una vaquilla o se toree un buen morlaco.
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Acerca de ello, desearíamos recoger algunas palabras e ideas de expertos sobre el toreo en el medievo. Comenzando por Gonzalo Santonja Gómez-Agüero; quien en su precioso libro POR LOS ALBORES DEL TOREO A PIE refiere:
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las corridas de toros como tal se iniciaron mucho antes de lo que tradicionalmente se han venido datando, no está equivocada ya que existen evidencias tales como:
-Ya en el siglo X en el reyno de León uno de sus monarcas provoca una emboscada a uno de los enemigos al trono con un toro bravo, entonces salvaje.
-En un texto de Gonzalo de Berceo, una dueña hace un quite al toro «con la falda del manto»: primer antecedente del capote.
-Ya a mediados del siglo XII Rodrigo Pelayo deja en testamento a la iglesia de Santa María de Wamba (Valladolid) «una tercera parte de mis vacas bravas». Se convierte así en el primer ganadero de reses bravas que conocemos.
-En el Monasterio de Silos, en algunas de sus vigas, ya podemos encontrar escenas con motivos taurinos: hay hombres a pie enfrentándose a los toros, en una mano lleva un arma y en la otra una tela (s.XIV), es decir, ya se usan las telas para engañar al toro.
-A comienzos del XIII, las primeras pinturas taurómacas que hoy se conocen, en la iglesia de Pumarejo, junto a Cuéllar.
- En Silos, hay veintidos escenas de juegos taurinos, donde aparece un matatoros a pie, con capote (los luchadores romanos nunca se planteaban cambiar la embestida de las bestias).
-En la catedral de Plasencia, en la sillería del coro, se puede contemplar una imagen de un hombre matando a un toro. Y este hombre está cruzándose, como lo entendemos hoy en día. Interesante.
-En la capilla Barbazana de la catedral de Pamplona, un mancornador: quizá, un homenaje a tareas vaqueras como los herraderos
-Ya en el siglo XV se mataba de frente y por derecho, y cruzándose. Hay representaciones y evidencias de ello (también en capilla Barbazana de la catedral de Pamplona, sillería de la Universidad de Salamanca y en el capitel del Palacio de los Condes de Requena; en Toro” .
-En este escena de la sillería de la Universidad de Salamanca, vemos un encierro tradicional; en la Catedral Nueva, un puyazo, un corredor cogido, la preparación de la suerte suprema, una guardia de lanceros...
-En un capitel del Palacio de los Condes de Requena, en Toro, una secuencia completa de la corrida, entre los siglos XV-XVI (se trata de la pieza que presenta en la portada de su libro el autor).
-En el Archivo de Simancas, un Memorial de Juan López de Velasco certifica la pasión taurina, pese a las prohibiciones”.
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Entre las menciones que hemos referido las que a continuación recojo corroborarían cuanto hemos leído en esta leyenda. Atendiendo a que: “en el siglo X en el reyno de León uno de sus monarcas provoca una emboscada a uno de los enemigos al trono con un toro bravo, entonces salvaje” (...) “a mediados del siglo XII Rodrigo Pelayo deja en testamento a la iglesia de Santa María de Wamba (Valladolid) «una tercera parte de mis vacas bravas». Se convierte así en el primer ganadero de reses bravas que conocemos” (...) “A comienzos del XIII, las primeras pinturas taurómacas que hoy se conocen, en la iglesia de Pumarejo, junto a Cuéllar” (...) “En un capitel del Palacio de los Condes de Requena, en Toro, una secuencia completa de la corrida, entre los siglos XV-XVI” (...) “En el Archivo de Simancas, un Memorial de Juan López de Velasco certifica la pasión taurina, pese a las prohibiciones”.
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Todo cuanto hemos leído en el libro de Gonzalo Santonja, refiere y ratifica los ataques en el siglo X perpetrados por reyes cristianos, echando toros sobre los andalusíes. Tanto como la existencia de ganaderías bravas en Wamba -seguramente en recuerdo de los uros que poblaban los torozos-. El establecimiento en Cuéllar de los encierros más antiguos; y el hecho de que en la ciudad de Toro ya se practicase la tauromaquia a pié en la Edad Media. El autor cita finalmente a Simancas y los escritos que en sus archivos se guardan, entre los que destaca alguno que describe la “pasión taurina” hispana. Un elenco de datos sobre la España Medieval que recoge mucho de lo visto anteriormente, en la leyenda transcrita.
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Finalmente, también resumiremos cuanto otra experta escribe acerca del toreo en la Edad Media; aportando Dolores Carmen Morales y Muñiz los siguientes datos:
Las fiestas con toros en la Edad Media hispana o ibérica – también debe incluirse Portugal- tiene dos versiones: las fiestas aristocráticas y las populares lo que se denominaba correr toros y de ambas tenemos ejemplo en el Madrid medieval (...) Los juegos con toros eran muy populares, tanto como entretenimiento de los pequeños como deporte cinegético de los grandes, y no dejaron de celebrarse durante toda la época medieval (...) Entonces, la fiesta de los toros distaba mucho de parecerse a la actual. En la época medieval se alanceaban toros a modo de espectáculo caballeresco en íntima relación con la caza o con la montería –y más tarde coincidiendo con otros juegos como los de cañas- pero también como parte del entrenamiento militar. Siempre eran las corridas la forma preferente de celebrar acontecimientos desde la recepción de embajadores, las victorias sobre enemigos, las fiestas religiosas, las bodas y bautizos reales, e incluso el festejo de la obtención del título de doctor.
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Argote de Molina en su famoso tratado de la montería del siglo XVI escribía que “correr y montear toros en coso es costumbre en España de tiempo antiquísimo” . El origen, por lo tanto, es la caza de un animal, digamos en estado semisalvaje o asilvestrado o simplemente excitado que acomete ante la agresión. Igual que se cazaban osos o jabalíes, se cazaban toros constituyendo una actividad reservada exclusivamente a los nobles y descrita, para el caso del vecino Portugal, en tratados de caza. Se producía esta caza en campo abierto a caballo y con lanza para más tarde evolucionar trasladándose la actividad a cosos cerrados. De hecho la primera corrida de la que hablan los cronistas medievales resulta ser una montería. Es el caso del primer espectáculo taurino oicial, esto es, la famosa corrida de 1144 -Alfonso VII de Castilla- en donde se mataron toros, entre otros animales, dentro de una montería. (...) Las escenas taurinas son relativamente frecuentes en el arte medieval sobre todo en las misericordias de las sillerías de los coros de las catedrales – Toledo, Plasencia, Sevilla, Barcelona, Ciudad Rodrigo o León,- pero también hay escenas taurinas en relieves, retablos, ménsulas y artesonados cuyas escenas han provocado estudios muy interesantes (Torres Martínez, 1994) especulándose sobre el origen de las suertes de una corrida actual –con capas o diferentes armas que se asocian a banderillas, varas o la suerte de mancornar-.
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El festejo taurino caballeresco medieval, por lo tanto, podría tener más similitud con una corrida de rejones que con el espectáculo actual, dado que el toreo de a pie no es medieval aun existiendo la figura de los matatoros caso de la famosa corrida de toros auspiciada por Carlos II de Navarra, en el siglo XIV, con dos matatoros, uno cristiano y otro musulmán. Unos personajes por cierto, marginados –cazadores furtivos, carniceros- cuyo oicio se consideraba infamante básicamente por cobrar, según se comprueba en algunas disposiciones como las de Alfonso X. Los lidiadores, por el contrario, son caballeros, y las personas del común actuaban como subalternos rematando el toro lidiado a caballo. Lo propio era la gratuidad caballeresca. (...) El toreo medieval, por otra parte, era un espectáculo complejo y costoso que ponía a prueba la capacidad de los organizadores y que sólo podía producirse oficialmente (...) En el espectáculo también pueden participar otros animales, caso de la leona que describe la Crónica del Condestable Lucas de Iranzo en el reinado de Enrique IV, o los perros contra bueyes– generalmente alanos- que describen los cronistas de los Reyes Católicos. Algunos autores apuntan a que, la utilización de otros animales en la lucha contra toros así como otras prácticas de la tauromaquia –como la suerte de mancornar- fueron usos introducidos por los musulmanes del reino nazarí, algo que difícilmente podría aplicarse para otros países europeos caso de Inglaterra (...) Las corridas eran el medio elegido por parte de las jerarquías sociales el ejercicio de su poder de modo que sus titulares se sirvieron de la popularidad de las fiestas taurinas para demostrar quien tenía el poder a través de la fiesta y de sus numerosos símbolos” .
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A las interesantes palabras de Dolores Carmen Morales y Muñiz querríamos añadir una idea. Como es la de que quizás los musulmanes “inventaron” aquella otra faceta del toreo, con la lucha de fieras, como método de defensa. Al no tener toros salvajes en sus tierras, pero poder traer de África leones y tigres. Pues para ellos sería difícil entrenar -o luchar- con toros, debido a que esta parte Sur de la Península había sido más romanizada; habiéndose desencastado el ganado bravo que antaño poblaba Andalucía. Siendo así, hay que reflexionar sobre en el uso que daban los cristianos a los toros salvajes; que abundaban en la meseta y en otras zonas del Norte, pero de los que en la Edad Media no habría muchos ejemplares en el área meridional (por efecto de la fuerte romanización). Debido a ello, sin toros en el Sur, el único remedio para evitar el ataque de morlacos sería lanzar leones contra las vacadas, para que así unos y otros se enfrentasen. Un método que en la práctica no es eficaz, ya que mientras los toros se pueden guiar con el uso de mansos, por mayorales o con garrochistas. Nadie es capaz de gobernar la voluntad de los felinos; que una vez soltados en el campo de batalla, atacarían por doquier (aunque sobre todo, huirían al verse ensartados y seguidos por los toros). Siendo así, podemos interpretar esa introducción de la “lucha de fieras” aportada por los nazaríes, como un intento de contrarrestar a las hordas cristianas armadas de toros, valiéndose ellos de leones y tigres. Algo que quedaría finalmente en el recuerdo, organizando aquellos combates o cazas, usando felinos.
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(23): "Comentario a las Guerras de las Galias" ( "Bellum Gallicum" traducción directa del latín: José Goya Muniáin y Manuel Balbuena; ORBIS -Madrid 1982-) (VI, 14).
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(24): “Tauromaquia: ¿Religión insólita, mito o superstición?” (PAG 166)
Rafael Carvajal Ramos (MADRID 2010)
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(25): Fernández Truhán citando a Romero de Solis, P. (2000)
ORÍGENES DE LA TAUROMAQUIA
Juan Carlos Fernández Truhán
Universidad Pablo de Olavide
Pag 9
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(26): GONZALO SATONJA "Por los albores del toreo a pie. (Imágenes y textos de los siglos XII-XVII)”.
EVEREST 2012, Madrid
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(27): SEGUIRÁ EXPLICANDO FERNÁNDEZ TRUHÁN LOS NUMEROSOS INTENTOS POR ERRADICAR LA TAUROMAQUIA, CON NORMATIVAS Y LEYES QUE YA DESDE ALFONSO X SE REPITEN, PERO QUE NO LOGRARON TERMINAR CON ELLA. ASÍ NOS DICE ESTE AUTOR:
El espíritu de esta ley antitaurina para alejar a los animales de las ciudades, lo mantendría Alfonso X “el sabio”, al redactar el “Libro de los Concejos de Castilla”,declarado Código General de sus reinos, figurando en el “Fuero Real” (Libro IV, Tit. IV, Ley 20) y en su “Código de las siete partidas” de mediados del siglo XIII, en el que se puede leer (“Partidas”, VII, tit.VI, ley 4): “...lanzó (el rey sabio), la grave acusación de infamia contra todo hombre que lidiase un toro bravo por dinero condenando, a los matatoros a la segregación social y a la persecución por la justicia... reservaba esta lidia de reses bravas a los que la hicieran gratuitamente desde el caballo.” (García-Baquero, Romero de Solís y Vázquez, 1980, 28) (pag 9). /// en la época de Alfonso X, del “Toro Nupcial” que aparece en las miniaturas de las “Cantigas de Santa María” (Códice de El Escorial, T. J. I)) consistente en que durante las fiestas que precedían a la unión de los esposos, se le lanzaban a un toro ensogado los vestidos del esposo y de los amigos, al mismo tiempo que pequeñas saetas, como rito relacionado con la fertilidad del matrimonio. Un ejemplo de esta costumbre lo encontramos también en un bajorrelieve que se encuentra en la sillería del coro de la Catedral de Sevilla, en donde aparece tallada una escena festiva de un toro ensogado. (pag 9). /// Otro de estos ritos es el del “Toro de San Marcos”, en el que un toro bravo se vuelve manso durante el recorrido que realiza acompañando a la procesión de San Marcos; esta tradición se ha seguido realizando en Jaén hasta comienzos del siglo XX y fue muy analizada en los escritos del Padre Feijoó, ensayista de principios del siglo
XVIII. 1 (Idem cita 25; Pag 9)-
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(28): Diodoro (4,18,12)
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(29): GERRAS IBÉRICAS, de APIANO, (Clásicos de Grecia y Roma, Alianza), MADRID 2006 (con introducción y notas de Javier Gómez Espeleosín).
V-AMILKAR
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(30): HISTORIA UNIVERSAL BAJO LA REPUBLICA ROMANA, DE POLIBIO DE MEGALOPOLIS (III, XXVI) -La Tala de la Campania por Aníbal. Estratagema con que engaña a Fabio para salir de esta tierra-.
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